El enredo político del siglo XXI

Durante el gobierno de Chávez Frías se habló de polarización política, lo cual quería decir que solo había dos polos enfrentados, fue esta una tesis muy bien comprada. Lo cual realmente era mentira y eso es posible apreciarlo en los datos del Consejo Nacional Electoral. Existieron tres grupos, al tercero se le denominó despectivamente «ni, ni» y a este grupo lo apartaron porque, a ninguno de los dos bandos, les interesaba sus opiniones. A decir verdad, a este tercer grupo tampoco le interesaban las mamarrachadas que decían y hacían aquellos dos.

Si en ese entonces la cosa se le pintaba clara a esos dos bandos. Ahora la situación es un poco enredada, en particular para los chavistas.

La oposición y sus simpatizantes: Aunque muchos simpatizantes de la oposición han migrado, por razones obvias, éstos se mantienen fieles a quien aparezca en la palestra política y los pueda guiar a un posible triunfo. No importa que los políticos opositores se vayan desgastando y quedando de lado, sus simpatizantes cierran filas en torno a la figura que emerja.

En esto los simpatizantes opositores son consecuentes, tienen la mira puesta en un triunfo que en algún momento llegará. No importa mucho el candidato, lo que buscan es el triunfo sobre sus adversarios los chavistas, y esto les da un objetivo único y común. Esto los favorece mucho, pues les da cohesión permanentemente. Y no se desvían del rumbo trazado.

Los chavistas y sus simpatizantes: Entre los chavistas la cosa no es tan clara y se ha puesto complicada. Pues con el gobierno actual los simpatizantes del chavismo se han dispersado o se han separado en diversos grupos. Veamos dijeron los ciegos.

Por un lado, han aparecido los «chavistas disidentes», éstos son una reducida cohorte que en un momento dado vivieron de las prebendas del poder y desean nuevamente volver a él, reviviendo los ideales del líder. Más de lo mismo, pero ahora los ideales serían implementados por ellos. Algo así: son unos disidentes ortodoxos y guardianes del legado eterno.

Por otra parte, están los simpatizantes que quedaron en la estacada y dicen: «yo soy chavista, pero no madurista». Éstos añoran los tiempos y la figura de Chávez Frías. No quieren calarse al actual mandatario porque los ha hecho pasar mucha hambre y más necesidades. Estos están en un limbo político. No son partidarios del actual gobierno, pero tampoco son partidarios de la oposición.

Otros simpatizantes simple y calladamente se «han puesto a un lado». Unos se han quedado, otros se han ido. Pero ninguno de los dos quiere acordarse que una vez apoyaron esto. Prefieren echar esos recuerdos al basurero de la historia personal. Puede ser que algunos se hayan convertidos en simpatizantes de la oposición, a saber. Lo cierto es que con estos no se cuenta para nada, esa es la posición que silenciosamente han adoptado.

Están los «renegados» que son de aquello que una vez se llamo «izquierda» y que ahora no se sabe qué es o qué son. Estos andan descarriados, son parte de aquellos pequeños grupos de izquierda que casi nunca consiguieron votos, pero eran muy del aguante. Estos son una verdadera minoría, que nadie toma en cuenta. Alguna vez votaron por Chávez Frías.

Están los «chavistas de gobierno», que no se llaman por nada del mundo «maduristas». Son chavistas. Sin adjetivos alguno. Asalariados en puestos de trabajo del actual gobierno y algunos repiten el guión que redacta el Partido; otros tragan saliva, piensan en la quincena y repiten a regañadientes el mismo guión. Estos pueden votar, o no sé sabe, por el gobierno para mantener el puesto de trabajo, y es comprensible porque poner en riesgo la barriga no es cosa fácil; sea del bando que sea.

Están los «chavistas gobernantes». Tienen cargos de dirección en diferentes dependencias y a diferentes instancias del poder (nacional, estadal, municipal, y un largo…) No importa mucho el rango ni la jerarquía. Tal vez, son los que llaman despectivamente «enchufados». Estos serían propiamente los que se podrían llamar «chavistas», pues tienen poder de decisión.

Entre estos últimos están los de más alto nivel. Grupo que no debe ser muy homogéneo. Pues, hay un grupo merideño, otro de la Central y así. Lo que sí es evidente es que se mantienen en el poder, ni por su buen desempeño ni por ser muy eficientes. Eso sí nadie los quiere, pero allí están. Estos también son poquitos, pero tienen las armas. Y eso marca una diferencia abismal.

Puede ser que haya otros grupos más, y seguro que debe de haberlos y están por allí. Sin voz ni voto. Esa debe ser la situación actual. Menos política más confusión.



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Obed Delfín


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