De cómo el sol y la lluvia inspiraron el descubrimiento de la circulación sanguínea

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Nos referimos al descubrimiento de la circulación mayor que todos conocemos: la sangre oxigenada sale del corazón (ventrículo izquierdo) a través de la aorta, va a las otras arterias y a través de los capilares pasa a las venas con poco oxígeno y regresa al corazón (aurícula derecha). El descubrimiento de este ciclo o círculo (1616 y publicado en 1628) se lo debemos a al médico inglés William Harvey (1578-1657).

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El hombre primitivo asoció la sangre a la propia vida. Hipócrates formuló su teoría de los humores e incluyó a la sangre junto a la bilis negra, la bilis amarilla y la flema para explicar el funcionamiento del organismo.

Se suponía que la sangre transporta los nutrientes necesarios para la vida, pero ¿de dónde viene y como se desplaza por el organismo?

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Galeno (130-210) el médico más importante de la Antigüedad después de Hipócrates (460-370 antes de C) formuló su teoría, la cual era la aceptada por todos: hay dos tipos diferentes de sangre: la venosa y la arterial (por ahora la cosa va bien); pero luego decía: la primera se produce en el hígado y la segunda en el corazón.

¿De dónde viene la sangre? El mismo Galeno contestaba: de los alimentos (y tenía algo de razón), los cuales el hígado transforma en sangre oscura, y cuando pasa por el corazón recibe las propiedades vitales y espirituales que la hacen lucidamente roja.

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Pero hay un inconveniente: si la sangre viene de los alimentos, y comemos todos los días ¿por qué no nos reventamos de tanta sangre?

Tranquilos, decía Galeno: la sangre que produce el organismo en un día la consume totalmente ese mismo día. Nada sobra.

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Galeno trabajaba con animales muertos; mientras que Harvey hizo sus experimentos con animales vivos y lo primero que observó fue el movimiento del corazón para bombear la sangre. Vio pasar por las venas mucha cantidad de sangre, hizo mediciones y concluyó que el organismo humano necesitaría producir 250 litros por hora para su funcionamiento. ¡Ni comiendo como un Heliogábalo!

Su dictamen fue tajante: Galeno no tiene razón. La sangre se recicla. . ¿Pero, cómo?

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Y aquí vinieron el sol y la lluvia en su ayuda: el agua se evapora de los mares y ríos, se va a las nubes, cae con la lluvia, nuevamente se evapora… El ciclo del agua era perfectamente conocido para su época. Entonces, la cantidad de agua y de sangre es la misma constantemente reciclándose; y así como el sol es el responsable del ciclo del agua a través de la evaporación, el corazón es el responsable del ciclo o circulación de la sangre con sus movimientos, razonó Harvey.

Esto reforzaba una tesis medieval: el sol calienta el macrocosmos (la tierra) y el corazón calienta el microcosmos (el cuerpo).

Ahora sólo debo demostrarlo, se dijo el médico inglés.

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Hizo muchas vivisecciones en cabras (y otros animales), es decir: las abrió vivas y observó cómo se desplazaba la sangre de un lado a otro y comprobó su teoría. Realizó experimentos en humanos: colocó torniquetes en los brazos y observó el abultamiento de la sangre acumulada. Luego quitó el torniquete lentamente: la sangre se retiraba y la gente sentía un alivio hacia las axilas, y esto significa que la sangre se regresa al corazón, por supuesto.

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Harvey sabía que la sangre de las arterias pasa a las venas, pero no lo demostró. Esto lo hizo el italiano Marcelo Malpighi en 1660 cuando descubrió los capilares con un microscopio.

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Como ya se dijo, Galeno sostenía que la sangre proviene de los alimentos; y ciertamente muchas de sus partes se extraen de ellos. Ni Galeno ni Harvey sabían que los componentes fundamentales de la sangre se producen en la médula ósea (la grasa dentro de los hueso), llamada tuétano en los animales, y que muchos consideran una "delicatess" culinaria.

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¿Y por qué la cantidad de sangre es la misma siempre? Eso se supo hace poco: en el organismo mueren y nacen células cada día. Eso mantiene una cantidad constante de las mismas. El fenómeno se llama muerte programada o "apoptosis" (del griego; caída a partir de). Es decir, cada día morimos y nacemos por pedacitos. Los glóbulos rojos, por ejemplo, viven sólo tres meses y son sustituidos por otros. Por eso es recomendable donar sangre en ese lapso.

 



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Edgardo Malaspina

Médico. PhD en Medicina. Docente universitario y poeta.

 edgardomalaspina@gmail.com

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