Provocaciones, mistificaciones y hazañas imaginarias

La Guerra de Estados Unidos contra el Terrorismo

Traducción desde el inglés por Sergio R. Anacona

Strategic Culture Foundation                 

http://www.strategic-culture.org

 

Hace una década el 11 de septiembre el World Trade Center (Centro Mundial de Comercio, CMC) fue destruido por un “ataque terrorista” en la ciudad de Nueva York.  Contrario a todos los esfuerzos de la maquinaria propagandística y desinformativa del Imperio, la creencia en la complicidad de los halcones del gobierno de Bush en todo esto no disminuye en el discurso público, sino más bien gana millones de seguidores en todo el mundo.

 Aun aquellos que no se interesan en la política mundial están comenzando a discernir la agenda detrás del drama que estremeció el corazón de Nueva York.  Luego del colapso de la Unión Soviética, el complejo militar-industrial norteamericano con desesperación necesitaba una amenaza creíble planteada por un fuerte y letalmente peligroso enemigo.  Los halcones le dieron ese papel a Al Kaida y a su líder Osama Bin Laden, ex agente de la CIA que había liderado la resistencia de los mujahidín contra los soviéticos en Afganistán.  

Se hicieron urgentes preparativos, en parte por los ex patrones de la CIA de Bin Laden y el servicio de inteligencia paquistaní, para asistirlo a montar un retorno en la nueva era y en su nuevo rol de líder del terrorismo global y clandestino con nuevos agentes de los países musulmanes infiltrando Al Kaida durante el proceso.  Prácticamente es irrelevante si Bin Laden estaba siendo utilizado o a sabiendas se metió en el juego, en todo caso, él cumplió cabalmente su misión. En el pasado distante, el mil millonario saudita y notorio conspirador posiblemente pensó en engañar a sus titiriteros simulando una lealtad y disposición para permanecer bajo su control pero cuando el plan falló, Bin Laden rompió los vínculos con la CIA y se convirtió en el escurridizo campeón de la Yijad antinorteamericana y antioccidental.

 Hasta ahora no está claro quien de los miembros del gobierno pudo haber sancionado la ofensiva de Al Kaida dentro de Estados Unidos.  Las hipótesis tienden a converger en Dick Cheney, hombre de decisiones riesgosas y admirador secreto de Adolfo Hitler.  

La motivación de Cheney fue sin duda patriótica: él buscaba conservar a cualquier costo el status de superpotencia de Estados Unidos, para asegurar el control por parte del Imperio de las riquezas petroleras de Irak, Libia e Irán y completar así el proceso de encerrar a Rusia dentro de un círculo de bases militares norteamericanas y además superar la crisis económica hacia la que evidentemente se deslizaba Estados Unidos.

 Eventualmente, como lo demostró  CNN en vivo, el asombroso potencial de los grupos convenientemente disfrazados de Bin Laden que tomaron en vuelo varios aviones de pasajeros  dentro de Estados Unidos y estrellándolos contra los blancos condenados por Al Kaida, el CMC, el Pentágono y la Casa Blanca donde no tuvo éxito.  La Casa Blanca fue más afortunada el avión condenado por los atacantes cayó a tierra tal vez debido a la acción de los pasajeros o porque fue derribado por un avión caza.  

Los autores de la acción consiguieron lo que querían: el mundo quedó en un estado de perplejidad.  Dicho sea de paso, los informes iniciales mencionaron un total de doce aviones de pasajeros.

 Casi sin excepciones, los países de todo el mundo –hasta Cuba que durante décadas ha soportado ataques perpetrados por terroristas que la CIA apoya financieramente y refugia en Miami—se apresuraron a expresar su solidaridad con Washington.  No fue necesario que Bush explicara en ese momento que aquellos que no estuvieran con Washington, eran automáticamente sus enemigos—aparte de eso, ningún político oficial pensó en distanciarse de la guerra global contra los enemigos de Estados Unidos.  

La fascinación mundial proyectada por el ataque, en realidad no tardó mucho en desvanecerse, pero la meta había sido alcanzada.  Al Kaida logró infectar al mundo con una fobia sin precedentes.  Las tecnologías de la realidad virtual que hacían parecer cómo numerosos terroristas atacaban la civilización occidental desde todos los ángulos empleando diferentes medios para causarle daños irreparables, crecían día a día.

 Washington advertía a sus aliados que ellos tendrían que pelear hasta el final a menos que los terroristas abrieran huecos en las defensas de Europa y América Latina o se atrincheraran aun más profundamente en Asia y África.  

No obstante los desafíos, los verdaderos amigos de Estados Unidos fueron de este modo obligados a sacrificar sus vidas en nombre de la libertad y la democracia.  El Pentágono no se deja llevar por sentimentalismos cuando hace que lituanos, estonianos y latvios arriesguen sus vidas bajo banderas de la OTAN en Afganistán.  Dentro de la misma solidaridad, los aliados latinoamericanos de Washington  como Colombia, Honduras y El Salvador terminaron contribuyendo a las guerras neocoloniales del siglo XXI.

