La Lámpara Maravillosa

Creo que aún no hemos celebrado suficientemente el final de la concesión a RCTV. Una inmensa mayoría del pueblo venezolano tiene todavía un largo camino por recorrer para poderse declarar curado de la adicción impuesta. Del mismo modo en que los ingleses le impusieron a China la guerra del opio durante el S XIX, el imperio norteamericano nos impone hoy la guerra de cuarta generación, cuyo vehículo principal, mil veces más alienante que el opio, es la televisión.

Por eso, la no renovación de la concesión a RCTV debemos considerarla no como una meta alcanzada sino como el inicio de un penoso proceso de desintoxicación y redención que en todo caso será largo y difícil.

La medida de nuestro atrevimiento es proporcional a las reacciones de los zombis que aquella pantalla hipnotizante fabricó a lo largo de más de cincuenta años. Y digo esto porque hay que subrayar que todas las airadas respuestas que se han montado en reacción a este paso trascendente en la profundización del proceso revolucionario, hubieran sido imposibles si quienes las construyen y financian no hubieran contado de modo gratuito y casi inagotable con una masa de enfermos fabricados por la propia televisión. Las expresiones públicas de la oposición se nutren de seres humanos desarraigados de todo contacto con la realidad concreta, adictos a las telenovelas o los espectáculos de un humor que se marchita hasta la mueca grotesca, en la misma medida en que se deteriora el cerebro de los teleespectadores.

Podría decirse que hemos dado un primer paso afortunado: Hemos arrancado de las manos del enemigo el hacha de la guerra, la lámpara maravillosa. Lo hemos privado de un instrumento poderoso, solo para descubrir que el poder quizá no se encontraba en los bigotes relamidos del ratoncito Marcel sino en el propio instrumento que ahora reposa en nuestras manos. La trampa eterna del genio, consiste en hacernos creer a quienes tenemos la lámpara entre las manos, que hemos atrapado el poder, cuando en realidad hemos quedado felizmente atrapado en el poder de un Genio que solo existe para seguir garantizándonos la diaria dosis de opio mediático. Como en la película Matrix, es al genio al que hay que asesinar, pero nosotros nos estamos tragando el cuento de que lo vamos a preinscribir en el PSUV.

Una parte de la programación televisiva que ahora me entero que se llama “parrilla” –quizá porque está diseñada para asar los sesos del televidente- está concebida para reblandecer cerebros: Programitas de manualidades, cocina, “aeróbics”, telenovelas, enlatados gringos, concursos idiotas, musiquita criolla, etc (no te sientas incómodo Chucho Romero); dejan los cerebros suficientemente huérfanos de cualquier instrumento crítico y listos para recibir la dosis diaria de doctrina. En ese sentido podríamos decir que la salida del aire de RCTV nos libró de “Granielito” y “La Bicha”, pero ha dejado intacta la otra parte del menú que ahora corre a cargo de una televisora en la que a lo mejor tu TEVES, pero sinceramente, yo no me veo.


Cajp391130@yahoo.es


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Pedro Calzada


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