La visión de la Guajira como un territorio estratégico por sus potencialidades energéticas y mineras y por su accesibilidad comercial, ha hecho que los intereses transnacionales puestos sobre estos territorios y sus aliados estatales y paraestatales, pongan en una situación vulnerable y de riesgo humanitario a las comunidades que allí habitan y que se identifican en una problemática común de saqueo de riquezas y territorios y de imposición de una cultura hegemónica que se abandera en la exaltación de un discurso desarrollista.
La masacre al pueblo Wayuu, implementada por las AUC, se sigue viendo desde la óptica de las comunidades como un siguiente paso en el esfuerzo continuado de dominación y sometimiento, primero por los conquistadores españoles y luego por las elites republicanas y la iglesia y ahora a través de estos nuevos actores armados, quienes lideran en el país, la imposición de este nuevo y expoliador modelo de desarrollo y control territorial y cultural.
Es una realidad, la resistencia histórica del pueblo guajiro, mas aun cuando se conoce que por encima de las regulaciones escritas del derecho colombiano, que ahora son herramientas que las poblaciones utilizan, en su defensa, existen por encima de ellas sus propios lazos de consanguinidad y sus propias normativas, también es sabido que “la gran mayoría de familias riohacheras y del norte de la Guajira, están en un proceso de coexistencia cultural con la etnia Wayúu que expresa una señal de ambos pueblos por vivir juntos dentro de un proyecto cultural amplio, ya sea desde un proceso de mestizaje y zambaje o desde la influencia que ambos pueblos ejercen entre sí a nivel cultural y que por cierto hoy explica el por qué existen hombres y mujeres de la etnia Wayúu con amplia influencia riohachera o mestizos y riohacheros con amplia influencia Wayúu”.
Aun así y a pesar de la incidencia de estos factores, “los Wayúu , siguen manteniendo una organización social y política propia, un sistema normativo que contempla reglas sociales diferentes a las de la población criolla colombiana, una lengua característica, un patrón de asentamiento territorial específico, unas formas de matrimonio, divorcio, herencia y en general unas formas de filiación propias. Todos estos atributos no solo le dan fuerza a la identidad Wayúu sino que ayudan a construir el referente cultural de una nación lo cual es así hasta mediados del siglo xx”
Es solo hasta bien entrado el siglo xix que los Wayuu, habitantes ancestrales de estos territorios, logran mantenerlos -específicamente los de más al norte-, libres de injerencias militares e institucionales ajenas, pertenecientes a otros grupos humanos como los hispanos de Riohacha, o la evangelización promovida por la iglesia católica o las influencias de colonias extranjeras como los holandeses franceses e ingleses, después vendrían sucesivos intentos integracionistas por parte de los proyectos republicanos.
El aislamiento propio de la Guajira, su distancia frente al resto de la nación colombiana, datan desde la época de la conquista. Para la corona española y los conquistadores, los pobladores de esta región eran vistos como una nación autónoma, relativamente aislada del resto de Colombia, pero comunicada por vía marítima con el Caribe, lo cual le ha garantizado sostener relaciones comerciales con Venezuela, las Antillas Holandesas, centro América y Europa hacia donde exportan dividivi, perlas, palo de Brasil, cebo, cuero, y carne de res, a la vez que importan productos manufacturados para la Nueva Granada.
Sin embargo, es sabido que solo hasta 1971 se establece comunicación por la vía terrestre que conecta a la Guajira con Santa marta y de allí con el resto del país, a partir de lo cual se empieza a generar un flujo creciente de comerciantes específicamente desde Riohacha aunque también desde otras regiones del país, hacia la alta Guajira. Atraídos por el contrabando, estos actores, buscan mantener relaciones cordiales con los indígenas, para acceder a sus costas y, aún, muchos de estos conforman familias mixtas o mestizas. Caso diferente de las relaciones algo hostiles, mantenidas con ganaderos y latifundistas del sur de la Guajira, interesados en ampliar su frontera agrícola en territorio Wayuu.
