La carta i la bitácora

III

Aunque he variado el título de estos artículos, éste es continuación de los dos anteriores titulados  LA CARTA QUE CAMBIARÁ LA HISTORIA I LA BIOTÁCORA DEL BARCO PIRATA. La razón del cambio es para especificar mejor a lo cual voi a referirme, pues cuando uno lee el primer libro de Jorge Mier Hoffman, se da cuenta no solamente de ser una edición especial de lujo i costosa (calidad del papel, portadas, gráficos i fotos a todo color, configuración del libro, etc., el segundo tomo con un CD) sino que en muchas partes tiene amenidad; pero en otras pesado i repetitivo (dudo de los que digan que lo han leído detenidamente), porque los diálogos son exagerados i no corresponden al nivel intelectual de la persona que habla, como sucede con José Palacios –el cuenta-cuentos de Barranquilla− que, siendo un analfabeto, insistiendo en que no sabía leer ni escribir, i tiene que informarse de cosas, por la lectura que le hacen los amigos de pueblo (que también hablan como profesionales de la información i de la historia)  de las carteleras del Cabildo;  este personaje popular va narrando en cada ocasión la historia que conocemos i que expresa que sin lugar a dudas que Bolívar murió gravemente enfermo en San Pedro Alejandrino el 17 de diciembre de 1830.  Esta particularidad notable se hace más cardinal o llamativa, cuando ya está viejo, i en la etapa que se califica de anciananidad, ya muerto su amo el Libertador, Palacios, vuelto un borracho, mendigando i durmiendo en las calles o rincones que le ceden, habla con una precisión de los hechos que cuenta, como si fuese una grabadora o leyera un diario personal, exponiendo nombres, fechas, cita documentos o resoluciones, con una memoria más que prodigiosa, lo que no es sino la palabra del que escribe el libro, intercalando datos i menudencias que “redondeen” su tesis del asesinato o fusilamiento de Simón Bolívar; además los personajes que dialogan, aparecen repentinamente, etc., lo que me llevó a decir que, uniendo diálogos i narración, aquello no es historia sino una novela, sin querer ofender en absolutamente al autor, a quien había conocido antes de que ese día de la conferencia, cuando me lo presentaron, por sus escritos en Internet (Aporrea, etc.) siempre serios i de valor. Cuando se lee, por ejemplo, la vez que Bolívar i su tropa son perseguidos por los realista, con sabuesos que olfateaban las ropas, i tiene que internarse en el monte i es una laguna en las márgenes del Orinoco (Casacoima), es una narración mui larga, con detalles que parece hubiese estado con cámara i grabadora a mano, hablando de la corriente del río, los ojos de los caimanes, las pirañas buscando olor a sangre, la angustia i desesperación de todos, i el asombro de ver a Bolívar al sacar una de las veces la cabeza del agua, escuchar una arenga o pequeño discurso de proyección al futuro, que parece lo hubiese escrito i corregido en un escritorio, pero que trata de palabras incoherentes.  Con razón decían quienes le acompañaban que, ¡Bolívar está loco, o se volvió loco! Eso es pura imaginación, con aspectos no mui lógicos.

 De este modo va intercalando muchas cosas, como lo referente al atentado del 25 de septiembre en Bogotá, las traiciones, las muertes, la actuación de Manuelita, etc. I sobre todo de Santander i los suyos. Todo mui apegado a lo que conocemos por los historiadores i biógrafos, pero expuesto en diálogos en la memoria de Palacios, a punto de exponer el acta de traspaso de una casa que habían regalado al Libertador, al señor José Ignacio París. Encontramos también que en esas conversaciones con amigos del pueblo narra el fracaso del atentado del 25 de septiembre, como si fuese un libro de historia, con lujo de detalles.  Cómo el indultado se va al exilio primero a Europa i luego a los Estados Unidos, después que Urdaneta dejara libre a Santander a quien iba a fusilar, gracias al indulto concedido por el Libertador; sabe también con fecha precisa, cuando regresa unos cuatro años después a Colombia i cómo Santander se va de Cartagena a Santa Marta, a pisotear la tumba de su rival Bolívar, a llenarlo de insultos después de muerto i desearle esté hundido en el infierno. ¿Cómo hizo eso si como conspirador sabía que Bolívar no murió en Santa Marta? i le debieron decir alguno de los cientos de conspiradores i traidores que del barco “Manuel” no bajó el Libertador sino un doble posiblemente muí parecido a Bolívar, para que Revered (cómplice de los principales junto con Don Joaquín de Mier) le tratara como paciente, le pusiera sinapismos o cataplasmas de arsenicales i le hiciese la autopsia (necropsia es lo correcto). ¿Sería así que sucedió i no sabemos si el Libertador fue a dar al estómago de los tiburones en el mar Caribe, o lo fusilaron en un paraje selvático que, creo le oí decir a Mier Hoffman, él trato de ubicar en la selva?

