Análisis para la reflexión y le debate ante perspectivas 2011-2012

La comunicación popular y alternativa en Venezuela: una continuidad histórica desconocida por la burocracia roja-rojita

Termina el año once de la revolución bolivariana que también es el de un trascendental hecho social que emergió de su heroica e histórica resistencia popular al calor de aquella: la comunicación alternativa, y que últimamente hay quienes han preferido llamarla comunicación popular, precisamente en virtud de que su razón de ser está consustanciada con la lucha emancipadora del pueblo venezolano y su resistencia contra hegemónica, ideológico- cultural, y a la vez antiimperialista a través de la historia, y de cuyo estado actual, este breve ensayo no pretende sino ser un aproximación y un abreboca para el debate necesario.

Hay quienes prefieren llamarla comunicación comunitaria, lo cual no es un grave pecado si no se le asocia con cierta tendencia a identificarla con fenómenos de fragmentación social tales como el localismo “ingenuo” o el “esteticismo banalizante”, desligados ambos por su visión ombliguista del acontecer sociopolítico nacional e internacional, especialmente el referido a la lucha contrahegemónica anticapitalista y antiimperialista, más asociada a la alternatividad comunicacional (la otra comunicación de los otros, los excluidos comunicacionales del capitalismo) por los estudiosos de la comunicación que comenzaron a hacerle seguimiento al fenómeno en la década de los 70 del siglo pasado.

La impostura burocrática

Para evitar que el debate en torno a la pertinencia social hoy de ese sector comunicacional desde abajo, adolezca de la visión de continoum, es conveniente analizarlo a la luz de enfoques modernos de las ciencias sociales, aplicados incluso hoy a la revolución bolivariana. Por lo que no es aceptable la postura de que el fenómeno comunicacional alternativo es exclusivo de ésta y que no hay un antes y un después de praxis social comunicacional alternativa en nuestro país. Sería como decir que el adjetivo “artillería del pensamiento” que Bolívar le endilgó a su Correo del Orinoco no tienen hoy su continuidad, en parte, en la comunicación popular.

No reconocer este dato histórico pudiese llevar, como de hecho sucede hoy, a que cierta burocracia proceda como ha venido procediendo: minusvalorando el papel de los medios de comunicación alternativos ante las necesidades comunicacionales de la revolución bolivariana; desconociendo su condición de movimiento social autónomo con un objetivo histórico delineado: devolverle la comunicación al pueblo llano; y en el “mejor” de los casos, condicionan el apoyo a los medios alternativos comunitarios (MAC) siempre y cuando acaten acríticamente desde arriba directrices en materia comunicacional, las más descabelladas a veces, como ha sido la de imponerles un supuesto sistema nacional a este sector.

Ciertamente, hay actores que desde este sector comunicacional contribuyen al reforzamiento de esta impostura, al hacer las veces de meros altoparlantes laudatorios de la gestión gubernamental; que no es que sea malo si es reflejo de la realidad; pero que sin el debido contraste o equilibrio entre lo que se hace bien y lo que se hace mal desde el gobierno, a la hora de informar y/o comunicar, le resta fuerza de opinión publica a la razón de ser de la comunicación alternativa. Ello sin hablar de quienes pretenden vivir de las pautas publicitarias gubernamentales editando los más anticomunicacionales esperpentos; ni de quienes horrorizados y pegando gritos contra la práctica capitalista de la “pauta”, a la “chita callando” firman contratos –la mera esencia del capitalismo- con organismos públicos, buscando su sustentabilidad.

La voz de los sin voz

Hay quienes sostienen que es preferible esta “borrachera” de medios de comunicación alternativos para la necesaria y ciertamente estratégica democratización de la sociedad venezolana en todos los ámbitos; como necesario para otros pudiera ser la no existencia de un ministerio rector de la política comunicacional del Estado venezolano, ante el riesgo de mediatización del hecho comunicacional que trae implícito. Sobre todo en un Estado donde el burocratismo -que genera incluso grupos fácticos variopintos- lucha a muerte por mantenerse inamovible en el control, entre otros sectores de la gestión pública, del sistema público de medio, y lo que es peor aún: la más de las veces reproduciendo lo “comunicacionalmente correcto” del modelo capitalista.

