Reflexiones sobre el proceso y la política económica (II)

En la primera parte de este artículo publicado en el día de ayer, revisamos las medidas anti-inflacionarias del gobierno, en particular, la compra-venta de bonos, ahora seguiremos analizando otras materias importantes de lo que debe ser la política económica del gobierno.

Otra medida implantada para combatir la inflación ha sido la reducción del IVA, de un 14% hasta llegar a un 9%, esta medida ha tenido un impacto que se ha sentido, porque de un día para otro los precios bajaron, pero su efecto es coyuntural y de corto plazo, casi cosmético. Esta reducción significa que la gente dispone de más dinero para dedicarlo a comprar mayor cantidad del mismo bien o comprar cantidades de otro bien que no consumía. Este tipo de medidas, impactan el índice inflacionario, permitiendo que a fin de año haya una tasa de inflación acumulada menor, sin embargo, no ataca la causa del problema. De hecho, después de la primera reacción de descenso de la inflación, ésta ha vuelto a repuntar. Podríamos decir que ha sido una medida más bien efectista que verdaderamente efectiva.

Haciendo referencia a otro problema macroeconómico de importancia para cualquier gobierno, a saber el problema del desempleo, podemos señalar que este flagelo aún no ha sido erradicado, aún cuando ha habido un descenso, el desempleo aún ronda el 10% de la población económicamente activa, sin entrar en la polémica de que muchos de los que se considera empleados, en verdad, trabajan en la informalidad o se encuentran subempleados.

Ahora bien, el nivel de empleo en una economía es una variable que responde básicamente al comportamiento de la inversión nueva. Es decir el gasto que se hace en la adquisición de nuevas materias primas, maquinarias y contratación de personal para producir más bienes y servicios. De esta manera, hemos ligado el empleo con la producción. Un crecimiento de la producción interna de un país va acompañado de un incremento en el empleo. En este sentido, podríamos pensar que estamos en una situación en la cual la mesa está servida para resolver el problema del desempleo, debido a que tenemos un fuerte crecimiento de la demanda interna catapultada por la vía del gasto público, por lo tanto, es un buen negocio para los productores privados lanzarse de cabeza a invertir y aumentar la producción y obtener como resultados mayores ganancias. Sin embargo, la realidad no confirma nuestra suposición, el empleo no ha aumentado en la cantidad necesaria para acercarnos a una situación de pleno empleo, debido a que la inversión productiva privada ha sido del todo insuficiente y el gasto de capital del Estado no ha sido tampoco suficiente como para alcanzar dicho objetivo. Con respecto al gobierno, podemos decir que el gasto corriente con fines sociales ha predominado con respecto a la inversión pública, generando un crecimiento de la demanda agregada pero no empleos en la cantidad requerida. Con respecto al sector privado, se puede observar una renuencia a invertir debido al temor que le causa el discurso socialista del gobierno y reacciona más a una expectativa futura que a una realidad existente.

En este punto es bueno recordar que el sector empresarial venezolano nunca se ha caracterizado por su nacionalismo a la hora de reinvertir sus beneficios en el país. Hace muchos años atrás, en el primer gobierno del Presidente Carlos Andrés Pérez, el sector privado comenzó a disminuir su participación en la inversión productiva, sacando grandes cantidades de dinero fuera de Venezuela. Un sector acostumbrado a obtener márgenes de beneficios en algunos casos escandalosos, que eran cambiados en dólares y viajaban sin restricción alguna a los bancos de Estados Unidos. Esa misma clase empresarial, es la que hoy se siente muy poco estimulada a invertir al sonido del lema Patria, Socialismo o Muerte.

En un sistema económico capitalista con un gobierno con discurso socialista como el que tenemos hoy en Venezuela, la inversión no es una variable que responderá muy bien a un crecimiento de la demanda agregada y el ingreso. De hecho, la inversión en cualquier parte del mundo, es una variable que responde a otros estímulos, una tasa de retorno de la inversión elevada, libertad de precios, libre movilidad de los beneficios obtenidos, seguridad para la inversión, un ambiente político sosegado, etc.

