Diferencias salariales alimentan la explotación

Utilizando una enorme variedad de sueldos, privilegios, diferenciaciones en los salarios, la clase funcionaria intenta fortalecer aun más la falsa conclusión de que la división de clases pertenece al pasado, y de que está surgiendo una sociedad industrial caracterizada por la producción petrolera sin otro tipo de industria.

El desarrollo del capital revolucionario y el paso general a un socialismo monopolista de Estado, descansa fundamentalmente sobre la coacción centralista económica, no es tan prudente como la revolución exige con esas diferencias salariales de hasta tres ceros, descansa sobre relaciones inmediatas de señorío y vasallaje escondido bajo el velo de dominio de las cosas, de los funcionarios sobre la gente, así, las diferencias salariales se sostienen.

Relaciones de dependencia entrañan relaciones personales de sumisión necesarias para las misiones y empleo público. “Dependencia y diferenciación economica necesaria” bajo el mandato del capital disfrazado en la superficie del proceso como experiencia cotidiana. Enriquecimiento o ruina del pequeño empresario, agricultor, comerciante, no depende del destino del mercado, la mercancía aparece como algo misterioso por la falta de producción, es una especie de poder que ya domina la sociedad por sus clases económicas. El carácter de fetiche de la mercancía, de los alimentos se prolonga con el capitalismo fetichista el cual da la impresión de que el capital poseyese la propiedad maravillosa de asegurar al pueblo altos ingresos sin trabajo, religión de la vida cotidiana.

Todo el proceso lleva un “nebuloso velo místico” como decía Marx, que caricaturiza las relaciones, y de modo espontaneo, esto es, sin influencia exterior, origina ilusiones. Estas ilusiones se aplican a la compra de alimentos, al personal de las misiones y a los funcionarios públicos y sus diferentes niveles de salarios, el colchón de amortiguamiento del proceso, conocido como fuerza de trabajo, concepciones superficiales de una revolución que presenta al pueblo como el autentico edén de la revolución cuyas espinas del jardín son la inflación y el mal manejo económico.

A medida que sube el nivel de vida de la población, la parte reservada a las primeras necesidades vitales disminuye y el de las comodidades se estira, “este mal” detectado por los funcionarios del gobierno es completamente imaginario, la realidad inflacionaria-especulativa impide esos sueños sin que sea un deseo falso.

Pero, la imagen de la política es tan engañosa como el más tendencioso comentario, el pueblo no es por eso menos progresista, lo que pasa es que esta modificado por la nutrición psíquica de una comida ideológica chatarra en el preciso sentido de la palabra que la opone a la vez, a la nutrición material y a la nutrición abstracta. El hartazgo psicológico a través de la política se hace una permanente necesidad, la gente busca hacer que la vida real cotidiana se acople a esta vida por los ojos que se tiene.

¿Sera que se necesita dioses o sabios para sacar adelante un socialismo? Es verdad que el pueblo busca más de lo que da, eso viene como parte de la historia de la humanidad, pero, eso, no hace a una revolución verdaderamente paternal como tampoco verdaderamente divino sino hay sueldos que permitan la igualdad de oportunidad. Cuando son candidatos los presidentes, son sobre todo, sabios de las ciencias políticas y humanas, listos para hacer bien su papel, por lo menos gozan de prestigio porque no han empezado a gobernar, después, casi enseguida, se convierten en tecnócratas demonios ante que en semidioses.

Hay un hecho no tan nuevo, es que el sueño paternalista pueda proyectarse de una manera que Platón, Campanella o Marx, no podían prever sobre la tecnología artificial y personificada. La planificación consiste en producir según las necesidades calculadas para mover el ciclo económico, en donde los humanos no desaparecen ante las computadoras, porque, las computadoras no son corruptas ni burocratizadas ni sectarias, peor egoístas, las computadoras de ser programadas pueden proyectar un socialismo científico y sueldos justos.

En la ex URSS, ante la pesadez del burocratismo ocupada al servicio del proceso, 10 millones de empleos en los distintos escalones, el sueldo, mejor distribuido igual que las tarjetas de alimentación y compras, y el número de trabajadores no dejaba de aumentar, y eso que no se requería un colchón electoral, miles de trabajos temporales para los momentos pico del papeleo dirigista, igual que en los procesos Sudamericanos, sin remediar los escándalos, abusos y mediocridad, asedian históricamente estos hábitos al espíritu revolucionario e impide la transición al socialismo en el siglo XX o XXI.

Desde esa época, los tecnócratas, si por ellos fuera proyectarían ciencia ficción para incrementar sus salarios, los jueces, siempre diferenciados por la aristocracia salarial, la Asamblea, “los padres y madres de la patria”, maquina gigante que preside el gobierno con algunos roles ministeriales en donde se dice como modelo de participación que, el pueblo puede consultarlas, bueno, eso sí es un sueño extremadamente virulento, recordemos un hecho incontestable, la diferencia de sueldos y privilegios los mantienen lejos de una igualdad de oportunidad con el pueblo.

No hay supercerebros ni superhombres, hay supercorruptos en la planificación de la administración pública y de la industria, en los campos en los que es necesario anticiparse a las necesidades siempre latentes de los ciudadanos presentes y futuros, ahí, donde los cálculos deben hacerse sin el sobreprecio efectivo para que el poder popular no sea anónimo.

Estas planificaciones y cálculos de proyectos que la burocracia frena, no están más que hechos por hombres y mujeres con excelentes sueldos para otros hombres y mujeres con sueldo miserables, quienes, por su situación privilegiada, el planificador, supone estar por encima del resto del pueblo, pero, no es más que un hijo…de su madre.

El pueblo para quien la multiplicidad y las relaciones del proceso resultan difíciles de comprender en su totalidad porque el salario no alcanza por la especulación y la inflación, aparece en último plano, como una ruedecita en el engranaje general, de este modo se consigue aumentar su impotencia imaginada frente a los poderes y las relaciones sociales.

50% Que compone la fuerza revolucionaria, de ellos un gran porcentaje sin convicción y sin conocimiento formalizan un contrato de derechos, libres e iguales sostienen, porque la parte económica no les afecta, superan fácilmente los costos extras que produce la misma especulativa inflación. El contrato, es el resultado final con el que se da a sus voluntades, expresión legal de la revolución, igualdad literal, el salario aparece como pago al trabajo y alumbra la ilusión de al trabajo lo pagado, pero donde queda la igualdad salarial, moral de un proceso revolucionario para desaparecer la explotación que la diferenciación de sueldos sostiene.

La desigualdad es una dependencia especializada del capitalismo, se fortalece y hace del proceso un mecanismo de dominio aun más diferenciado y al sistema político de dependencia del poder popular más lejano.

rcpuma061@yahoo.com


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Raúl Crespo


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