Conozcamos sobre Transferencias bancarias y Repatriaciones

Enseñemos sobre El valor del Oro

Sobre la “repatriación” del oro venezolano se ha armado todo un “arroz con mango”, una comida que viene a caracterizar muy bien nuestro propio grado de claridad sobre asuntos de  tanta trascendencia e importancia económica, en estos cruciales momentos de comunes convulsiones sociales y mundiales.

Ocurre que mal puede hablarse de nacionalizar lo que ya sea de la nación; no se puede repatriar  lo que ya es de la patria, como tan disparatado resulta venezolanizar lo que a Venezuela ya pertenece. El  concepto mismo de “repatriar” es un pleonasmo de mal gusto, rayano en la vulgaridad, aunque aparezca en la realísima academia burguesa española.

Patria, por lo demás, es una abstracción atávica que, si a ver vamos, choca y contradice abiertamente contra toda idea de universalidad socialista. Da pena ajena enjuagarse la boca diciendo que somos socialistas si en paralelo ensalzamos la idea de patria, grande, mediana o pequeña, y peor aún, de “repatriación”.

Curiosamente, es el carácter apátrida, su apatridad, la que  caracteriza al sistema capitalista, como un salto social hacia adelante (nada que ver con “pa’lante”)  que dio la burguesía siglos atrás. Es esa apatridad lo que nos ha permitido concebir la idea de una sociedad de iguales, sin fronteras, sin barreras de ninguna índole,  salvo las aplicaciones tecnocientíficas que obviamente se nos presentan y presentarán siempre como combinadas y desiguales según la mayor, mediana o menor participación en el PTB de sus trabajadores. Sólo el proyectado Comunismo saltaría todas las diferencias concebidas hasta ahora.

Repatriación sólo  se aplicaría cuando yo diga, por ejemplo: El gobierno repatría el oro saqueado por España, Irak repatría sus obras de arte y las invalorables antigüedades saqueadas por EE UU, hace poquitos años. Egipto repatría sus antigüedades saqueadas por Napoleón Bonaparte, exhibidas hoy en famosos museos burgueses   e inventarios de anticuarios de conocida intencionalidad lucrativa .

El  oro “venezolano” que está fuera del país- a nombre de Venezuela, y debidamente registrado como tal- no es repatriable. Lo que cabría sería la palabra depositar en otro banco o transferirlo a otra depositaria, connotaciones contables de elemental y popular uso. Pero, además, como dije antes, el oro, ni el petróleo ni el mineral de hierro ni ningún otro recurso  natural es susceptible  de ser “producido”, en el duro concepto de la palabra, cuando lo que con ellos se hace es recogerlos, pescarlos, cazarlos. Que la pesca se haya ido desarrollando, eso es otra cosa.

Repatriar aplicado al oro legalmente depositado en cualquier banco extranjero, o producción aplicada al oro, son términos y expresiones nada profesionales, pero sí nos lucen muy cargadas de demagogia electoral que en nada superan  al viejo vocabulario adecopeyano de la IV, contra el cual el chavismo muy curiosamente despotrica, aunque lo aplica.

Sabemos que este gobierno, y el Presidente en lo personal, duda y pone objeciones a  la profesionalidad de quienes no  calcen botas negras o blancas, o pertenezcan a su entorno confiable e incondicional, y  sus muy y respetables buenas razones   tendrá porque la experiencia de los tecnócratas   de Pdvsa de alto rango gerencial dejaron mucho que desear en lo “patriótico”, en lo político, aunque reunieron  una innegable capacidad profesional, pero eso no desvirtúa la profesionalidad de quien la ejerza con la propiedad del caso. 

Mal puédese estar desaprobando la reubicación financiera  de  los lingotes a Venezuela de donde no debieron salir jamás, como no debería “salir” petróleo a futuro para que los vivianes  intermediarios, ajenos a esta “patria”,  negocien con   un petróleo que no es de ellos, los compradores, ni del gobierno de turno que es apenas su Administrador coyuntural y constitucionalmente así considerado.

 En todo caso, el Estado bien podría ajustar constantemente los precios preconvenidos en esas ventas a futuro, justo en el momento de la entrega, cuando ella ocurriera y siempre que ese nuevo y cambiante precio resulte favorable a los intereses de la República,   y no a los del comprador. Este sería un riesgo más que en poco perjudicaría al comprador intermediario ya que uno de los pivotes  esgrimidos por la burguesía  y sus nobelados es que la ganancia burguesa compensaría los riegos asumidos por el inversor capitalista.

Por favor, he tratado el tema de  cuánto vale el oro (“Conozcamos el valor del Oro)” (http://www.aporrea.org/actualidad/a128224.html, e inmodestamente, déjenme decirles:  creo que este alborozo o alboroto deriva de que fui muy claro al considerar que el Imperialismo financiero ejerce   monopolio del oro y consecuencialmente le quita y pone el precio a su antojo y entera conveniencia. El gobierno, sin ser yo su consejero directo, y aunque silencia sus fuentes de asesoramiento gratuito, ha optado por esta necesaria, oportuna y coyuntural medida, y aunque silencia la fuente,  como es su costumbre, da la lectura correcta a mis apreciaciones profesionales.  


marmac@cantv.net



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Manuel C. Martínez M.


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