Consecuencias de Doha

Las noticias que llegan del medio oriente, particularmente despues de la conferencia de Doha, hacen suponer que el imperio ha encontrado por primera vez un límite insuperable a su voluntad de expansión y domino en aquella región. Así parece indicarlo no solo el triunfo político de Hezbolá en el marco de esa conferencia, sino los indicios claros de un diálogo entre actores belgerantes -Siria, Israel e Irán-, por primera vez sin la presencia omnosa de los Estados Unidos y el papel disminuído de sus aliados, los sauditas.

Todo esto configura un conjunto de buenas noticias para el resto del mundo, pero también significa una nueva alerta roja para América Latina.

Si el Imperio, como parece posible, es detenido en sus esfuerzos de expansión hegemónica sobre el Medio Oriente, con toda seguridad se replegará sobre sí mismo en un intento de reforzar y consolidar el control de espacios que histórcamente ha considerado propios -al menos desde la proclamación de la Doctrina Monroe- .

Creo que este es el marco donde debemos situar los últimos eventos de clara provocación que han venido ocurriendo tanto en Ecuador como en Venezuela, por parte del gobierno fascista de Colimbia y con la intervención directa de los Estados Unidos.

Por desgracia, es poco probable que esta escalada de agresiones se contenga o modere por la sola vía diplomática. Mas bien, si nos miramos en el espejo de nuestros hermanos musulmanes, tanto de los Balcanes como del Medio Oriente, tomaremos conciencia de que estamos apenas en la ampliación de una lucha prolongada entre el Norte y el Sur que por lo demas ya anunciaban voces como la de Immanuel Wallerstein al inicio de la última decada del siglo pasado.

Podrá argumentarse que el contexto cultural-religioso de ambos mundos es muy diferente, pero en todo caso, la consideración de esas variables no detendrá las acciones del imperio en busca de una dominación que en última instancia pretende el control monopólico global de unos recursos naturales cada día mas escasos por la acción depredadora del propio imperio: Los combustibles fósiles y el agua.

Algunos hay que ven en el conflicto del Medio Oriente la continuación de una lucha bíblica virtualmente infinita y por lo tanto inevitable; una sucesión de conflictos entre “el bien y el mal“ que anuncian la batalla de Armagedon y el juicio final. Ese es el contenido apocalíptico y ramplon del discurso alucinado de Bush, con el que se pretende desviar la atención del mundo de los verdaderos fines que persigue el complejo industrial-militar en cuyo nombre asaltó la Casa Blanca ese personaje aberrante.

Ahora vienen por nosotros, y no viene el patético payaso de Pablo Medina, sino el dueño del circo en persona, por eso distraernos en conflictos menores sería una imperdonable torpeza. Hoy la noria de la Historia ha dado una vuelta completa y estamos en el mismo disparadero de Bolívar en Angostura: Para tener patria, El Libertador no desestimó el concurso de Paez de Mariño y hasta de Santander a la hora de hacer frente común al imperio de entonces.

En el frente regional, hay una trinchera común para todos los miembros de UNASUR y en el frente interno, no es negociable la unidad monolítica de todos los venezolanos bien nacidos alrededor de un proyecto político que está construyendo equidad, dignidad y soberanía.


cajp391130@yahoo.es


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Pedro Calzada


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