Los límites de la guerra imperial

La guerra, como toda actividad humana, no puede escapar de la obsolecencia, desadaptación y agotamiento en el proceso histórico, por lo que los pueblos y Estados involucrados en el ejercicio de esta destructiva actividad, necesitan sostener un proceso de estudio, revisión y cambio de sus estrategias y tácticas que respondan a los cambios que se vienen produciendo en el mundo científico-técnico relacionado con la acción militar, en los sistemas de armas que pretenden garantizar la superioridad ofensiva o la elevada capacidad defensiva frente a un potencial agresor, a los cambios en el terreno objeto de la confrontación armada, de la naturaleza política, económica, territorial o de otra índole que motiva el conflicto e incluso, a los objetivos militares y políticos que se pretendan.

En la medida en que el desarrollo de los medios de guerra han pasado del primitivo uso de las armas de corte y golpeo a las holocaústicas armas nucleares y las más recientes, armas electrónicas; las distancias entre los posibles participantes en conflictos armados se hace insuperable, dejando a un grupo reducido de países en capacidad de intervenir en la escena internacional con su propios medios armamentista e imponer sus posiciones o disuadir a un rival de pretender imponer unilateralmente y con la amenaza del uso de la fuerza, sus propios intereses, sea en la relación bilateral o regional o a escala mundial.

Sin embargo, con todo lo irracional y demencial que significa la guerra moderna, la disposición de medios de guerra altamente destructivo no es suficiente para determinar su uso, por cuanto existen diversos condicionantes culturales, sociales, políticos, económicos ambientales y, por supuesto, humanos, que no pueden dejar de considerarse a la hora del uso de medios altamente destructivos. Por ejemplo; hoy existe una creciente conciencia civilizatoria en la Humanidad contraria a la guerra que reduce cada vez más la decisión de los hombres jóvenes de incorporarse voluntariamente e incluso, forzadamente, a las fuerzas militares de sus países, lo que hace de estas instituciones espacios de captación de aquellos nacionales o extranjeros que por inclinación personal o como medio de sobrevivencia económica o profesional, se ven inclinados a ingresar a la milicia y, en el caso de la economía, es de tal suerte costosa la tecnología militar, su producción y mantenimiento y el financiamiento de ejércitos permanente que, en las actuales condiciones de crisis sistémicas de los países del centro capitalista mundial, incluido los Estados Unidos, toda guerra supone un retroceso en sus tímidos avances en la superación temporal de su profunda crisis.

De allí que la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, que, con la más moderna maquinaria de guerra y una alianza política y militar de 28 países no ha sido capaz de derrotar en 13 años a un ejército de famélicos combatientes talibanes de Kaláshnikov, RPG7 y pictkup Mitsubishi, que luego de perder seis mil hombres y tener decenas de miles de heridos en Irak se vieron obligados a retirarse de su territorio, que fueron avergonzados por la Federación Rusa en el conflicto por la hegemonía en Ucrania y, para colmo, acaban de ser abiertamente desafiados por un ejército irregular de sus antiguos aliadosterroristas yihadistas en los conflictos de Siria e Irak; necesita con urgencia modificar escenarios de guerra, modernizar sus sistemas de armas, reestructuras, redesplegar, rearmar y reentrenar sus unidades de combate, utilizar pie de fuerza asalariada y mercenarias y sobre todo, modificar radicalmente sus tácticas y estrategias militares, por cuanto, los hechos políticos y militares actuales demuestran que no son suficientes para dominar el mundo, toda vez que sea ha planetizado el escenario de confrontación con la incorporación de potencias medias y el yihadismo global y la multiplicación de conflictos intranacionales en Africa y los medios de guerra actuales sirven para destruir pero son ineficientes para el control de territorio y dominio de población y medios económicos y ambientales de sobrevivencia; objetivos fundamentales de toda acción militar estratégica.

De allí que casi sin rubor, el derrotado Comandante en Jefe del de las Fuerzas Armadas y Jefe del sistema de inteligencia de los Estados Unidos, Barak Obama, ha tenido que responder al desafío militar de Rusia en Crimea y Ucrania con contención y limitadas sanciones económicas y renuncia explicita a un enfrentamiento armado y, en el caso de sus antiguos aliados terroristas del Estado Islámico de Irak y el Levante en Siria e Irak, solo pudo anuncia una escuálida alianza el uso intensivo del ataque con su plataforma aérea y misilística de alto nivel destructivo, en una nueva versión de la estrategia de agresión utilizada por la OTAN para destruir a Libia e imponer la división y la anarquía en su territorio con el fin de apoderarse de sus pozos petroleros, pero cuyos resultados serán muy limitados por la naturaleza móvil de tales fuerzas y su organización en pequeñas unidades.

Por lo demás, no es aventurado vaticinar que con las actuales tensiones y conflictos armados intra-estatales y regionales en zonas sensibles del planeta y las provocadora actitud de USA y sus aliados de la OTAN contra China y la Federación Rusa, en medio de la persistentes crisis sistémica del Capitalismo, la guerras imperialistas por el dominio de energía, materias primas y mercados terminen por arrastrar al planeta a una Guerra Global, de “todos contra todos”, que reconfigure el mapa geopolítico mundial bajo bases distintas a las diseñadas por Stalin, Churchill, De Gaulle y Eisenhower en Posdam y Breton Wood, si es que sobrevivimos.


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Yoel Pérez Marcano


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