Testimonio y enseñanzas

Abril: el pueblo rescata la revolución

Los hechos históricos son el rompimiento de la vida cotidiana y cuando ellos se realizan en el fervor de la pasión consciente del pueblo adquieren un alto contenido ético y moral difícil de olvidar. ¡Y como olvidar! Aquellos días del 11, 12 y 13 de abril, que marcaron la historia latinoamericana y mundial, la cual estamos obligados a analizarla y poner en práctica mucho de sus enseñanzas.

En aquellos días todo ocurrió como los vientos paraguaneros, fuertes y veloces, los estados de ánimos políticos cambiaron de la defensiva a la ofensiva en cuestión de horas, sin embargo, tod@s l@s camaradas estuvimos pendientes, comunicados y en guardia para aportar lo que fuera necesario asumir desde lo más sencillo, hasta lo más complejo de las tareas en la defensa de lo que ha sido nuestro proyecto de vida: la revolución venezolana.

Nuestra memoria no logra establecer la secuencia en días y horas de aquel abril, sin embargo, ella guarda lo que vale la pena guardar. Esa fecha representa mucho sentimiento de dolor y alegría, sin duda alguna. Me recuerdo aquel día de múltiples llamadas para decirme:

* Vamos pa´lante, nos vemos en el Paramacai, convoca a todos los que puedas.

Así lo hice, pero la alegría se apoderó de mí y decidí irme a la calle, cuando salgo a la avenida Universidad viene Fidel Hernández y Antonio Rodríguez (el pájaro) en una camioneta y me monto rápidamente sin hablar, yo sabía que iban para el mismo sitio que yo. Cuando íbamos llegando a la lomita, Fidel escenificando a Simón Bolívar se monta encima de la camioneta y se cubrió con la bandera de Venezuela y cuando llegamos se levantó lentamente descubriéndose y hondeando la bandera con fuerza, eso hizo gritar a los pocos que en ese momento hacíamos acto de presencia.

En la poca pero significativa presencia de la gente en la lomita al frente del Fuerte Paramacai, no recuerdo haber visto en las primeras de cambio algún rostro público de la dirigencia chavista, sin espera ninguna comenzamos a organizarnos en comisiones y de la nada empezamos las operaciones, lo indispensable en ese momento era concentrar la mayor cantidad de gente, para ello nos movilizamos a los barrios, ubicar un sonido y otras tareas propias de la coyuntura. Entre los camaradas que salieron a convocar la gente de los barrios estaba Víctor García cuestión que no fue muy difícil, ya que muchos de ellos venían bajando como río crecido desde Tarapio, Barrio Unión, La Cidra, La Luz, Las Palmeras y a medida que avanzaba la gente por la avenida Universidad se incorporaban más y cuando llegamos al Fuerte nos encontramos con los consecuentes luchadores del sur, con unos planteamientos más radicales y dispuestos a cualquier vaina ¡A CUALQUIER VAINA!

Cuando llegamos por segunda vez ya el camarada José Pereira con la gente de los Círculos Bolivarianos estaban hablando por un alta voz, algo precario pero inmensamente oportuno para la ocasión encima de un camión viejo, hablaban voces y rostros comprometidos y desconocidos para mí, pero de admirar por su coraje y valentía de tomar la palabra en momentos donde cualquier cosa podía ocurrir, hablar bajo esa coyuntura era exponerse a la muerte de la misma manera que los asistentes. Esos son momentos en que pocos hablan y menos asisten.

Al llegar la tarde, vi a Gustavo Hernández – a quien había visto el día anterior con toda la familia en su carro por haber sido victima de la violencia de grupos furiosos de anti-chavistas en su casa- preocupado porque no había direccionalidad política de aquella irrupción popular -¿acaso se necesitaba?-, pero a esas horas la convocatoria era masiva y aumentaba en número considerable la asistencia en la espera de una salida a favor de la Constitución y del proceso liderizado por el Comandante Hugo Chávez. La espera trae consigo muchos rumores entre ellos “Aristóbulo y Bernal están muertos, los asesinaron” y en eso para aclarar la situación Paula Berbecía, quien me dice, “Alcides estoy asustada”, pero ella como siempre enfrentando los retos, me recuerdo sus ojos de alegría por lo que estábamos viendo y de inmediato se comunico vía celular con el combativo negro e intentamos sacar su mensaje por el precario equipo de sonido sin éxito, Paula fue el altavoz de sus palabras de resistir con fuerza combativa.

