Letra Terca

El “efecto tabule” no llega a Venezuela

En los años 90 se hablaba del “efecto tequila” para aludir a las repercusiones que la crisis económica mexicana tuvo en otros países. Después vino el “efecto samba”, cuando la debacle tuvo epicentro en Brasil, y luego el “efecto tango”, cuando el sismo retumbó desde Argentina.

Para no llamar por su nombre a la crisis del capitalismo global, y más bien atribuir sus síntomas a una momentánea borrachera o a las contorsiones propias de un baile, los laboratorios de la retórica global asociaron las distintas caras del mismo fenómeno a algún elemento típico del país de turno que, como el engripado que estornuda, contagia al pasajero sano que va sentado a su lado. Así, mirando árbol por árbol, el desprevenido repara menos en el bosque.

Algo parecido sucede por estos días, pero en el plano de la política, con la oleada de rebeliones populares en los países árabes, que para sorpresa mundial derribó ya a los gobiernos de Túnez y Egipto, súbitamente descubiertos por la prensa comercial como terribles dictaduras, sólo que aliadas de Washington, y por tanto toleradas, consentidas e invisibilizadas hasta hace nada. La misma ola tiene contra las cuerdas a Muammar Gaddafi, en Libia, estremece a Yemen y Argelia, y deja al descubierto la fragilidad histórica de la acaudalada monarquía de Arabia Saudita, el primer exportador de petróleo del mundo.

TABULE, KIBBE O SHAWARMA

Los intentos porque este “efecto tabule”, “kibbe”, o “shawarma”, como usted prefiera, se apodere de Venezuela no se hicieron esperar. Forzadas comparaciones entre Chávez y Mubarak comenzaron a aflorar entre políticos, comunicadores y analistas. Que el egipcio era la antítesis del venezolano, y principal ficha de EEUU e Israel en el mundo árabe, no pasaba de ser un pequeño detalle que nadie mencionaba. Por eso Carola Chávez, desde El Especulador Precoz, semanario humorístico de Ciudad CCS, dedicó su habitual fotonovela a las gráficas del ex faraón carcajeándose con cada uno de los presidentes yanquis en la Casa Blanca.

La cosa dejó de ser risible cuando las manifestaciones estallaron en Libia. En el imaginario colectivo, Muammar Gaddafi, su líder, continuaba siendo una referencia revolucionaria y antiimperialista, aunque en realidad hace tiempo el hombre había sido domesticado por Occidente. Luego de un bombardeo de EEUU a Trípoli, a mediados de los años 80, del cual resultó muerta una pequeña hija suya, el coronel dejó de promover la revolución mundial y se dedicó a gobernar fronteras adentro con una economía de libre mercado que fue occidentalizando a una parte de su población, sin un desarrollo paralelo de instituciones políticas más allá de las tribus o clanes que ejercen dominio en sus regiones. Ya benigno, Washington lo sacó de la lista de países terroristas.

Si se guardaron las fotos de Mubarak con Obama y sus antecesores, los enemigos mediáticos de Chávez salieron raudos a desempolvar las de éste entregando a Gaddafi una réplica de la espada de Bolívar, durante la visita que el libio realizara a Venezuela en 2009, a propósito de una cumbre entre países de África y América del Sur. En paralelo, el canciller de Inglaterra puso a rodar la especie según la cual el líder árabe huyó de su país rumbo a Venezuela, cosa que si bien fue desmentida en los hechos, dio inicio a una seguidilla de declaraciones con la misma intencionalidad, como la de un ex ministro del interior libio que, al dar la espalda a Gaddafi, le recomendó “irse a Venezuela”. Todo dentro de la misma matriz que busca contagiar del “efecto tabule” a este país caribeño.

REVOLUCIONES TRUNCAS

Luis Bilbao, director de la revista América XXI, que circula encartada en El Correo del Orinoco, opina en su número de marzo que Libia y en grado menor Argelia son blanco de un contraataque de EEUU luego de la sorpresiva caída de sus aliados en Túnez y Egipto.

