¡Mátenlos a todos! Ataque aéreo norteamericano contra hospital afgano

El mortífero ataque aéreo norteamericano contra un hospital afgano ha sido minimizado por Washington como un "trágico error" cometido en medio de la "niebla de la guerra."

Pero documentación recientemente conocida sobre la política secreta del Pentágono sobre asesinatos vía aviones no tripulados, revela el cálculo a sangre fría de "matarlos a todos" dentro de una zona determinada de ataque, aunque esta resulte en un 90 por ciento en "daños colaterales" de "blancos no programados."

El ataque aéreo norteamericano contra el hospital de Kunduz aparentemente no involucró a aviones no tripulados –este ataque fue realizado por un avión de guerra. No obstante, la misma mentalidad de eliminar completamente a los no combatientes para "acabar" con un blanco programado pareciera que fue el enfoque.

El director del hospital de caridad que fue atacado por el avión de guerra norteamericano ha dicho que el ataque fue una "masacre premeditada" y constituye un crimen de guerra. La línea oficial de Washington es que el ataque contra el hospital fue un "error" y que la muerte de civiles fue un trágico caso de "daños colaterales".

En todo caso la evidencia apunta hacia un intento deliberado de las fuerzas de Estados Unidos de eliminar blancos sospechosos dentro de la instalación hospitalaria –aunque eso significara matar a todos dentro del hospital, incluyendo los pacientes civiles y al personal médico.

Meinie Nicolai, presidente de Doctores Sin Fronteras, DSF declaró que las instalaciones cerca de Kunduz en el norte de Afganistán fueron atacadas "con intención deliberada" por las fuerzas norteamericanas. El bombardeo y el ametrallamiento con un cañón pesado del hospital el día 3 del corriente por un avión de guerra norteamericano, AC-130 dio como resultado 22 muertos y decenas de heridos graves. Hubo tres niños entre las bajas. La Unidad de Cuidados Intensivos, UCI pareció ser el centro del ataque, otras edificaciones del complejo sufrieron daños menores.

A los militares norteamericanos y sus aliados afganos de la coalición, se les entregó claras coordenadas GPS sobre el hospital, la única instalación importante dentro y alrededor de la remota ciudad de Kunduz.

Las últimas coordenadas del hospital fueron entregadas el 29 de septiembre pasado –un día antes del ataque—según los doctores. Incluso en momentos en que el ataque se estaba llevando a cabo, el personal del hospital realizó frenéticos llamados telefónicos a las fuerzas norteamericanas alertándolas acerca del "error", pero el bombardeo y ametrallamiento continuó por menos por unos treinta minutos.

El hospital también es conocido por su denominación en francés Medecins Sans Frontieres, MSF que está solicitando una investigación internacional independiente sobre el incidente –una de las peores pérdidas civiles en un incidente causado por la guerra de 14 años en Afganistán encabezada por Estados Unidos. Washington se negó a acceder a la solicitud de una investigación independiente, diciendo que su Departamento de Estado está realizando su propia investigación en torno a lo que sucedió.

La credibilidad del Pentágono para salir limpio del caso fue socavada esta semana luego que un tanque norteamericano se introdujo entre los escombros del carbonizado hospital. MSF acusó a los militares norteamericanos de intentar "destruir evidencias" en el sitio.

¿Qué estaban buscando los militares norteamericanos cuando violaron –por segunda vez—el recinto del hospital? ¿Podrían haber estado tratando de recuperar el cuerpo de un operativo Talibán paquistaní, que según ellos se escondía en el hospital? Se informó que el paquistaní actuaba como agente de inteligencia ayudando a coordinar a los insurgentes paquistaníes que luchan contra las fuerzas afgano-norteamericanas.

Representantes de MSF y su personal local han negado enfáticamente que las instalaciones del hospital hayan estado siendo utilizadas por combatientes talibanes. Los médicos y un guardia de seguridad señalaron que en la noche del ataque no había combates en la vecindad del complejo hospitalario. MSF también de manera categórica refutó las acusaciones iniciales en el sentido que militantes talibanes estaban utilizando las instalaciones del hospital para lanzar ataques contra las fuerzas afganas y norteamericanas. La institución de asistencia médica internacional también confirmó que nadie del personal del hospital de Kunduz era de origen paquistaní.

No obstante, el MSF sostuvo que este, su hospital –como también todas sus instalaciones internacionales—mantienen una política de atender a combatientes no armados como también a civiles. Señaló también el MSF que bajo el derecho internacional todo individuo tiene derecho a tratamiento médico, incluyendo los combatientes. El hospital de Kunduz mantenía una estricta política de asegurar que los pacientes fueran ingresados a condición que estuvieron desarmados y que ningún armamento que pudiera estar en posesión de combatientes heridos fuera ingresado al hospital.