Se me acerca Yoel Pérez Marcano – a quien había visto el día anterior para analizar lo que estaba ocurriendo, acordar algunas acciones y hacer unas llamadas claves para las orientaciones al respecto- y me susurro al oído “hermano, los bichos están negociando el regreso de Chávez es un hecho en pocas horas se concreta, la información es de buena fuente”. Ya la alegría se sentía en el ambiente. La lomita se convirtió en un centro de información y comunicación informal que contaba con radios, televisores y celulares traídos por los asistentes, lo cual permitió tener cobertura de las noticias a nivel regional, nacional e internacional. De pronto, el pronunciamiento esperado del comandante –sí mal no recuerdo- de los oficiales del Fuerte Paramacai, a favor de la Constitución Bolivariana de Venezuela en ese momento comencé a ver algunos rostros públicos de la dirección chavista en el estado Carabobo y después todo fue volviendo a la normalidad y la metamorfosis de la angustia a la alegría, de la resistencia a la fiesta se hacia evidente.

En ese momento en que comenzó la normalidad, las lágrimas humedecieron mi alegría y me fui caminando para la casa en la trayectoria me preguntaba ¿Cuánto cuesta construir y soñar que otra Venezuela es posible? ¿Cuánto sacrificio acumulado? ¿Cuánta gente ausente por morir para la vida y las ideas? Estas preguntas se han convertido en un diario interrogatorio para entender que no podemos desviar y traicionar los valores éticos y morales de la revolución que han costado mucho echar andar y contará más aun consolidar la otra Venezuela posible.

De los sucesos de abril ya no nos pueden echar cuento los historiadores, nosotros fuimos protagonistas con nuestra participación de esa gesta de rescate de la revolución que sólo contó con coraje, pasión y conciencia del pueblo que salió a dar la vida a cambio de seguir viviendo la esperanza.

Lejos de ser un evento festivo institucional, el histórico abril amerita algunas observaciones reflexivas en perspectiva de la conciencia histórica sobre todo el porque “Con Chávez manda el pueblo”, abril demostró cual es el sujeto socio-histórico de la revolución y la importancia de la subjetividad política –sentimientos y pasión- en el irrumpir del pueblo. Se trata de una fecha para profundizar la reflexión en el sentido de cómo el pueblo asumió la autodefensa de sus sentimientos y esperanzas, esto no se puede reducir a unos actos de carácter oficial gubernamental. Estamos en tiempos de revolución se hace urgente pensar y establecer métodos distintos, que nos parezcamos al pueblo que emergió en abril del 2002 y dejar viejas y obsoletas conductas de actuar con ostentación insultante desde las instituciones gubernamentales para con estas fechas revolucionarias.

Abril está en nuestra memoria colectiva y sus enseñanzas nos indican que somos un pueblo sabio y paciente con profundas convicciones democráticas y que por el honor de esos días no nos está permitido fallar ni mucho menos aprovecharse y lucrarse con las esperanzas, necesidades y sacrificios colectivos.

Las enseñanzas son múltiples, sin embargo mencionaré algunas que considero fundamentales para el contexto de las tareas del devenir:

o Asumir el ejemplo del liderazgo de Hugo Chávez quien entrego su vida a la decisión del pueblo, el cual respondió con dignidad y coraje, por eso la conciencia juega un papel importante y la participación es clave en la perspectiva del proceso revolucionario.
o La vida social es, en esencia, práctica –dice el viejo Marx- nos corresponde involucrarnos y estar para sentir la pasión del pueblo y convertirla en conocimiento y método de participación y protagonismo con poder de la gente.
o Establecer criterios para la direccionalidad política con elemento endógenos y diversos que están en el seno del pueblo.
o Potenciar el proceso de formación acción militante como una tarea que no tiene espera.
o Seguir impulsando políticas que socaven los cimientos de la dictadura mediática-cínica de los medios de comunicación y teniendo cuidado de no caer en informaciones del querer ser pero no es, por parte de los dirigentes revolucionarios.
o Tenemos que cuidarnos de la traición, hay muchos dirigentes y funcionarios que no implementan o no tienen ideas de cómo hacer de la participación y protagonismo del pueblo, establecida en la Constitución Bolivariana un hecho político, práctico y cotidiano.
o Seguimos en la obligación revolucionaria de destruir el estado representativo y para ello hay que desaprender lo aprendido y establecer nuevas variantes de innovación y creatividad política que pueda llevarnos a tal finalidad.
o No es el vestir y el discurso el que hace al revolucionario, sino su conducta ética y moral acorde con los postulados equidad, inclusión y justicia social.

Siempre que paso por el frente del Fuerte Paramacai, leo el pensamiento de Simón Bolívar que en ese abril de angustia y alegría nos custodió, el cual reza: “el hombre que pone el corazón en lo que hace, encuentra soluciones donde normalmente los perezosos y los indolentes se dan por vencidos”. Seguimos en la terquedad de hacer posible en Venezuela los sueños y esperanzas de justicia e inclusión social, equidad y democracia protagónica y participativa. Seguimos andando. Seguimos luchando.

alcideshb@cantv.net


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