Como todo oriental y sobre todo de allá de la Tacarigua de Margarita, en mis tiempos de mozo desarrollé una habilidad inmensa para “quechar” a todo amigo cumpleañero, bachiller reciengraduado y profesional recienempleado, que se atravesara en mi camino. También me coleé muchísimas veces en las fiestas de bautizo tanto de pobres como de ricos; me auto invité para los matrimonios tanto civiles como eclesiásticos; y me dije “aquí estoy si no me han visto” en cuanta pachanga se formaba para celebrar cualquier motivo que yo ni me molestaba en conocer.
En cualquier aniversario de partidos que ya ni recuerdan, en toda romería que ya no se ve y en cada ternera por la visita de un obispo que ya nadie se entera; ahí estaba yo pegado. Ganara quien ganara las elecciones ahí me tenían a mí como un espanto en medio de la celebración comiendo y bebiendo y ya medio sarataco aplaudiendo. ¡Total !, el muerto al hoyo y el vivo al pollo.
Pero lo que no pelaba nunca era un despechado. Esos eran facilitos porque ellos mismos te buscaban en medio de su desgracia para luego, entre trago y pollo asado, babearse ,al tiempo que te repetían una y otra que esa era la mujer de su vida. Yo por supuesto les daba casquillo y “mándale que mándale” hasta que lo llevaba en “golin golin” a su casa para esperarlo al día siguiente y así continuar “ chuqueandome” al “malquerido” de turno hasta que quedara limpio, se le pasara el guayabo o, lo que generalmente ocurría, se reconciliara con la tercia. En ninguno de los casos me mortificaba porque ya vendría por ahí otra victima, que aunque no era muy común, a veces resultaba ser un enamorado de la misma muchacha del anterior, que le estaba haciendo la suplencia como novio y ahora se la quería hacer como despechado.
Les juro que no exagero si les digo que hubo tiempos de bonanza en los que estuve tan cotizado, que me di la cachaza de rechazar clientes aconsejándoles que dejaran el despecho para más tarde mientras yo me desocupaba. En otras ocasiones evaluaba la oportunidad y en vez de recomendar a unos que retrasaran el llantén le aconsejaba a otros que le diéramos corrido a esa pena para ahogarla en buen whisky y atragantarla en sabrosa carne , de forma que me alcanzara el tiempo para despacharlos a todos.
De la misma manera tuve malas rachas que enderezaba convidando a algún paisano que estuviera guindando en cuerda floja y entonces le hablaba como quien ha pasado media vida refocilando con mujeres y entre “Hazte el duro para que ella ablande” y “demuéstrale que el macho eres tu”, el hombre abría el chorro y le dábamos seguido hasta que cerraban el botiquín.
Aunque con el tiempo fui dejando de practicar, aun debo conservar esa habilidad que Dios me dió. De maneras que ya hice los arreglos para tomarme unas vacaciones después de las elecciones y así tener tiempo suficiente para atender a esa turbamulta de despechados que saldrán el día siguiente a buscar quien les preste un hombro para llorar. Y entonces yo los estaré esperando en la bajadita para “bambacharme” toda la bebida y la comida que tienen preparada.
Muchos creerán que tanto perdedor en la calle va a estorbar y no voy a poder torearlos a todos, pero que va patrón. Ya estoy preparado para eso y la táctica va a ser organizarlos en grupos, que de acuerdo a la cantidad, para que me alcance el tiempo, van a tener que ser equipos de mas de 100 cada uno. Tú te imaginas una centena de “bate quebraos” mandando líneas y yo quechándolos a toditos. Apartaré un día completo para celebrar con los vencedores aunque ahí no llevo muchas esperanzas porque los chavistas no son muy manosuelta que digamos.
Salazarfu@pdvsa.com Caracas