¿Qué significa el triunfo de Erdogan en Turquía?

Erdogan ha obtenido una victoria pírrica. Ganó por una estrecha mayoría y las divisiones políticas siguen siendo profundas, al igual que la crisis económica y la inflación. Sin embargo, la burguesía turca apoya su perfil bonapartista al frente del Estado porque aún ven oportunidades de expandir su propio poder en una región con países vecinos muy inestables.

Recep Tayyip Erdogan ganó este domingo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Turquía con más del 52 por ciento de los votos. Si bien el candidato opositor Kemal Kılıçdaroğlu ganó en las ciudades de Estambul y Ankara con más del 51 por ciento, eso no cambia el resultado general.

Erdogan ganó en todas las ciudades del norte de Turquía con más del 60 por ciento en cada ciudad, en Bayburt incluso con más del 82 por ciento. También obtuvo un triunfo en casi todas las ciudades del centro de Turquía, excepto en Eskişehir y Ankara. Por su parte, Kılıçdaroğlu ganó en la mayoría de las ciudades costeras desde Çanakkale hasta Adana. En las ciudades kurdas el resultado fue mixto y ambos candidatos ganaron en diferentes partes. Mientras que Erdogan volvió a ganar las ciudades más centrales y sureñas de la región kurda como Kahramanmaraş, Şanlıurfa y Elazığ, Kılıçdaroğlu prevaleció en las ciudades del este y en Dersim (Provincia de Tunceli) con una clara mayoría en casi todas las ciudades.

De esta manera, Erdogan seguirá gobernando cinco años más aunque en medio de una profunda crisis económica y una fuerte polarización social y política.

El opositor Kemal Kiliçdaroglu había aglutinado tras él a buena parte de la oposición en una suerte de Frente Popular que iba desde formaciones kurdas y la oposición de izquierda como el HDP y TİP, hasta corrientes fuertemente nacionalistas a las que el candidato les prometió la deportación masiva de millones de refugiados. El resultado electoral muestra el fracaso absoluto de este armado políitco y de la oposición de izquierda que desde la primera vuelta había renunciado a ir con un candidato propio, para apoyar a Kiliçdaroglu.

Aunque Kılıçdaroğlu se presentó como la oposición a Erdogan, era claro que no era un candidato de izquierda. Su alianza electoral nacionalista "Alianza de la Nación" (Millet İttifakı) aglutinaba a su propia formación, el CHP (nacionalista-kemalista), el partido populista de derecha İYİ y otros partidos conservadores y económicamente liberales como Deva y GP, cada uno de los cuales provenían de rupturas con el AKP, la coalición de Erdogan.

La mayoría de la burguesía turca está satisfecha con el resultado, ya que todavía ven oportunidades con Erdogan y sus políticas bonapartistas para expandir su política exterior y poder militar en la región del Mediterráneo. Los países vecinos como Siria siguen siendo muy inestables debido a las guerras, las crisis sociales y económicas.

La alianza electoral del AKP además tiene la mayoría en el parlamento, lo que incluso hubiera condicionado un hipotético gobierno de Kılıçdaroğlu, que además fue ajustando su discurso hacia promesas más nacionalistas y racistas durante las últimas semanas y de cara a la segunda vuelta de este domingo.

Es por esto que en las últimas dos semanas ambas campañas se habían vuelto significativamente más chovinistas y racistas. Uno de los objetivos era cautivar a los votantes de Sinan Oğan, el candidato de extrema derecha nacionalista que había salido tercero en la promera vuelta y por lo tanto había quedado fuera del balotaje.
Es probable que sus votos hayan sido distribuidos equitativamente entre los dos candidatos de este domingo. El electorado de Oğan probablemente eligió en base a quién consideraban que llevaría adelante más enfáticamente las promesas de deportación de millones de refugiados, lo que fue puesto en primer plano por ambos candidatos. De la misma manera, el aplastamiento y represión del movimiento kurdo también fue una de las condiciones de las fuerzas ultranacionalistas para dar su apoyo en segunda vuelta.

Resistir en las calles sin ilusiones electorales

Ahora debería quedar claro para todos: Erdogan no puede ser derrotado con elecciones pseudodemocráticas. Ni siquiera a través del Frente Popular, que suscitó esperanzas reformistas y al mismo tiempo hizo concesiones a las fuerzas islámicas y racistas. Es necesario acabar con la desmoralización que ha provocado en amplios sectores, y que afecta principalmente a la izquierda política en Turquía.

A pesar de su victoria, Erdogan no podrá gobernar sin resistencia. Antes de las elecciones, la creencia generalizada era que la inflación, los terremotos de los meses previos y los escándalos políticos serían suficientes para sacar a Erdogan de su cargo, pero eso no fue así. Sin embargo, se trata de una victoria pírrica, que irá debilitando su fuerza. La mitad de la población lo considera un dictador y su hegemonía es frágil.

Erdogan mantendrá su política bonapartista y contará para ello también con el apoyo de los países europeos que miran a un costado con tal de que respete el acuerdo migratorio que impide que millones de refugiados llegues a sus países. Es así que el canciller alemán Olaf Scholz felicitó inmediatamente a Erdogan con las siguientes palabras: "Alemania y Turquía son socios y aliados cercanos; también estamos estrechamente conectados social y económicamente. Felicitaciones al presidente Erdoğan por su reelección. Ahora queremos avanzar en nuestros problemas comunes con renovado vigor". Los "problemas comunes" presumiblemente significan la entrega de armas para la guerra de agresión contra Kurdistán y el acuerdo de migración que impide que millones de refugiados ingresen a Europa, y por último, pero no menos importante, el "reclutamiento de personal calificado": trabajadores con salarios bajos, que faltan en Alemania.

Sin embargo, es de esperar que esta contradicción entre la necesidad de mantener una políitca de "mano dura", en el marco de las elecciones más reñidas en los 20 años que lleva en el poder, y una profunda polarización política y social, lleve a una mayor resistencia en el próximo período.

Como señalan nuestros compañeros de Klasse Gegen Klasse "Es necesario luchar juntos y unidos contra este régimen. Con manifestaciones, protestas masivas y con la huelga general contra la política racista, contra las deportaciones de refugiados, contra la criminalización de los kurdos, la izquierda y el colectivo LGBTI. Ni Erdogan, ni Kılıçdaroğlu, ni la ilusión de un Frente Popular para ganarle, iban a llevan adelante una política favorable a los trabajadores, a las mujeres, a los migrantes, a la comunidad LGBTI o a la juventud, ante la inflación, la crisis económica y la guerra."



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