En estos 11 años los venezolanos han sido testigos del florecimiento por todo el territorio nacional de emprendimientos de gentes, tanto a nivel individual como colectivo, simplemente tratando de llenar de contenido esa directriz surgida, bueno es recordarlo, a la luz de la experiencia recogida en los foros sociales mundiales en su lucha anti pensamiento único neoliberal, que llamaría a “dar voz a los que nunca la han tenido”, y que la revolución bolivariana no tardó en hacer suya también, al igual que las bases sociales que la sustentan, tomándose así bien en serio eso de su participación directa y protagónica en los asuntos del país, más aún en uno nada menudo, por lo que implica para la paz de un país.

También hay quienes desde otra óptica, es el caso del Movimiento Social de Medios Alternativos y Comunitarios (MoMAC) , sostienen que precisamente será la proliferación de la mayor cantidad posible de medios de comunicación popular, en todos su formatos y en los más diversos espacios de acción social organizada, lo que contribuirá decididamente a derrotar a corto, mediano y largo plazo la descomunal guerra mediática emprendida por el imperialismo norteamericano contra nuestra férrea voluntad como pueblo -producto de su cada vez mayor grado de conciencia-, de ejercer plenamente nuestra soberanía en lo político, económico y territorial. Enfoque este basado en una extrapolación del concepto maoísta de la “guerra popular prolongada”, con dos correlatos fundamentales: la Misión Comunicación y la “Guerra popular comunicacional”.

Ciertamente sucede

Habría que imaginarse si a su efectividad comunicacional, encarnada en gran medida en estos once años en la figura del presidente Hugo Chávez, y en el sistema público de medios, la revolución bolivariana hubiese sumado además la efectividad de la comunicación popular y alternativa en una mayor proporción de lo que ahora sucede. Porque ciertamente sucede muy a pesar de quienes pudiesen creer lo contrario; entre quienes se encuentran ciertos tecnócratas que reducen todo lo concerniente a lo comunicacional de la revolución a fórmulas ciertamente efectistas y ya veremos el porqué.

Y es que si el liderazgo bolivariano echa mano de éstas, es porque la coyuntura que se abre a partir de enero de 2011 y culminará en diciembre de 2012 con las elecciones presidenciales, y en las que los bolivarianos aspiran reelegir al presidente Chávez por tercera vez., requerirá en cierto modo del uso de las mismas armas mediáticas de su principal enemigo en el plano propagandístico-publicitario-electoral propiamente dicho, que ciertamente no son los partidos de oposición sino unos dueños de medios privado coaligados con el imperialismo norteamericano contra la revolución bolivariana, y con el control casi omnímodo, de décadas, en eso de moldear los gustos del público receptor de mensajes en Venezuela.

Coyuntura que además exigiría a los elaboradores del mensaje bolivariano, sobre todo los audiovisuales, no subestimar enfoques pragmáticos que a la televisión y a la radio comercial le ha dado pingues ganancias, sobre todo en el plano del control social y de imposición de la hegemonía ideológica capitalista: y que están sintetizados en la proposición “el medio es el mensaje”. Más desmenuzado aún: colores más formas, más musiquita, más estéticas, igual a: mayores niveles de recordación del mensaje.

En esta nueva etapa pues que se abre en el 2011, corresponderá entonces a la comunicación popular, como movimiento social, hacerle entender a la burocracia tecnócrata comunicacional que el accionar de marketing electoral obedece sólo a una coyuntura específica, aceptable en el marco de una transición hacia públicos más exigentes y críticos de los mensajes; pero que lo estratégico de la revolución bolivariana es devolverle el poder comunicacional a quien le pertenece: al pueblo, al constituyente. Proceso que no debe ser impedido si se cree honestamente en el paradigma revolucionario bolivariano; mucho menos se debe utilizar gatopardianamente a la comunicación popular y alternativa para que nadie cambie en cuanto al manejo elitesco de lo comunicacional público, que de paso es corresponsabilidad de todos los venezolanos y venezolanas.

*Integrante del Consejo Central del Movimiento Social de Medios Alternativos y Comunitarios (MoMAC)
mov.soc.mac@gmail.com


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Carlos Machado Villanueva*

Integrante del Movimiento Social de Medios Alternativos y Comunitarios (MoMAC).

 mov.soc.mac@gmail.com

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