Espina en la garganta de Trump

El gobierno constitucional y legítimo de Venezuela presidido por
Nicolás Maduro ha logrado sobrevivir una descomunal guerra de cuarta
generación que incluye, de manera simultánea, guerra sicológica,
económica, financiera y cibernética, articuladas con campañas de
propaganda encabezadas por las siete grandes corporaciones de la
comunicación que controlan más de 70 % de los medios de difusión
masiva en el mundo. Todas concertadas en beneficio de una sola
ideología global, actuando como verdaderos policías de una dictadura
del pensamiento neoliberal único.

Nadie lo duda, Maduro ha sido el mandatario más acosado y ofendido en
la historia de Venezuela.

Blanco obsesivo de los ataques de Washington, la ultraderecha
internacional y la oposición interna, ha sido el proyecto político
bolivariano, que considera al pueblo depositario del poder
constituyente originario y que ha sido activado como tal en la
Asamblea Nacional Constituyente el 30 de julio de 2017.

Aseguran los expertos que la purga del estratega del entorno de Trump,
Steve Bannon, por una troika de generales (James "Perro loco" Mattis,
secretario de Defensa; Herbert R. McMaster, consejero de Seguridad
Nacional, y John Kelly, jefe de gabinete), que se apoderó de la Casa
Blanca, es augurio de que la guerra no convencional y asimétrica
contra Caracas podría escalar a una nueva fase bélica.

De hecho, en el marco de una guerra irregular o híbrida, está teniendo
lugar una brutal ofensiva bélica que utiliza tecnologías de última
generación y una élite de expertos en temas de guerra electrónica,
realidad virtual y propaganda seudodemocrática.

A ello se suma la guerra política en la OEA con la declarada
complicidad de su secretario general Luis Almagro y el apoyo de los 12
países del llamado Grupo de Lima.

Se trata de una guerra en la que, valiéndose de los recursos
concertados de veinte trasnacionales de los rubros alimentario y
farmacéutico, mediante el acaparamiento y el desabastecimiento, la
manipulación del tipo de cambio en la economía y de los mercados
ilegales y de riesgo –utilizan plataformas sociales como Facebook,
Twitter, WhatsApp, Youtube, Instagram y las de grandes corporaciones
como Time Warner, General Electric, News Corporation, Sony Pictures,
Walt Disney Co., CBS Corporation y Bertelsmann que controlan el 70% de
la superestructura cultural integrada por televisoras, radios, medios
impresos y las web noticiosas privadas.

A la posesión de esta enorme armada, obedecería, según el analista
uruguayo Carlos Fazio, el discurso descarnadamente imperialista y
maniqueísta de Donald Trump en Naciones Unidas en el que, manipulando
engañosamente un contradictorio concepto de soberanía, situó a Irán,
Corea del Norte, Cuba y Venezuela en un renovado eje del mal,
maquillando las aristas más agresivas del enfoque militar de guerras
múltiples y políticas de cambio de régimen de las administraciones
Clinton, Bush y Obama, ahora bajo la doctrina del "perro loco" Mattis.

Trump dijo, más recientemente aún, que prepara nuevas acciones contra
la "dictadura socialista de Maduro", impuso sanciones financieras
contra Venezuela, y en agosto pasado no descartó la opción militar. En
una cena con algunos gobernantes de América Latina, Trump adelantó
algunos aspectos de la estrategia militar diseñada por quienes
coloquialmente llama "mis generales", consistente en una nueva
ofensiva desestabilizadora encubierta que facilite una intervención
humanitaria.

Los ataques de la reacción venezolana no prosperaron, escribe Facio,
porque con astucia, coraje y decisión, gran habilidad táctica y
estratégica, y un acertado manejo de la información de inteligencia y
de las nuevas tecnologías de la comunicación, Maduro y su equipo
gubernamental han logrado abortar varias intentonas golpistas,
guarimbas, maniobras para socavar la lealtad del alto mando militar,
guerra económica y planes desestabilizadores urdidos en laboratorios
especializados del Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia
(CIA).

Pero la derrota de Estados Unidos y sus aliados en la etapa ha sido
posible porque, a diferencia de las instituciones castrenses de los
otros países del área (exceptuando a Cuba), concebidas como fuerzas
para la dominación sub-imperialista, Venezuela cuenta con un Comando
Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana
(Ceofanb), que desde hace doce años tiene una estructura y una
doctrina antiimperialista, antioligárquica, humanista e
integracionista latinoamericana derivada del genio y la visión
geopolítica del comandante Hugo Chávez, que en 2004 definió una nueva
estrategia castrense basada en la construcción de una unión
cívico-militar que tiene como una de sus premisas fundamentales la
participación activa del pueblo en las tareas de la defensa integral
de la nación.



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Manuel Yepe


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