Una nota de la Associated Press esta semana señaló que el hospital de Kunduz estaba siendo vigilado por la inteligencia militar norteamericana durante los días previos al ataque. El incidente ocurrió solo una semana antes que el Taliban lograra una espectacular victoria militar al tomar la ciudad –lo cual se consideró un enorme golpe propagandístico contra las fuerzas afganas encabezadas por Estados Unidos.

Si los militares norteamericanos creían que combatientes talibanes o el supuesto agente paquistaní estaban siendo atendidos en el hospital del MSF entonces la decisión de lanzar un ataque contra las instalaciones pudo haberse tomado con el objeto de eliminar el blanco al margen de las bajas civiles.

Semejante escenario contradice la declaración del general John F. Campbell, comandante de las fuerzas militares de Estados Unidos en Afganistán, quién sostuvo que el ataque fue un error y que sus fuerzas "jamás deliberadamente atacarían una instalación civil."

La declaración oficial de Washington sobre el incidente, ha dado una sospechosa voltereta. Al comienzo, Estados Unidos alegó que no tenía conocimiento que la instalación en cuestión era un hospital, luego la cambió y dijo que sus fuerzas en el terreno estaban siendo atacadas por militantes talibanes en las cercanías, por lo cual un avión de ataque artillado AC-130 fue enviado a intervenir. Tal versión de los hechos ha sido sólidamente contradicha por el personal del hospital que señala que no había acciones militantes en las cercanías del área esa noche. Más aun, los médicos del MSF sostienen que al avión de guerra realizó varias pasadas de ataque sobre el hospital antes de finalmente utilizar su mortífero poder de fuego.

En un problema separado pero pertinente de la política militar de Estados Unidos, había un informe de fecha 16 de octubre en The Intercept en torno al uso secreto de ataques asesinos mediante el uso de aviones no tripulados. La información proveniente de una filtración de profundo conocimiento sobre las operaciones de aviones no tripulados del Pentágono en Afganistán, Somalia y Yemen. Estas operaciones fueron supervisadas por el más alto nivel del gobierno norteamericano, con el presidente Barack Obama como la última autoridad para autorizar los asesinatos.

En relación con la masacre de Kunduz existe la política de "encontrar, fijar y aniquilar" que es empleada por Washington en su "complejo asesino" mediante aviones no tripulados.

Bajo el titular "Los Ataques a Menudo Matan a Muchos Más que el Blanco Programado" el informe de The Intercept señala lo siguiente de su fuente infiltrada: "La Casa Blanca y el Pentágono se pavonean que el esquema del programa de asesinatos es muy preciso y que las muertes de civiles son mínimas. No obstante, la documentación que detalla la campaña de operaciones especiales en el noreste de Afganistán, "Operación Provecho", demuestra que entre el mes de enero del 2012 y febrero del 2013 los ataques aéreos de operaciones especiales han matado a más de 200 personas. De estas, solo 35 eran blancos programados. Durante un período de cinco meses de operación, según la documentación, cerca del 90 por ciento de las personas asesinadas mediante ataques aéreos no eran blancos programados".

En otras palabras, Washington –los jefes de la Casa Blanca y el Pentágono—están empleando la política del "Mátenlos a Todos" a través de la cual el alto nivel de bajas civiles se considera aceptable con el propósito de neutralizar a un solo sospechoso de ser combatiente.

Se informó que el ataque al hospital de Kunduz fue llevado a cabo por un avión artillado AC-130 armado con misiles y ametralladoras tipo Gatling, lo suficientemente pesadas para atravesar las paredes de ladrillos. Los aviones no tripulados no fueron utilizados, pero la operación fue monitoreada en la misma área al noreste de Afganistán donde Estados Unidos utiliza aviones no tripulados dentro de su política de "Mátenlos a Todos."

El general norteamericano, John F. Campbell reconoció que el ataque al hospital de Kunduz fue sancionado "dentro de la cadena de mando norteamericana."

La dura conclusión es que el hospital de Kunduz fue bombardeado y ametrallado por fuerzas de Estados Unidos con el objeto de liquidar a un militante sospechoso dentro de la instalación, con conocimiento concreto que civiles también morirían durante la operación. Esto coloca a primera vista el crimen de guerra cometido en Kunduz en un contexto mucho más grave que alcanza al más alto nivel de culpabilidad.

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Traducción desde el inglés por Sergio R. Anacona



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Finian Cunningham

Analista internacional


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