En el caso venezolano, a pesar del crecimiento del ingreso y la demanda agregada de bienes y servicios, la inversión privada no reacciona en forma proporcional y directa, lo que puede forzar al gobierno a echar sobre sus hombros la carga de la inversión privada. Un gasto corriente creciente y un gasto de capital también creciente puede ser una bomba de tiempo, debido a que éstos dependen del ingreso petrolero, los cuales crecerán o bien por un aumento de los precios o un incremento de los volúmenes de exportación de crudo. Si esto no ocurriera, podría llegarse al punto en que las reservas internacionales se vieran afectadas y/o un comenzara un proceso acelerado de endeudamiento externo. De hecho, en los últimos tiempos, hemos visto una merma importante en las reservas internacionales, que se diga lo que se diga, son recursos que han ido a parar al gasto público.

Recientemente, el presidente ha anunciado un aumento de sueldos para las Fuerzas Armadas de un 30%, ésto puede verse como un gasto social adicional, sin entrar a considerar la justicia de la medida, es un torrente de dinero que va a exacerbar el consumo presionando los precios al alza. Asimismo, en un programa de televisión le escuché decir al Presidente que autorizaba que se duplicara el monto asignado a las becas de Fundayacucho. Y en la reunión con los innovadores, también señaló que se aumentaran los recursos destinados a este sector. En resumen, la política social del gobierno sigue consumiendo sumas crecientes del presupuesto, lo que significa que son recursos que no van a la inversión reproductiva sino al consumo y dificultan enormemente el éxito de una política anti-inflacionaria.

Aquí también es bueno tener en mente, que el aumentar el gasto público es lo más fácil de hacer, igual que en la esfera privada, para cualquiera de nosotros es muy fácil aumentar nuestros gastos y endeudarnos, lo difícil, es tener la disciplina para mantener un presupuesto equilibrado, un nivel razonable de deuda y la disciplina para el ahorro. Gastar es muy fácil cuando nuestros ingresos son elevados, pero siempre conviene un grado de prudencia. Para un gobierno así como para un particular resulta muy difícil y penoso reducir gastos, y eso es algo, que se hace cuando hay una crisis en la afluencia de los ingresos, además, es algo que ya ha ocurrido en Venezuela y no tenemos una bola de cristal para decir que eso jamás sucederá de nuevo.

Tenemos que admitir, que la posibilidad que ha tenido el gobierno de implantar una política de mejoramiento del nivel de ingresos de la población más pobre, masificación de la educación, masificación de la atención médica primaria, pensiones y jubilaciones y muchos otros programas sociales, ha sido posible por el incremento de los precios petroleros a niveles record. Y aquí, yo no quiero caer en lo que le dice la oposición al gobierno, en el sentido de calificar el fenómeno, de situación totalmente fortuita; hay que recordar que el Presidente una vez que llegó al poder, se montó en un avión y recorrió los países de la OPEP buscando darle un nuevo aire a la organización y logró que se realizara una reunión cumbre de la organización en Caracas, y que esta labor, tuvo sus frutos en una recuperación de los precios. Que hayan existido otros factores causantes del alza violenta de los precios del petróleo no lo ponemos en tela de juicio, pero no hay que ser mezquino con la visión y la actuación que tuvo el Presidente Chávez en su momento.

Ahora bien, aumentar la capacidad adquisitiva y mejorar la calidad de vida de la población más pobre del país por la vía del gasto público no significa una transformación estructural en el esquema de distribución del ingreso. De hecho, todo lo que se ha logrado podría ser revertido fácilmente y en un corto plazo. Por ejemplo, en el caso de que hubiera una reducción drástica de los ingresos petroleros, esto podría originar recortes importantes en el gasto social, o en el caso de la necesidad de que el gobierno tome la responsabilidad directa de la inversión en el sector productivo. Por último, en el caso de que hubiera un cambio de gobierno de signo contrario al actual, la política económica podría ser muy distinta, aplicando con seguridad, recortes importantes en el gasto social.

Un proceso de transformación estructural del esquema de distribución del ingreso sólo se puede obtener por la vía de una diversificación efectiva de la economía reduciendo la dependencia de los ingresos petroleros, un desarrollo agrícola que reduzca la dependencia alimentaria del exterior a un mínimo, una inflación baja y controlada, un incremento sostenido de sueldos y salarios acorde con aumentos en la producción y la productividad.

En la tercera y última parte de este artículo, planteo algunas ideas que deberían guiar el proceso de diseñar una política económica coherente y eficaz.

htorresn@gmail.com


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Hernán Torres


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