“No es que en ambos países (Libia y Argelia) falten razones para rebeliones juveniles y populares. De hecho estos regímenes, fundados en durísimas luchas antiimperialistas exitosas, gradualmente fueron integrándose a la lógica mundial del capital. Son revoluciones truncas. Por lo mismo, marcadas por un sistemático alejamiento entre autoridades y masas. El callejón sin salida de una revolución interrumpida da lugar a la gestación de fuerzas políticas disímiles, mediante las cuales se canalizan las necesidades insatisfechas de las mayorías. Buena parte de éstas provienen de capas medias beneficiadas por la deriva procapitalista de estos regímenes, que sin embargo no pueden alcanzar todo lo que reclaman —en materia de consumo, de organización de la sociedad civil y de ideología alineada con el Occidente altamente desarrollado— y son caldo de cultivo para operaciones de infiltración, fragmentación y eventualmente invasión. Y están desde luego las masas trabajadoras y oprimidas, frustradas en sus esperanzas y, a menudo, manipuladas”, escribe Bilbao al denunciar, simultáneamente, el apresto de EEUU para una operación militar con eje en Libia.

Y es que ambas cosas pueden ser cuestionadas en paralelo sin incurrir en contradicción alguna: tanto la maniobra imperial para dividir Libia y apoderarse de su petróleo, la cual incluye el uso de las agencias noticiosas cuales armas de desinformación, como la manera “grotesca” (Ahmadineyad dixit) en que Gaddafi decidió enfrentar el estallido masivo, con una represión igualmente masiva. “Una revolución en marcha tiene el derecho y la obligación de armar al pueblo contra la reacción. Un proceso estancado y en retrogradación, no”, acota Luis Bilbao.

COINCIDENCIA Y ESPECIFICIDADES

Quiso el destino que el conflicto interno en Libia coincidiera con la conmemoración, aquí en Venezuela, de los 22 años del “Caracazo”, cuando el gobierno de CAP ordenó masacrar al pueblo humilde que había salido a comprar sin pagar ante el peso del paquete económico del FMI. Esta coincidencia no sólo ayuda a desnudar la hipocresía de muchos gobiernos, medios y organismos internacionales que se hicieron los locos ante el uso indiscriminado del Ejército y la policía para enfrentar aquella rebelión generalizada, al costo de miles de muertos, y que en nuestro tiempo hacen caso omiso del millón de vidas cobradas por EEUU en Irak, Afganistán y Paquistán y de las atrocidades de Israel contra los palestinos. También sirve esa coincidencia para recordarnos que ningún Estado, cualquiera sea el signo y las banderas de su liderazgo, está autorizado para hacer algo parecido a aquella masacre.

Aquí, por fortuna, tenemos nuestras propias realidades. Nos gusta el tabule, el kibbe y el shawarma, sobre todo el que prepara Fadi en La Carlota, pero nunca tanto como la arepa y el pabellón. Difícilmente las causas de las rebeliones árabes puedan ser trasladables a Venezuela. Y, a pesar de lo que digan sus enemigos, Chávez no es Gaddafi. Podrá haber simpatizado con su figura histórica, e incluso desarrollado amistad con ese icono de las luchas contra el colonialismo, pero sus rasgos políticos y personales, y sus respectivos contextos, son muy distintos. Por ejemplo, la conducta de Chávez en situaciones límite ha sido diametralmente opuesta a la de Gaddafi: tanto el 4 de febrero de 1992 como el 11 de abril de 2002 decidió ir preso antes que cargar con un baño de sangre generalizado en su conciencia. La historia lo ha recompensado por tales decisiones. A Gaddafi, en cambio, ella le pasa facturas que, lamentablemente, está pagando el pueblo libio.

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COTUFAS

CIUDAD CCS AMPLÍA SU TIRAJE Y RADIO DE CIRCULACIÓN

Buena noticia para nuestros lectores: próximamente este periódico ampliará su circulación a 120 mil ejemplares y extenderá su radio de circulación en la Gran Caracas y un poco más allá. Pronto informaremos detalles.

FEBREROS Y ABRILES

Hoy a las 5 pm estaré participando en el Gran foro revolucionario “febreros y abriles”, organizado por un grupo de militantes del PSUV en los altos mirandinos, encabezados por Carlos Díaz Rangel. Tendrá lugar en la sede del Colegio Universitario de Los Teques, calle Alí Primera.

EN MEMORIA DE HEMMY CROES

Un día como hoy, hace 26 años, cayó asesinado por una bala cobarde el dirigente sindical comunista Hemmy Croes, frente a su casa de San Agustín. Ayer, durante el acto por los 80 años del PCV, realizado en su sede histórica de Cantaclaro, el nombre de Hemmy fue voceado junto a los de muchas otras figuras históricas del partido del Gallo Rojo.


Villegasccs@gmail.com



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Ernesto Villegas Poljak

Periodista. Ministro del Poder Popular para la Comunicación e Información.

 @VillegasPoljakE

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