CAP y su epitafio

La noticia por el Internet literalmente vuela, por portales noticiosos y redes sociales, convirtiéndola en fuente fácil para el rumor, muchos venezolanos se levantaron y pudieron leer algunos cables que informaban el deceso de CAP, acostumbrados a la especulación algunos contrastaron fuentes a ver la fiabilidad, aunque CAP ya era una especie de cadáver político en las nuevas generaciones opositoras de la década Chávez; un retiro similar al de Caldera, esporádicamente resucitado por alguna diatriba mediática.

Lo cierto es que, en un país tan polarizado, las muertes de los “políticos” han dejado de ser materia para sepultureros. En casos más agudos del morbo y el espectáculo de la muerte  para la oposición, motivo de placer a través de estos mismos medios electrónicos, donde el anonimato cobarde recrea la muerte en sí, tanto como aquéllos que crean contextos artificiosos, malsanos, dirigidos a destruir la fibra humana.

No hay muertos malos ni buenos, hay simplemente muertos, porque cuando hablamos de lo humano nos referimos al ser. Suponemos que la familia de CAP llora su deceso, el cual  enluta a la Venezuela de la cuarta que aún persiste en el interior y exterior como minoría, pero como CAP no sólo es un muerto, sino parte de una etapa histórica bastante convulsionada. CAP murió en un país para el que trabajó durante su actividad política, por ello no muere desterrado, muere en la tierra de sus patrones, valdría recordar el epígrafe de Huidobro: "Abrid esta tumba: al fondo se ve el mar", ¿realmente merece tanta poesía el legado de CAP?, nada menos metafórico e inenarrable que las atrocidades del Caracazo. Al Marqués de Sade le atribuyen el siguiente Epitafio: "Si no viví más, fue porque no me dio tiempo.". Quizá sería válido a los que no esperan la justicia celestial y, a la inversa, aspiraban su condena en la vida terrenal, como por ejemplo, la condena de Videla hoy en Argentina es un claro ejemplo, a pesar de las presiones de sectores poderosos.

Hecho similar ocurrió en Chile cuando impidieron procesar a Pinochet, aunque, todo lleva al debate sobre si la cárcel para estos casos redime las penas. Al final, CAP seguirá vivo como expresión de la Venezuela de la cuarta, un capítulo de la historia viva, respecto a la cual por Ética en el ejercicio de la docencia, los maestros y maestras de historia debemos revisar, para evitar que, nuevas tragedias parecidas puedan retornar al país, verbigracia, la plaga del entreguismo y las miserias de la corrupción, junto a la agenda de la muerte. A los traidores y criminales no se les puede olvidar, se les debe tener como referencia de un pasado oprobioso, y rastrear en sus nexos con el fascismo del presente que, a decir de Marx, la historia no se repita como Comedia.

Para cerrar, no podemos expresar que descanse, porque es indudable que lo hizo en Miami con mucha tranquilidad, ni desearle Paz, porque su historial se mantendrá vigente, mientras veamos la miseria, su recuerdo y culpas serán inevitables asociación con la descomposición heredada en el país, aunque la historia no la hace un hombre, la muerte de CAP no puede llevarnos al festín sino más bien la reflexión para los venezolanos y de pena para sus allegados.

 jfortique@yahoo.es


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José Fortique


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