Ética Feudal del Periodismo Burgués

El Gremio de Periodistas, como su nombre lo indica, es un vestigio feudal, de aquellos años durante los cuales todos los técnicos solían agruparse en conglomerados artesanales a fin de proteger a sus afiliados, velar por la calidad de sus servicios y ofrecer confianza a sus correspondientes usuarios. Cada trabajador daba cuenta integral de su correspondiente obra.

Esas asociaciones gremiales fueron superadas por el burguesismo en las manufacturas y luego en factorías máximamente mecanizadas. Este industrialización permitió la división del trabajo en desmenuzadas tareas de tal manera que la producción de un bien cualquiera resulta del concurso simultáneo de múltiples trabajadores de un oficio del que ninguno conoce más allá de su simple aporte personal.

Sin embargo, el poder gremial, la necesidad de agrupamiento de los trabajadores siguió vigente durante el capitalismo, ahora como sindicatos con fines exclusivamente centrados en la defensa del salario, y con absoluta indiferencia de la calidad de las mercancías y servicios producidos. Esta calidad es un asunto exclusivo del patrono y los trabajadores se muestran ajenos a la misma. Si el patrono decide mejorar la calidad, el trabajador cumple ese cometido, e igualmente rige para la responsabilidad del asalariado si la calidad debe ser de tercera.

Es por eso que la exigencia de ética profesional de ningún trabajador puede ir más allá del cumplimiento de las obligaciones contractuales entre patronos y empleados. Ningún asalariado puede hacer otra cosa que la que previa y planificadamente le indica su patrono so ruptura ipso facto del contrato laboral.

Cuando le oímos a los políticos y a algunos colegas del Periodismo que ellos deben tener criterio propio, que deben ceñirse a la verdad profesional, que deberían limitarse a informar como si se tratara de periodistas artesanos, cuando oímos eso, decimos, es porque todavía no se ha comprendido la verdadera sumisión del trabajador moderno y asalariado a su patrono contemporáneo. Este decide la calidad de la producción de su empresa, y el empleado trabaja en consecuencia so pena de ser liquidado.

Por eso decimos que sólo un Gremio apegado a criterios feudales puede exigirle a sus afiliados una ética autónoma, como si en su condición de asalariado el periodista pudiera burlar las condiciones contractuales de su patrono capitalista.


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Manuel C. Martínez M.


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