 Esto me recuerda (la actitud de interpolar, intercalar o deslizar menudencias a favor) a lo que sucede con el libro que más ha tardado de escribirse en el mundo: la Biblia. Por lo menos 1.600 años, i sin posibilidad de contar o conocer  los autores durante siglos. Tiene incoherencias, errores, fallas lógicas graves, sin conexiones con otras historias del mundo (especialmente con Claudio Josefo) falsedades a granel i suma o antología de disparates, porque en siglos i autores dispersos i mentalidades distintas sin conexión alguna, no puede haber unidad, más con los fanáticos Concilios que la influyeron. Por eso los Evangelios no son documentos históricos i nada de eso es palabra de Dios, sino inventos de una iglesia que se fundó u organizó como secta, 4 siglos después de Cristo. La principal mentira empieza con aquello de: “Tú eres Pedro, i sobre esta primera piedra edificaré mi iglesia”, porque no fundó nada ni Pedro (Santiago) fue el Primer Papa. I esto puede suceder en pequeño. Escribo un libro sobre por qué, Carlota  Corday mató a Marat, (con esa bellísima obra de Michelena como ilustración i la de Louis David, de Marat apuñalado en la bañera mientras escribía) i en diálogos de personajes hasta ficticios, pongo detalles que corroboren cualquier tesis; que Marat, por ejemplo, la había violado, encima de la disparidad de ideas políticas entre ambos. Por esto, no creo que voi a cambiar lo esencial i verdadero de la Revolución Francesa en lo histórico, i por eso no creo que una carta a Fanny Du Villars al final de la vida de Bolívar, vaya a cambiar la historia, a pesar de que no sea apócrifa que, personalmente no me convence la tesis de Lecuna de decir que ese no era e estilo de Bolívar. Con los años i con las terribles angustias, los sentimientos de ternura i amor, se acentúan sin lugar a dudas. Ya había mostrado un estilo literario, casi de prosa poética, en Mi Delirio sobre el Chimborazo, i conocimientos de crítica literaria, en el juicio crítico al poema de Olmedo.

 Esa carta, personalmente, me parece mui bella i bien pudo escribirla el Libertador, i la historia de su hallazgo por el gobernador Luciano Mendible Camejo i su aparición años después, el 23 de abril de 1925, publicada en un diario de Barranquilla, me parece ciertamente posible, así como el egoísmo de Lecuna i otros que le han respaldado es también posible. Se ha certificado que la firma es la de Bolívar, pero se niega que el contenido de la carta le pertenezca,  lo que resulta curioso. Sin embargo, el “dato” o la insinuación de que allí había un mensaje o mensajes alertando al mundo (porque la carta iba para Europa) de lo que le sucedía a un secuestrado que iba a ser ajusticiado, así como las claves masónicas, me parece pura imaginación.

 En cuanto a que Lecuna i otros se hayan tomado para sí la intelectualidad de Simón Bolívar, es mui cierto. Lecuna i Boulton por tener posibilidades económicas, se hicieron comerciantes de reliquias, antigüedades, documentos, cartas, etc., i se convirtieron en “autoridades”, aunque no se puede negar que fueron serios investigadores i escritores de la vida i obra del Libertador. I eso mismo,  lo he observado yo, en el caso Reverón, con el médico i ex ministro Mayz León, Alfredo Boulton i un psiquiatra i abogado según creo, de apellido Báez Finol, que se aprovecharon de la vejez i enfermedad mental de Armando Reverón, para posesionarse de su obra, sus bienes artísticos ( así como muchos coleccionistas de la sociedad caraqueña) i hacerle una fama que valoró los objetos i cuadros (algunos mui deteriorados) dándole  fama internacional, hasta presentarlo como el ícono de los pintores venezolanos i del  Día Nacional del Artista Plástico. Mientras que su compañera Juanita murió como insolvente en un hospital de Caracas, olvidada de todos. El mismo Reverón murió pobre, como paciente insolvente.

 Esa carta que muchos venezolanos deben conocer, no creo que cambie la historia que conocemos de la evolución de la enfermedad de Simón Bolívar, asentado su proceso crónico en las mismas cartas oficialmente admitidas en los archivos bolivarianos i que en un pequeño libro, el Dr. Oscar Beujon, tomando las referencia a su enfermedad, en una serie de Cartas del Libertador, especialmente desde el caso de Pativilca  (una insolación después de tres días en un desierto de arena de playa, desde Lima hasta ese poblado en el norte del Perú, complicada con otras dolencias) hasta las últimas en 1830, nos aseguran que el Libertador murió enfermo, (aunque jamás de “tuberculosis súbita”) pero si tuberculosis pulmonar, i que aconteció en San Pedro Alejandrino, en Santa Marta, Colombia. Además, las mudanzas o traslados de la urna, no son violaciones o profanaciones; llegó a Caracas, se le hicieron unos dos o tres traslados más, i está en el Panteón Nacional enaltecido por la monumental obra escultórica de Tanderini. De lo relativo al Cráneo del Libertador del Dr. José “Pepe” Izquierdo, escribí en otra ocasión, cuando usaba máquina de escribir  simple i después eléctrica, i el texto debe estar entre las numerosas carpetas de artículos que tengo en mis archivos; empero, es un libro pequeño, de apenas 62 páginas, por lo que puedo volver a él. De todos modos adelanto que, si el cráneo aserrado que se encontró en la Catedral (presumible una necropsia cuando no se hacían en el país)  i se guardó en un cofre protegido, es el de Bolívar como afirma el anatomista, lo primero que deberían hacer antes de abrir el sarcófago en el Panteón, sería investigar el ADN de este cráneo en la Catedral de Caracas. I digo esto porque según parece, el problema va a ser tratado en la Asamblea Nacional i se piensa abrir el nicho del Panteón Nacional. No creo que ninguno se haya echado a leer los libros de Mier Hoffman, quien ya anunció una tercera entrega, o sea un tercer tomo, de lo tanto que ha motivado una carta de amor i unas líneas en cuaderno de Bitácora, cuando le adjudica un valor extraordinario para cambiar la historia.

 (Continuará)

robertojjm@hotmail.com

 



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Roberto Jiménez Maggiolo


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