Comunicalle (2)

Habían quedado pendientes dos temas: El soslayo a la buena calidad que debe identificar a las acciones del gobierno bolivariano cuando este convoca a las bases populares para la implementación de las políticas públicas; y el proyecto “Comunicalle, parte de la estrategia comunicacional del MINCI. El primero lo seguiremos postergando para una oportunidad más acertada y así dedicarnos en esta ocasión, más que a la táctica (Comunicalle), a la estrategia global. No porque el primero carezca de importancia, sino porque en esta especial coyuntura, lo inminente seguirá copando nuestra atención primaria. En este caso, sea por aquello de las guerrillas de las ideas y el impacto que estas logran cuando golpean en el momento justo. Ya sea porque es la tarea que nos tocó.

El tema (el de la calidad) nos sigue seduciendo en tanto contiene algunas de las claves del hecho revolucionario como tal, del mensaje que transmitimos con nuestras acciones en tanto que ellas se desarrollan como arte y parte de los cambios radicales (“En estos días no sale el sol, sino la revolución”). ¿Qué mensaje enviamos a nuestros compatriotas cuando desde nuestra capacidad organizativa, degradamos nuestros espacios de encuentro? ¿Qué clase de formación estamos compartiendo cuando en ellos reina la incomodidad física, el maltrato inconsciente, la improvisación, la poca valoración del tiempo, la contingencia, la urgencia de la tarea por sobre la importancia de los resultados? En el fondo es un mensaje equivocado, para no decir, en estas primeras de cambio, contrarrevolucionario. Como aquel que remite un servidor público, hablando de la descolonización del pensamiento, encadenado a la cultura del “gentil hombre” europeo, exhibiendo un enorme nudo de corbata en su cuello, el que estoy seguro, no podrá explicar. Como tampoco podrán explicar, la toga y el birrete, los academicistas de nuestras instituciones educacionales. En fin, tanto o más importante el uno o el otro (calidad y estrategia), hoy hablaremos de Comunicalle, pero como pretexto para examinar lo general en materia de comunicación, porque seguimos percibiendo que en ella se manifiesta lo mismo que sucede en todos los frentes de lucha a nivel nacional. Se sigue actuando en función de lo que impone la agenda de la derecha, es decir, toda nuestra estrategia actúa como respuesta a las iniciativas ofensivas del enemigo. De respuestas en respuestas, hemos armado toda una acción gubernamental de defensa, pero pareciera un actuar como contra las cuerdas, que de cualquier manera, comporta solo la mitad de las acciones revolucionarias cuando estas no pasan a la ofensiva.

Claro, primero habría que reconocer el inmenso esfuerzo que se ha hecho en cuanto a la asignatura. Lo mucho que se ha avanzado sobre el terreno comunicacional, empezando por la identificación, o mejor dicho, el desenmascaramiento del enemigo, el que cómodamente instalado en la dimensión comunicacional nos dominaba muy a nuestro pesar. Si bien hoy, no estamos totalmente liberados, desde la llegada del Comandante Supremo al Gobierno Bolivariano, se comenzó por enfrentar, dentro de la necesaria polarización, a los conglomerados de la información, que hasta ese momento habían ocultado hábilmente su verdadera condición de cancerberos de la hegemonía capitalista, solapando, bajo la defensa de la libertad de expresión, la artera guerra mediática contra el pueblo y sus movimientos libertarios.

Las transnacionales mediáticas, los mass media, sus dueños, sus relaciones con el capital financiero mundial, el periodismo, los periodistas, la fauna farandulera, los publicistas, los mercaderes de la imagen ligados al opinionismo creador de matrices de opinión; en fin todos, después de la irrupción del Comandante Chávez en el ámbito de la comunicación, el que revolucionó de una forma inaudita, están bajo escrutinio social, sobre todo, bajo el ojo revisionista de los públicos, las multitudes y pueblos asediados por la casi imperceptible, pero ahora desvelada guerra cultural.

A esto se añade, un portentoso esfuerzo, en el marco de la implantación de la hegemonía socialista, para la creación de un importante número de medios públicos, alternativos y comunitarios (impresos, radiales, televisivos y ciberespaciales). Lo que incluye la puesta en órbita de dos satélites, un centro de investigación espacial, repetidoras a lo largo y ancho del territorio nacional, un sistema de televisión digital, otro de medios públicos, imprentas por doquier, estudios de televisión, cine y radio; salas de teatro y espacios alternativos, que han generado una descomunal cantidad de millones de libros, revistas (con su sistema nacional), afiches, e impresos de todo tipo. Películas como nunca antes, montajes, puestas en escena, ferias y festivales. En fin, una revolución cultural desde la garantía material para crear el nuevo imaginario.

Como nadie sabe cómo hacer lo nuevo, la tarea es emprender sobre lo desconocido, con el acompañamiento del pueblo y su valentía revolucionaria. Nos queda pues, sobre el tablero, como herramienta para la orientación, el conocimiento de lo que no se debe repetir: todo lo que como armas melladas, muestran su contradicción ante el espíritu socialista del siglo 21, y que por lo general, viene trasegado desde la escuela, en todos sus niveles.

En materia de contenidos informativos, debemos independizarnos de la pauta contrarrevolucionaria y desarrollar nuestros propios temas. Los cinco objetivos del plan de la patria sirven de fondo para el ello: la independencia, el socialismo, el ego nacional, la multipolaridad, la salvación de la especie humana, la economía, la corrupción, el fascismo opositor dentro del tema de la inseguridad y delincuencia, etc. En las producciones de entretenimiento y educativas, con mayor razón debemos desprendernos de todo patrón contaminado de la industria cultural capitalista, allí la acción corruptora, es letal. Nuestros comunicadores empezando por nuestros anclas, no deben imitar a sus espejos privados, ni en la forma de vestir, ni en la forma de conducir o moderar (gestos, ademanes, posturas, estilos) porque reproducen el modelo comercial que banaliza el contenido y esto de alguna forma tiene que ver con la direccionalidad, la metodología que acompaña a la ruptura. El rostro del pueblo, es decir, el de los pobres, los negros, indios, mestizos, trabajadores, campesinos, estudiantes, amas de casa, debe aparecer en la pantalla con la familiaridad de la costumbre que identifica. El tiempo en nuestros medios, no puede seguir siendo medido desde el valor de cambio, sino desde la necesidad de su uso. Los escenarios deben seguir siendo de alta calidad como hasta ahora, pero deben trascender, lo meramente decorativo, a lo altamente funcional.

Todo ello no asegura que aparezca la audacia intelectual, la que garantizará la creación de los nuevos métodos para el abordaje al complicado escenario de la comunicación en tiempos de revolución. Ello depende de otros atributos que tienen que ver con la formación en el ámbito de la comunicación. Depende de procesos creativos que nadie sabe cómo llevarlos a cabo. Pero que, por fortuna, se tiene la firme convicción de construirlos colectivamente.

¡Chávez vive, La Hojilla sigue!



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Milton Gómez Burgos

Artista Plástico, Promotor Cultural.

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