Luego vendría el narcotráfico, de la mano con la bonanza marimbera constituyendo a la Guajira en un espacio permisivo en cuanto a la normalidad de la presencia de comercios ilegales y aislamiento, Lo anterior da cuenta de la presencia precaria o del abandono de la instituciones estatales y la falta de confianza de la población frente a la legitimidad y a la capacidad mediadora de los conflictos sociales por parte del Estado, basada en la conformación de redes clientelitas, que se lucran en estas actividades, en sincretismo con la cultura comercial y semiilegal de los guajiros
La economía transnacional caracterizada por la movilidad global de capitales, sigue sosteniendo practicas propias de las economías de enclave, que logran insertarse en las regiones para adueñarse de las grandes ganancias derivadas del usufructo de los territorios donde se insertan, monopolizando los negocios de insumos como los alimentos, a la vez que desplazan a los habitantes de sus territorios, eliminan de tajo sus cultivos de pancoger, introducen nuevas pautas de consumo, alterando no solo la seguridad alimentaría de las poblaciones sino que también cambian sus costumbres y tradiciones a medida que la cultura impuesta se convierte en la moneda común.
Los agiotistas y propietarios ponen un muy alto precio a todo lo que controlan, vuelven caros y hacen escasear los productos de la dieta familiar. Al propio tiempo nuevos objetos (para nada necesarios a los pobladores en este contexto) se ponen en circulación, nuevas necesidades están a la orden del día y todos dirigidos al enriquecimiento y el control de los mismos empresarios y de sus subordinados inmediatos sobre la población.
La ausencia de servicios básicos para la población guajira, en especial de la energía, contrasta con la luminosidad imponente del complejo minero del Cerrrejon, un destello que se alcaza a ver a la lejanía desde municipios como el Cabo de la Vela o Urbilla, los cuales como suspendidos en el tiempo se iluminan con velas y lámparas de petróleo, por que hasta ellos no alcanzo el desarrollo, este tan solo un ejemplo de cómo el estado pacta con las multinacionales la inversión de las regalías y que también contrasta con la cobertura enorme que en tiene la compañía minera, como la energía eólica, o las grandes carreteras o vías férrea que atraviesan más de 100 km controladas por el complejo minero, así como la utilización por parte de la Compañía, de las cuencas de agua, a las cuales redireccionan su curso, para contaminar y secar una buena parte de este escaso recurso en la Guajira.
Ninguna legislación ambiental, o sobre derechos colectivos de territorios, ningún alcance jurídico de las normas conquistadas por las luchas centenarias de los movimientos sociales, son importantes para los grupos económicos y sus representantes en el gobierno. El modelo de desarrollo neoliberal tiene como directriz eliminar estos obstáculos y se apresura a ello, dando el camino libre a la perdida de soberanía y de recursos que se fugan de las regiones y del país sin dejar regalías ni beneficios a los pobladores, a los dueños naturales de los territorios a quienes de ninguna manera se consulta para saber el tipo de desarrollo que anhelan.
De pronto, el sol abrasador llena de luz dorada el paisaje y una vegetación verde y abundante se eleva como un oasis en medio del desierto y allá al fondo, atravesada por una carretera se observa el corregimiento de la Cruz en Hato Nuevo; allí también el agua corre rauda por riachuelos en donde la vida silvestre hace aparición, la naturaleza es abundante y generosa, aves de distinto colorido, serpientes, frutos de pancoger, cocos, mango, todo parece adecuado a la expresiva alegría y hospitalidad de los tabaqueños, quienes se trasladaron a este lugar más al norte de Tabaco su territorio original, para ser reubicados, gracias a sus luchas por el reestablecimiento de sus derechos.
En el evento celebrado por la comunidad de Tabaco en el que nos encontrábamos acompañantes del proceso iniciado de restablecimiento de sus derechos, se narra la historia de Tabaco, y el suceso del desalojo, en donde la Fuerza pública actuó en contra de la población, subordinada a los intereses de Intercor, la transnacional a cargo de las exploraciones y explotación minera del carbón en el proyecto del Cerrejón que afecta a gran parte de la Guajira, y que vio en las tierras de Tabaco un potencial para ampliar su mega negocio. Algunas informaciones advierten que de las multimillonarias ganancias de esta empresa hay suficiente para los bolsillos de los representantes de los gobiernos local y nacional, como también para las autoridades judiciales que, de esta manera ejercen prevaricato en contra de los derechos fundamentales de esta población.