 Durante el período 2003-2005 el desafiante Hugo Chávez refutó varias veces el informe de Washington sobre los ataques del 11 de septiembre.  En septiembre del 2006 expresó tajantemente la creciente credibilidad de la hipótesis mediante la cual se justificó las invasiones de Afganistán e Irak que siguieron a continuación y las amenazas que Venezuela, entre otros, tuvieron que enfrentar, el Imperio en realidad planificó e implementó el sanguinario acto terrorista contra su propia nación y extranjeros que laboraban en el CMC.  Chávez sostuvo la versión dada por el periodista Carlos Sicilia durante un programa de la televisión estadal apoyado por reconocidos ingenieros y arquitectos en el sentido que los edificios del CMC fueron demolidos mediante cargas de dinamita previamente instaladas, destacando el hecho que los restos del avión de pasajeros, incluyendo las turbinas de titanio que siempre pueden encontrarse después de un accidente, no fueron halladas.  

Chávez señaló las debilidades principales en el informe norteamericano sobre el supuesto ataque terrorista contra el Pentágono.  Según se informó, el avión de pasajeros que impactó la pared del Pentágono a las 9:38 de la mañana era un Boeing 757-200 del vuelo 77 de American Airlines, pero está el hecho que su toma nunca fue demostrada.  Posteriormente se sugirió que el Pentágono pudo haber sido alcanzado por un misil crucero.

 El lugar fue rápidamente aislado por funcionarios de civil, probablemente agentes de la CIA, quienes meticulosamente rastrearon el lugar para recoger cualquier remanente del aparato.  Los videos de las cámaras de vigilancia cercanas fueron clasificados y una teoría razonable sobre el incidente que debió haber sido formulada por el gobierno norteamericano, brilla por su ausencia.  Algunos blogueros expresaron la opinión que los hipotéticos parámetros de un misil crucero se ajustaban a aquellos del misil Granit de la marina rusa, lo cual desató especulaciones en el sentido de involucrar a Rusia, lo cual sería un elementos del plan original.  A Moscú se le podría plantear serios interrogantes en torno a las circunstancias en que los terroristas consiguieron un misil crucero y acerca del estado de la seguridad de los arsenales de Rusia, y aun más, presionarlo para que permita ponerlos bajo control internacional.  No hay información en torno a por qué el plan no se llevó a la práctica –quizás fue suspendido por el hecho que Moscú estuvo dispuesto a colaborar con Washington en la lucha contra el terrorismo.  Posteriormente, Rusia autorizó en su territorio rutas de suministro para abastecer a la coalición internacional en Afganistán….  

La muerte de Bin Laden en Paquistán es otro ejemplo de la mistificación agitada por los servicios de inteligencia norteamericanos.  Oficialmente, después de años de cacería, EU ubicó a su enemigo número uno en la próspera ciudad de Abbottabad en Paquistán a unos 50 kilómetros al noreste de Islamabad donde fue muerto en un fiero combate con una unidad de Seals de la marina norteamericana.  El presidente B. Obama y su gabinete, incluyendo a la Secretaria de Estado, Hillary Clinton observaron la operación en directo.  Esa misma noche, Obama lanzó la noticia a la nación diciendo que se había hecho justicia con Bin Laden, el hombre responsable de la muerte de miles de personas.  El cuerpo de Bin Laden fue lanzado a las aguas en el Mar de Arabia sin fotografías póstumas debido a consideraciones éticas.  Representantes de servicios de inteligencia iraníes, turcos y otros, sostienen que Bin Laden murió por causas naturales.  Berkan Yashar, político turco de origen chechenio, quien conoció de cerca de Bin Laden durante los primeros años 90 declaró al Canal 1 de Rusia que Bin Laden murió el 26 de junio de 2006 (supuestamente de fiebre tifoídea) y fue enterrado en secreto en una región montañosa cerca de la frontera de Paquistán y Afganistán.  Yashar supo de la muerte de Bin Laden por sus guardaespaldas y cree que la CIA consiguió la información acerca de la ubicación de la tumba.  La operación de Abbottabad se montó para “legalizar” la posesión del cadáver de Bin Laden por parte de Estados Unidos y marcar el término exitoso de la operación antiterrorista que duró años.  Exhibir el cadáver largamente descompuesto habría dejado inutilizable la versión de su muerte, el cuerpo fue rápidamente arrojado al mar.  Los Seals de la marina que tomaron parte en la operación y que podrían revelar la historia verdadera, murieron poco después en circunstancias sospechosas.  Todo esto se combina en una derivación relativamente menor del drama de la muerte de miles de personas en el Centro Mundial de Comercio.

 Ha concluido la primera década de la guerra del Imperio contra el terrorismo.  Ha sido una campaña bastante exitosa en términos de la verdadera agenda pragmática detrás de ella.  Lo que Washington necesita ahora es otro caso impactante de terrorismo que lo ayude a concitar apoyo global para Estados Unidos y convencer a sus ciudadanos de apoyar políticas de línea dura. Algunas teorías conspirativas se construyen en torno al supuesto que la presidencia de B. Obama, a priori, tendría que concluir con su muerte a manos de terroristas.  Esperemos que esto no suceda, pero aquellos que mandan tras bastidores en Estados Unidos tienen sus propios designios.  Podría ser que un nuevo Lee Harvey Oswald, posiblemente un nicaragüense, un venezolano o un ecuatoriano y un equipo de apoyo altamente profesional ya esté organizado y listo para realizar su trabajo.  
 

Nota.-  Sus comentarios y opiniones sobre este artículo serán bienvenidos en

 editorial@strategic-culture.org



Esta nota ha sido leída aproximadamente 2380 veces.



Nil Nikandrov

Periodista y analista político escribiendo frecuentemente en la revista rusa internet Strategic Culture Foundation.

 editorial@strategic-culture.org

Visite el perfil de Nil Nikandrov para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes: