Globovisión y Vladimir Villegas

Vladimir Villegas, te pregunto: ¿no te indigna la mentira y la manipulación permanente en ese medio como arma para hacer política?

Esa es la interrogante que se le plantea al país en general con un medio audiovisual que opera en una nación soberana que tiene su constitución y sus leyes, bajo una licencia porque utiliza el espacio radioléctrico que le pertenece a todos los venezolanos y, además, conforme a unas normas que lo único que buscan es garantizar que esos medios no se conviertan en armas letales, tal y como ocurrió con la televisión de Ruanda (Radio Televisión Libre de las Mil Colinas o RTLM) en Africa, la cual mantuvo una programación por varios meses (1993/94) que inculcó odio al mayor y provocó la muerte de no menos de un millón de personas y por ello sus dueños fueron condenados a prisión perpetua por el Tribunal Internacional de La Haya. Fue tal la tragedia que provocó esa televisora, que la ONU intentó sacarla del aire a través de compromisos diplomáticos, sin éxito alguno, pues no pudo traspasar los conceptos, muchas veces manejados aviesa e hipócritamente, de “libertad de expresión” y “soberanía”.

Ese es el punto, mi estimado Vladimir, de manera que no se trata de intentar vender la tesis de que aquí lo que hay es una simple confrontación política que el gobierno pretende frenar por la vía de silenciar a un medio por la fuerza. De impedir tiránicamente que haya la posibilidad de la expresión libre y abierta. Nada de eso, caballero. Tu propio hermano, Ernesto, hizo una reflexión, bien pertinente, sobre el caso del llamado “cierre” de RCTV, creo que en Aporrea, en el sentido de que allí no hubo cierre alguno, pues dicho canal siguió transmitiendo a través del cable, que -como todos sabemos- no hay quien no lo tenga en este país, pues basta con mirar nuestros cerros colmados de antenas hacia todos los vientos. Por su parte, el prestigioso periodista Eleazar Díaz Rangel ha dicho ene veces que quisiera conocer de algún artículo de opinión o de información que medio alguno haya dejado de publicar o leer por imposición del gobierno desde que Chávez asumió la presidencia en 1999, mientras que durante ese lapso el país todo vio, por el contrario, cómo sectores de la oposición cerraron la televisora Catia TV (Alfredo Peña) y Venezolana de Televisión (Enrique Mendoza).

De manera que cuando intentas confundir a los lectores con el cuento de que el gobierno necesita a Globovisión porque ha sido “el combustible para empujar la política comunicacional del gobierno bolivariano”, no creo que dices verdad alguna. Si bien la política oficial en el campo de la comunicación y la información no ha sido lo más acertada, es una payasada sugerir que el poco éxito que ha tenido lo ha sido por Globovisión. ¿Carámba…, Villegas, ¿qué hiciste cuando te correspondió dirigir a VTV? ¿Tu fracaso allí se debió a que optaste por escoger la línea de bailar al mismo son que te tocaba Federico Ravel desde su canal y no pudiste...? El canal 8, ciertamente, es un escenario para la divulgación y la defensa de una gestión gubernamental que el resto de los medios del país, en más del 80%, la desconoce y eso, amigo Villegas, está a la vista sin que haya que hacer esfuerzo alguno para corroborarlo, de todas maneras tienes allí los resultados de las investigaciones sobre el tema que hace de forma permanente el Observatorio Global de Medios. Para esos medios el gobierno no hace absolutamente nada, sino regalar los dineros de todos los venezolanos en el exterior y el remanente que queda, agregan, lo dilapìdan y se lo roban los chavistas...En Globovisión, escuchamos a diario y repetidamente, que el gobierno es inepto, tramposo, maniobrero y, entre otros muchos ataques que le lanzan, lo califican de implacable perseguidor de los venezolanos de la "sociedad democrática", así como asesino y farsante que no hace sino engañar al pueblo...

Ni tu ni nadie puede esgrimir argumentos sustantivos válidos para negar que lo que ocurre en nuestra patria es un enfrentamiento entre dos visones de país y que, lamentablemente, quienes se aferran al pasado e intentan reestablecer los valores afincados en la competitividad y en el individualismo del modelo capitalista, no están dispuestos a aceptar cambios de ningún tipo y es por ello que se levantan con agresividad y virulencia persistente para impedir que los mismos se produzcan. Es allí donde reside el quid de la cuestión, un sector que carece de todo respaldo popular, que pierde cuanta elección democrática se realiza (de 14 elecciones habidas desde 1999, Chávez y el chavismo han ganado 13) y que, al parecer, sus neuronas no le dan lo suficiente como para internalizar que debe modificar sus estrategias de lucha y opta por la salida menos exigente de recurrir a la zancadilla, a la mentira repetida mil veces, a desconocer y burlarse cada día con la mayor intensidad de la institucionalidad y de sus gobernantes, porque apuesta a que por allí acabará con Chávez y la esperanza de un pueblo que ha depositado en él y en su proyecto de país, toda su fe y su confianza.

Pero, es que creo que no hay mayor cinismo en quienes intentan resquebrajar el proyecto Bolivariano, como lo hace Villegas, apuntalado en un liderazgo que no se tiene y que solamente dispone para su halago y posible empuje, de una oposición liderada por los mismos sujetos que fraguaron y ejecutaron las acciones del golpe de abril del 2002, sino de quienes fueron parte del binomio del puntofijismo, de quienes estuvieron al lado de CAP I durante el caracazo (caso Ledezma, para ese entonces, el gobernador de Caracas); de quienes manejaron durante el gobierno de Caldera II la planificación y las finanzas del país para llevarlo a una de sus peores crisis históricas y morales, con una inflación récord del 106% anual (imposible olvidar que Petkok fue el ministro de planificación y desarrollo); de quienes "liberaron" de la tiranía por varios meses la Plaza de Altamira (Leopoldo López y Capriles Radosnki fueron los principales sostenedores de semejante ridiculez); de quienes, además, han estado detrás de las guarimbas, de los actos violentos, del asesinato de Danilo Anderson, de las marramucias de todo calibre y color que jamás hayamos visto y, paremos de contar, para no extendernos demasiado.

Para terminar, Vladimir, debo decirte que comparto el criterio racional de que no puede admitirse, bajo ningún respecto, que alguna de esas visiones puedan ser impuestas desde las trincheras de las infamias y las mentiras, así como también decirte, en términos muy claros y concretos, que la oposición tiene que entender y aceptar que existe un gobierno legítimo y que para reemplazarlo sólo hay una única opción: los votos en comicios libres, como ha ocurrido hasta la fecha, por lo demás, rigurosamente vigilados y observados por especialistas venidos de todos los confines del globo, como no ocurre en ninguno de los países del primer mundo y en esa ruta se hace obvio que el país no puede tolerar que se utilicen como armas para la confusión y la violencia los medios de comunicación, los que, en todo tiempo y lugar, sólo deben ser vehículos de servicio público y jamás partidos políticos.


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Iván Oliver Rugeles


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