Racismo: mulatos contra negros

El 23 de septiembre 2013 la Corte Constitucional Dominicana emitió sentencia que evidencia uno de los aspectos más lamentables e injustos de nuestra historia latinoamericana; el colmo: racismo entre nosotros mismos.

La Corte ordena negar la nacionalidad dominicana a todos los ciudadanos, nacidos después de 1929, cuyos padres sean personas nacidas en el extranjero. El exabrupto impone que estas sean deportadas y quedarse apátridas, con base en el hecho de que sus ancestros se considera, ahora, como si hubieran estado simplemente "de paso" en el país. Especie de zombis. Terrible. Qué, la aplicación de una medida retroactiva afecte, por lo menos, a 250.000 ciudadanos de ascendencia haitiana que hoy se tienen por dominicanos.

Mandato que actualiza el problema racial y vuelve a presentar brotes de intolerancia contra la "pobre, negra y francófona" República Haitiana, motivada por aquellos con poder, en la hispanófona, mestiza y relativamente próspera República Dominicana. Innegable el anti-haitianísmo de la ley. Que busca convertirse en manera de reivindicar la dominicanidad. Y, originada en el odio que algunos dominicanos sienten hacia los haitianos, fomentado históricamente por la élite, la llamo así a falta de otro adjetivo, que tipifique el barbarismo racial.

Por esta vía de la negación identitária, muchos dominicanos llegan a creer que los negros son únicamente los haitianos, por tanto, pueden ser objeto de discriminación. Esta clase dirigente se toma por mulata –blanqueada- no por negros; pero, la composición étnica dominicana, dice algo diferente, tiene 11% de población negra, 73% mulata y 16 % blanca.

Es manía racial que también impulsó el dictador Chapita al demostrarse obsesivo con el tema del color de la piel, síndrome que lo hizo adicto a los polvos cosméticos para aparentar ser más blanco. Para completar, obligaba a su Ministro de información a llevar a cabo modificaciones en el colorido de sus fotos y retratos. Remataba su posición demostrando gran animadversión hacia lo haitiano, sentimiento que se hace mas contradictorio, considerando que Trujillo en tanto mulato acomplejado, se dedicó a reforzar con políticas tiránicas la visión hispana “desarrollada” de la parte mas aventajada, económicamente hablando, de la sociedad dominicana.

Joaquín Balaguer, como buen discípulo de Trujillo, continuó con el proyecto de la creación de una identidad nacional con base al uso de posturas que se buscaban a través de la degradación de la gente de color y el desarrollo de posturas de actitud anti negros. En su libro La Isla Al Revés Haití y el Destino Dominicano, (1983) analiza quizás, por primera vez en la literatura del país, el problema presentado por la presencia , en la misma isla , de dos pueblos de orígenes muy diferentes. Aunque se proponía mantener una absoluta imparcialidad en todo el desarrollo de la problemática, deja una rastro que llama la atención cuando dice: “el contacto con el negro, ha contribuido, sin ningún género de dudas, a relajar nuestras costumbres…..” y sostiene además que ...”en la mayoría de los dominicanos existe también un fondo supersticioso que no puede explicarse sino como la presencia en nuestra sangre de rasgos característicos del primitivismo de la raza africana”.

Sin duda que datos existen de la intención de algunos políticos de desafricanizar el país como se presiente en el texto de Balaguer. En cuyo fondo trata no solo de asunto del negro como color de piel, sino, va mas hondo aún, de la cultura originaria de éste, y cuanto en esto, encarna el pueblo vecino de Haití.

Este proceso empujado de forma artificial, lenta y continuada, sin duda a llegado a producir un desajuste entre la sociedad y la buscada identidad nacional. Sin duda es un hecho que fomenta el racismo de manera indirecta, pues se llega, entre otros prodigios, al exceso de asociar dominicanidad con hispanidad.

El resultado de esta mezcolanza de elementos es qué, en la creación de simbolismos étnicos, se a instalado el atavismo, de llegar a tener la dominicanidad, como un fenómeno asociado con las pieles claras, cuando los dominicanos pueden llegar a ser, -según los datos étno demográficos-, de cualquier color. Puesto que los procesos del mestizaje alcanzado por la presión de los flujos migratorios que ha recibido el país desde la colonización, hasta hoy, lo hace una realidad impredecible.

Ojalá que alguien los ilumine y miren el efecto de su impostura.











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Tulio Monsalve


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