Cúpula de la CEV necesita un revolcón

“La doctrina auténtica de Cristo, que es una doctrina liberadora, es una doctrina revolucionaria, por eso cada día somos más cristianos y estamos más con Cristo Redentor de los pueblos”

Hugo Rafael Chávez Frías

(Misión Madres del Barrio, marzo del 2006)

La actuación de los púrpura venezolanos en la política de nuestro país no es nada nueva y su acomodo siempre ha estado sujeto a acuerdos y convenios que rigen las relaciones institucionales en un marco de armonía y respeto con el Estado venezolano.

Como lo hemos señalado en anteriores escritos, el accionar político de la CEV ha tenido sus momentos de esplendor y también de intolerancia; sobre todo cuando gracias a sus estrategias y actuaciones, la han llevado a romper su conducta y el equilibrio que debe mantener en la sociedad, mayoritariamente católica de nuestro país.

No es que la Iglesia deba estar por encima del bien y del mal, sino que su papel y su rol social debe estar orientado por el mensaje de Jesús que debe guiar su ascendencia hacia el sector mayoritario de la población católica de nuestro país, el cual justamente está en la clase más desposeída y hasta hace unos años, la más excluida de las políticas del Estado venezolano.

Con la llegada del Comandante Chávez al poder esta situación cambio y cuando más debería haber sinergia y compenetración entre el Gobierno y la CEV, esta ha respondido con un accionar que no ha sido impulsado por la crítica constructiva sino por una identificación total y parcializada con la oposición venezolana.

Entrar a jugar este papel político le ha generado por parte de los líderes de la Revolución Bolivariana, incluyendo al propio Presidente de la República; ayer Hugo Chávez y hoy Nicolás Maduro, respuestas que exigen cordura y equilibrio en el rol que como institución debe mantener y está normada en la Constitución de 1999.

Existen numerosos ejemplos de este llamado al equilibrio y que no le deberían ser nada extraños al actual presidente de la CEV, monseñor Antonio Padrón, cuando en tiempos del Comandante Chávez se le emplazó al diálogo a través del entonces Vicepresidente de la República Elías Jaua.

Incluso, debemos recordar que hubo momentos en los cuales el cardenal Urosa Sabino apeló a antiguos convenios, como el de 1964 entre la Iglesia Católica y el Estado Venezolano. (Etapa superada)

Es por ello que ante las últimas actuaciones de púrpuras venezolanos, el dirigente y Vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) Diosdado Cabello los ha calificado, dirigiéndose a los obispos de la citada organización (CEV), como dirigentes y militantes de un partido político de la oposición.

La más reciente actuación estuvo representada por la homilía del arzobispo de Barquisimeto monseñor Antonio López Castillo, quien confundió a la feligresía presente en la procesión de la Divina Pastora, como si fueran asistentes a un mitin político.

A ello se suma los pronunciamientos recurrentes del cardenal Urosa Sabino, los remitidos de la CEV contra el Gobierno Revolucionario y las recientes reuniones clandestinas en una residencia de Montalbán, entre el nuevo cardenal (adeco) y representantes de Voluntad Popular y PJ. (Por cierto el purpura merideño es quien coordina las tomas de la señora Tintori y otras damas, junto a su asesor William Dávila al Vaticano)

Es importante señalar que la CEV, muy alejada de los pobres, no puede seguir guiándose por convenios con el Estado venezolano firmados por el ex presidente Rómulo Betancourt en 1964: ¡Por Dios!

Por cierto, es raro que el Gobierno venezolano basado en el artículo 8 de dicho acuerdo (si es que sigue vigente) no haya revisado los antecedentes políticos del recién designado cardenal por el Papa Francisco, a quien al parecer la CEV le metió un strike.

Igualmente el Estado venezolano, aprovechando la presencia del enviado del Papa a la mesa de diálogo monseñor Claudio María Celli (al parecer reemplazado por el nuncio venezolano Aldo Giordano), debería revisar el artículo 11 del obsoleto convenio, el cual habla de un presupuesto para obispos y templos; no para eliminarlo sino para hacerlo más justo y equitativo, sobre todo para que vaya dirigido a las iglesias de los barrios pobres de las ciudades de Venezuela.

En fin, la realidad política venezolana en el marco de una Revolución, debería revisar la actuación en política de los púrpuras venezolanos y asesorarse, por ejemplo, con el Gobierno cubano en sus modelos de convenios que mantienen unas armoniosas relaciones con la Iglesia Católica de dicho país y el Papa Francisco, relaciones basadas en un amplio respeto y consideración por el aspecto político.

Si bien sabemos los católicos, apostólicos y romanos de las diáfanas y transparentes relaciones que existen entre el Estado del Vaticano y el Estado de la República Bolivariana de Venezuela, es bueno armonizar con un nuevo Convenio, las relaciones de la CEV y el Gobierno.

Sería muy oportuno que a la luz de las últimas intervenciones políticas de prelados y de la CEV, la Cancillería venezolana, quien tiene un rol estelar en estos aspectos y los cuales conoce muy bien el Presidente Nicolás Maduro, se iniciara la elaboración de un nuevo convenio en el marco de la Constitución de 1999 y no basado en la Constitución de 1961. Esta es una etapa superada…¡Amén!

¡Amanecerá y veremos!



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Marco Tulio Arellano

Jubilado en Pdvsa

 arellanomt@hotmail.com      @Homugria

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