La maquila, último cartucho del Imperialismo

También la "Última fase del Imperialismo", parece tener su última opción.

Debemos criticar más detenidamente las últimas declaraciones del inminente Presidente de EE.UU. relativas al desempleo de mano de obra viva doméstica que sus arruinadas empresas estrellas-Ford Motor Com., GMT, etc.-vienen provocando con la estrategia productiva capitalista conocida como maquila ("moler el trigo en molino ajeno"), léase procesamiento de materias primas en otro país para vender sus productos en el país que las suministra, a ellas y otros medios de producción complementarios, en perfecta armonía con la minimización de costes y máxima ganancia, ley de oro que mueve toda economía capitalista tan fuertemente practicada en el mundo burgués, modo económico que evidentemente, se les está volteando al más conspicuo país que se ha desarrollado con semejante y destructor sistema, muy cuestionable en muchísimos sentidos.

Toda maquila tiene como entronque matricial o modular la propia contratación salarial, misma que celebra un capitalista con un asalariado[1]. Nos explicamos para los poco conocedores de la obra El Capital, de Carlos Marx-conocedores en el sentido de haberla analizado íntegramente, de cabo a rabo, porque es una obra con alta consistencia y coherencia interior, a pesar de su grueso volumen (4 libros en 6 tomos de unas 4.000 pp. de caracteres bajos), haberla analizado, decimos, aunque sólo haya sido en las "envenenadas" versiones que son las que mayormente han llegado a Venezuela procedentes de varias editoriales, burguesas o no[2].

El caso es el siguiente: dada la estructura económica capitalista, esta mantiene separadas la propiedad privada sobre las fuerzas productivas, con inclusión de las personas, burguesas y proletarios, la educación, suelos y subsuelos, costas, ríos, mares, espacio aéreo, vale decir, sobre los medios de producción y en especial de la tierra, con una marcada y férrea división y separatismo de la fuerza de trabajo de los trabajadores o proletarios con bajísima tendencia a su unión solidaria.

Ese modo de producción industrial data de desde unos 3 siglos durante los cuales, repetimos, los capitalistas se encargan de reunir por compraventa los dispersos medios de producción con la desparramada mano de obra mediante su dinero, propio o ajeno, directa o indirectamente[3]. El dinero del inversionista le permite las correspondientes compraventas de esas mercancías, las asocia dentro de la empresa o fábrica y por ahí sigue con su explotación hasta que debe lanzar al mercado las nuevas mercancías objeto de la producción de dicha empresa*.

La explotación capitalista consiste, pues, en comprar y usar a su antojo en forma de maquila una fuerza de trabajo perteneciente al trabajador a quien le paga por dicho uso sólo un salario que dista mucho, en valor adquisitivo, del valor agregado por el asalariado en las mercancías correspondientes durante una jornada determinada[4], valor agregado que desde entonces aquel deja en la empresa.

He ahí la semejanza entre la maquila aplicada al trabajador asalariado y la que están aplicando las empresas capitalistas en el mundo burgués con materias primas y otros medios de producción de EE.UU. que son puestos a a producir fuera del país con miras a venderle a este proveedor de esos insumos las mercancías hechas fuera de sus fronteras para así minimizar sus costes de mano obra.

Véase Manuel C. Martínez M. PRAXIS de EL CAPITAL, Caracas, Gráficas Tao, S.A. 2013.


[1] Asalariado es el nombre científico del trabajador que, carente de toda propiedad de medios de producción, a cambio de una pequeña parte de su trabajo (salario), aplica toda su fuerza de trabajo (trabaja) en la transformación de materias primas que le pertenecen enteramente al empleador como también le pertenecen el resto de medios de producción concomitantes.

[2] Dudamos mucho que las importaciones de libros de la URSS hayan sido realmente editadas en Moscú por editoriales socialistas libres de sutiles adulteraciones por omisiones, negligencias o infidelidades en las traducciones de una obra asaz compleja, novedosa y que requiere de una extraordinaria preparación filosófica, económica y sociológica para su óptima comprensión, a pesar de haber sido escrita para el proletariado de las sociedades burguesas que en sí mismas se caracterizan por una notoria y pasmosa desigualdad educativa y diferenciación de solvencia económica.

[3] Indirectamente, lo hace el financista o la banca.

[4] El uso productivo de la fuerza de trabajo se llama trabajo o creación de valor. Véase Carlos Marx, El Capital, Libro I.



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Manuel C. Martínez


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