Pronósticos que Matan ó Cómo los Expertos Se Equivocaron en Sus Estimaciones

Al final del año 2003 nos preguntamos ¿Dónde quedan los pronósticos que muchos economistas hicieron?. Recordamos a algunos profetas pronosticar caídas del PIB entre menos veintisiete por ciento hasta veinte por ciento, ellos decían ser muy realistas no pesimistas, tal vez se trata de que su realismo sea mágico.

Muchos sostenían que íbamos al abismo, que la crisis no tenía fondo, ahora la magia de la flexibilidad de sus planteamientos conducen a la tesis del rebote pues, si la economía crece no es por acierto alguno, sino que ésta tocó fondo. Por una parte, la tesis de que las crisis no tocan fondo sí no se realizan los ajustes necesarios se aproxima a lo Keynesiano. Por otra parte, el planteamiento de que las economías rebotan automáticamente cuando tocan piso se acerca a la idea de dejar que las fuerzas del mercado propicien los correctivos, es un argumento del pensamiento neoclásico pero, ambas ideas se sostienen con percepciones muy distintas del funcionamiento de la economía, diríamos que incompatibles. Sin embargo, en Venezuela quienes asumen un planteamiento o el otro, son las mismas personas, lo toman según el momento y que les convenga el argumento.

Algunos dijeron que no había control de cambios sino cesación de pagos, que el desabastecimiento generalizado haría desaparecer todos los productos del mercado. Que los pañales desechables no se conseguirían por ningún lado. Que había que dejar que se fugaran las reservas internacionales en aras de una libertad de movilidad de capitales que no beneficia ni siquiera a ellos pero, podría causar irritación en otras latitudes.

Las estimaciones inflacionarias variaban entre cien por ciento y 45 por ciento, en los pronósticos de nuestros predicadores de oficio; nos referimos a los más famosos según los medios de comunicación, Ud. conoce los nombres de estas reputadas figuras.

No obstante, cuando se trata de pronosticar, quien acierta merece permanecer en el escenario y quienes cometen errores tan grandes merecen ser despedidos u olvidados pero, ello acontece en una sociedad normal, donde la palabra de una persona merece credibilidad en la medida en que se cumpla, las elites de nuestro país están acostumbradas a la mentira sistemática y a las verdades virtuales donde el costo del fraude no suele pagarse.

Standards and Poor’s por ejemplo pronosticó 100 por ciento de inflación; no obstante, ésta no llegará siquiera a treinta por ciento. Tengo entendido que la metodología empleada, para sus pronósticos, por la afamada calificadora de riesgos, consiste en obtener un promedio entre las estimaciones realizadas por varias firmas consultoras y personalidades de altísima reputación; para bien de ellos, deberían dejar de contratar a quienes le propiciaron semejante promedio tan desviado de la realidad, burlaron la confianza que la firma depositó en dichas personas, y ésta a su vez burló a los inversionistas internacionales quienes debido al manejo de esos pronósticos veían un panorama sombrío en Venezuela y resulta que en cuestión de meses el riesgo país descendió de 1.110 puntos a 523 puntos. Los consultores de Standard and Poor’s incluso tuvieron la osadía de estimar una caída del PIB del 25 por ciento cuando la caída del mismo será de menos diez por ciento, lo que implica un error muy grande para una firma que quiere conservar su prestigio mundial. Aparte de que omiten decir que en gran medida la caída del Producto Interno Bruto es consecuencia del paro suicida.

En cuanto al tipo de cambio, estimado por nuestra Pléyade de agoreros ó expertos economistas (llámelos como mejor les suene), éste variaba entre cuatro y tres mil bolívares por dólar, por ejemplo el vocero de Data Análisis estimaba la caída del PIB en 25 por ciento y un tipo de cambio de cuatro mil bolívares por dólar, creo que acertaríamos si le aplicamos un correctivo a sus resultados y asumiendo que la magnitud del error que cometen con los estimados macroeconómicos sea de la misma proporción y sesgo al cometido en sus encuestas; ello implicaría que Chávez, en lugar de tener cerca del cuarenta por ciento en las encuestas, al ajustar dicho dato por el error histórico de las estimaciones, obtendría un sesenta por ciento en las mismas.

Tratando de racionalizar el ¿por que mienten?, uno podría pensar en la tesis de la cantidad óptima de fraude en materia de pronósticos; es decir, el óptimo consiste en la estimación de hasta donde se puede mentir sin perder credibilidad; sin embargo, nuestras encuestadoras están acostumbradas a sobre utilizar la droga de mentir deliberadamente. Incluso cometen el descaro de poner a algunos personajes de unas encuestadoras que pretenden ser muy objetivos a decir, “Oye Napoleón podemos mencionar que el video que anunciaba el golpe lo grabamos desde tu casa” y señores como ese sigue dando cifras y cifras de encuestas que a SECAS nunca han acertado una.

Otra razón que puede explicar el ¿por que mentir? es que se piensa que es la última vez que necesitan hacerlo, diríamos, en términos de teoría de juegos, que se asume un juego de un solo disparo; es decir, se miente porque creen que no necesitarán volver a mentir, ya que se supone que antes que ello suceda ya Chávez debería haberse ido.

Lo cierto es que el ciudadano común ya no cree en profetas del desastre, ni cree en encuestas, y muchos menos los mismos pronosticadores tampoco se creen entre ellos pero, llegó el tiempo en el que los mentirosos y los falseadores de datos sean condenados por la gente que espera ser tratada con el respeto que merecen.

Ante este pueblo que despierta, quien miente es victima de los pronósticos que matan. Por ello, no se cumple la máxima atribuida a Goebles “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad” en su lugar, el mentiroso queda mil veces en evidencia, aunque la mentira mata una sola vez.

Se aceptan comentarios en el E-mail: Josesojo1@hotmail.com

José Sojo
Profesor de Desarrollo Económico. FACES-UCV
Ms. Science Texas A&M University
Realizó estudios doctórales en economía Agrícola y Comercio Internacional en Texas A&M University



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José Sojo


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