Nicolás Maduro “el cirineo” de Chávez

"Si se presentara alguna circunstancia sobrevenida que a mí me inhabilite para continuar al frente de la Presidencia de la República, bien sea para terminar los pocos días que quedan (un mes) y sobre todo para asumir el nuevo período para el cual fui electo por la gran mayoría de ustedes, Nicolás Maduro no solo debe concluir el período, sino que mi opinión firme, plena, irrevocable, absoluta y total es que en ese escenario, que obligaría a convocar a elecciones presidenciales como lo manda la Constitución, ustedes elijan a Nicolás Maduro como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Yo se los pido de corazón" (Hugo Chávez, 8 de diciembre de 2012)

En más de una oportunidad el primer mandatario nacional Nicolás Maduro Moros ha reconocido que en verdad él jamás pensó, ni aspiró a ser Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela y que además asumió tal reto, en obediencia absoluta al legado del Comandante Hugo Chávez, a raíz de su enfermedad que le quitó la vida y lo apartó del poder en el año 2012.

Han transcurrido 3 años desde aquel entonces y aquellas históricas elecciones que lo llevaron a la primera magistratura, en un ambiente histórico y turbulento que ha sorteado con valor y entereza por encima de pronósticos y de sorpresa para muchos, ha cumplido hasta ahora con su mandato.

Asimismo su ejercicio lo ha realizado bajo amenazas permanentes, que ahora se agudizan por parte de la oposición venezolana y de los enemigos internacionales de Venezuela, quienes desean acabar con la Revolución Bolivariana.

“No es concha de ajo” como el mismo Maduro acostumbra decir lo que ha tenido que enfrentar en estos tres años; no sólo por los ataques contra su gestión, sino contra el legado del Comandante Hugo Chávez el cual pretenden destruir, así como destruyeron su vida para frenar un proceso revolucionario que trascendió nuestras fronteras y sembró luz en toda la Patria Grande Latinoamericana y en el mundo.

Sortear el panorama político venezolano es enfrentar una de las realidades más contradictorias en el manejo de la política, donde se han probado los más disimiles ataques y golpes de Estado que nación alguna haya enfrentado y, donde las contradicciones parecieran romper todas las teorías políticas experimentadas hasta ahora o estudiadas en el campo académico y en las universidades del mundo.

Actualmente se enfrenta el Presidente Nicolás Maduro, hijo y heredero de Chávez, a un revés circunstancial que permitió por la vía electoral la llegada de la oposición a uno de los poderes del país, como lo es la Asamblea Nacional.

Desde el mismo momento de la llegada de la “mesa de la unidad” por una vía amañada y de engaño al electorado y gracias a la guerra económica (las famosas colas); los fraudulentos parlamentarios quienes no encarnan el poder popular, han tratado por todos los medios de buscar un “golpe parlamentario” contra el Presidente Maduro.

Su accionar, respaldado por leyes cocinadas en Fedecámaras y Consecomercio, no buscan sino preparar el piso para un derrumbe del gobierno a través de leyes inconstitucionales, como la de Propiedad de la Vivienda, la Amnistía y ahora la de entronizar la propiedad privada en las empresas del Estado venezolano.

El accionar del Poder Ejecutivo y del Poder Judicial no se ha hecho esperar para dar respuesta inmediata a las pretensiones de una Asamblea, que se coloca al margen de la Constitución de 1999 y que además, no sólo debería esperar el accionar del Poder Moral sino el de todo un pueblo en defensa de nuestra Carta Magna.

No es de extrañar que una oposición que odia nuestro país y se presta a las más oscuras maniobras de entrega de nuestra nación a intereses capitalistas y extranjeros, reaccione de forma similar a los demás ataques en América Latina como en la caso de Argentina (Kirchner), Bolivia (Evo), Ecuador (Correa) y el de Brasil contra el gobierno de la presidenta Dilma Ruosseff.

Los ataques no son aislados. Es un accionar orquestado con una partitura que se ejecuta desde la muerte provocada del Presidente Chávez, para acabar con la Revolución Bolivariana y los cambios surgidos en América Latina por el accionar de la espada de Bolívar.

Si vienen contra la Constitución Bolivariana, nacida en el seno de una Constituyente y al calor del pueblo venezolano, la reacción oligarca y parasitaria representada por la MUD en la Asamblea Nacional, debe encontrar las propias respuestas que la Carta Magna da a quienes se atrevan a violarla.

Los poderes están legítimamente constituidos. Pero ninguno de ellos puede osar de pasar por encima del otro y mucho menos, violar las propias leyes de la República a las cuales se deben.

Si Nicolás Maduro en la V República, carga con la cruz de Chávez como el cirineo en la V Estación del viacrucis de Jesús (Lucas, 23,26) todos estamos atentos a la defensa, no sólo de su mandato sino de la Constitución y de la Revolución Bolivariana.

Chávez siempre lo recordó a cada momento y antes de su partida. Nos increpó con su sentencia: “Unidad, lucha, batalla y victoria”. Igualmente nos decía: “Hoy tenemos Patria, hoy tenemos pueblo que nadie se equivoque…” “Esta es una revolución pacífica pero armada, no se les olvide”.

¡Amanecerá y veremos!



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Marco Tulio Arellano

Jubilado en Pdvsa

 arellanomt@hotmail.com      @Homugria

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