No se trata del único caso en la Guajira, en donde los emisarios de la empresa junto con sus guardias de seguridad, “persuaden” con toda suerte de amenazas a la población para adquirir sus territorios y viviendas y presionando, además, la fragmentación de las comunidades que ven vulnerado su derecho a la autonomía. Luego vienen actitudes mucho más amenazantes, extorsiones hasta, finalmente, el día del desalojo en donde los operativos no escatiman recursos, como la presencia militar y policíaca así como tractores y tanques que demuelen sin compasión las moradas familiares en medio de poblaciones que permanecen indefensas, sin posibilidad de salvar sus pertenencias, mientras son arrasadas sus casas, espantados sus animales, golpeados y matados. Esta, es sin duda la forma en que llega el “desarrollo” y sus beneficios a esas poblaciones marginales según los términos en que las elites gubernamentales los concibe.
Los campesinos de Tabaco son principalmente afrodescendientes y mestizos, con amor por su territorio, que han convivido cercanamente con las diferentes etnias guajiras de manera pacifica y solidaria, su desplazamiento ha sido objeto de una mayor unión y comunicación con ellos y entre la propia comunidad de Tabaco. El espacio abierto para la divulgación de los sucesos acaecidos a la población de Tabaco, permitió que personas de otras comunidades vecinas, narraran el drama de sus desplazamientos, de la desaparición y dispersión de sus comunidades, perdida de pertenencias y la condena a no retornar a sus legítimos territorios.
El pueblo de Tabaco ha sentado un precedente histórico de resistencia no solo para las comunidades de la región, que sufren constantemente el drama del desalojo de sus territorios ancestrales y no han recibido hasta hoy ninguna reparación, sino también para el resto de colectividades afectadas local y globalmente por la explotación minera o transnacional en general y sus impactos en la violación de los derechos fundamentales y colectivos.
Aunque el territorio de reubicación aun no esta firmado y no se ha realizado la entrega oficial del nuevo territorio, hay optimismo por parte de los pobladores que a partir de sus difíciles experiencias, creen en la fuerza de su unión y de su cultura y a pesar de que conocen las vicisitudes de su vulnerabilidad frente a los grandes intereses y maquinarias, planifican las estrategias que les permitan su supervivencia y bienestar, la construcción de una escuela de calidad para los habitantes de nuevo Tabaco y sus vecinos, un servicio medico, la iglesia y seguridad para la comercialización de sus cultivos son algunos de los propósitos , para lo cual la comunidad de Tabaco pide la solidaridad y acompañamiento de organizaciones sociales y el cumplimiento de las responsabilidades por parte del Estado.
La presencia de cámaras de video en el momento del atropello y la divulgación de estas imágenes han funcionado como una herramienta de denuncia y de resistencia que tiende a generalizarse en la acción de las colectividades, aunque desafortunadamente no alcanza a ser preventiva, si permite una acción mas eficaz por parte de las comunidades y los movimientos sociales que empiezan a conocer la necesidad de mantener comunicación permanente y de involucrarse entre si en la defensa y conformación de redes locales y globales a partir de la identificación de sus necesidades comunes y un uso del lenguaje relacionado con la producción de conocimiento social contra hegemónico, aplicado y retroalimentado a partir de las experiencias locales y contextuales.
Tal como ocurre con los lideres y población de Tabaco y con representantes de de la etnia Wayuu en el Cabo de la Vela quienes se percibían como personas informadas en el uso de un lenguaje global, en cuanto a la producción de diagnósticos relacionados con su problemática específicamente con la Transnacional Intercor y con consorcios turísticos con quienes se han visto enfrentados.
En estos contextos se plantean también sus propuestas de convivencia y sus coincidencias en la concepciones propias del desarrollo, en las exigencias de participación en las decisiones sobre el territorio y asociación en los procesos de definición y explotación de recursos naturales, bajo los principios de sostenibilidad y protección del medio ambiente y de sostenimiento de sus economías y de las culturas que conviven en esta región, y principalmente el respeto a sus vidas, ya que el fenómeno paramilitar vine incursionando de manera grave la vida de las comunidades, asesinando lideres y menguando la fortaleza de las comunidades.
En una reunión reciente por parte de los cabildos y resguardos del norte del Caribe colombiano se envió un mensaje de urgencia a la sociedad para que se generen acciones de protección a sus vidas y se frene el etnocidio, las atrocidades y los atropellos que no solo en contra de los indígena se vienen cometiendo en esta región, ellos conocen la incidencia de vivir en territorios que son de interés de inversión comercial a gran escala y de las consecuencias negativas de la continuación y profundización de las practicas expoliativas de las transnacionales.
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