El derecho a la rebelión armada

El 26 de marzo se cumplió otro aniversario del fallecimiento de Manuel Marulanda Vélez, legendario guerrillero que, con su heroica lucha, ha escrito medio siglo de la historia de Colombia. En homenaje a su brillante trayectoria de lucha, se creó el "Día Universal del derecho de los pueblos a la rebelión armada contra la opresión". Derecho consagrado en la "Declaración universal de los derechos humanos" (ONU 1948); vigente en la Constitucional Nacional de cada país; y cuyo espíritu nace de la "Declaración de Filadelfia".

Convenio de La Haya.

Según el artículo 2 del Reglamento de las leyes y costumbres de la guerra terrestre, anexo, al IV Convenio de La Haya (1907), son beligerantes:

1.- Los combatientes regulares: miembros de las Fuerzas Armadas (Ejército, marina deguerra y tripulaciones de los aviones militares, con inclusión de los servicios auxiliares) de una parte contendiente, así como los miembros de Milicias y Cuerpos de voluntarios que formen parte de esas Fuerzas Armadas.

2.- Los guerrilleros: miembros de otras milicias y de otros cuerpos de voluntarios siempre que esas milicias o cuerpos organizados reúnan las condiciones siguientes:

a).-que figure a su cabeza una persona responsable de sus subordinados;

b).-que lleven un signo distintivo fijo y fácil de reconocer a distancia;

c).-que lleven francamente las armas,

d) que se conformen en sus operaciones, a la ley y costumbres de la guerra.

3. .El levantamiento en masa. Por tal se entiende a la población de un territorio no ocupado que, al aproximarse al enemigo, toma espontáneamente las armas para combatir a las tropas invasoras sin haber tenido tiempo de organizarse en fuerzas regulares. Será considerado como beligerante, cuando sus componentes lleven las armas abiertamente y respeten las leyes y costumbres de la guerra.

Para que un grupo armado al margen de la ley pueda adquirir el estado de beligerancia, debe cumplir con los siguientes requisitos:

v Debe haber un Estado de hostilidades generalizado.

v Que el conflicto armado entre estos grupos y el ejército legítimamente constituido (y en consecuencia con el gobierno), se desarrolle en el interior del país.

v Que esta fuerza armada se oponga a la legitimidad del ejército estatal y por lo tanto no reconozca la autoridad del Estado.

v Que estos grupos deben poseer un aparato organizado que tenga un mando con la capacidad logística indispensable para manejar grandes grupos de personas bajo su organización. Debe ejercer jurisdicción sobre dicho territorio, es decir, debe establecer un orden jurídico diferenciado y un gobierno (cierta forma de administración ordenada); deben tener control territorial, en otras palabras estar en un territorio determinado dentro del país, donde ejerzan acciones militares permanentes o en algunos casos tengan una legislación interna propia.

v Debe conducir las hostilidades según las leyes y costumbres de la guerra, debe respetar el DHI, establecido en los Convenios de Ginebra de 1949 en su artículo 3.

El artículo 44, párrafo 1, dice que todo combatiente, en el sentido definido en el artículo 43, que caiga en poder de la parte adversa será considerado prisionero de guerra

En estos artículos se determina taxativamente que si se cumplen ciertos requisitos, un grupo como las FARC-EP y el ELN pueden ser reconocidos como grupo beligerante, con lo cual se establece una nueva forma de analizar las acciones violentas y las posibles salidas negociadas al conflicto armado interno. Los varios encuentros entre el gobierno y los frentes guerrilleros (FARC-EP y ELN), les han dado beligerancia y reconocimiento, que el gobierno de Uribe ha desconocido. Y a partir del 11 de septiembre por el derribo de las torres gemelas de Nueva York, todos los movimientos de liberación nacional en África, el Medio Oriente, y Asia, han sido calificados de "terroristas" en desconocimiento de los convenios a que hemos hechos alusión en párrafos anteriores. Las guerras de liberación nacional para la conquista de derechos o contra el colonialismo, nada tienen que ver con "terrorismo".

Como síntesis de lo anterior, en esencia son tres los requisitos:

Primero, existencia de un grupo armado ilegal organizado jerárquicamente, que ostente autoridades que respondan por los actos que él desarrolla.

Segundo, que el grupo alzado en armas contra el Estado ostente el dominio efectivo de parte del territorio de aquel Estado, lo cual significa que en esta porción territorial no es el Estado quien gobierna, sino que la autoridad civil, política y militar la ejerce el grupo armado.

Y, tercero, que el grupo armado sublevado respete las normas del derecho internacional humanitario, DIH.

Tanto las FARC-EP como el ELN cumplen con los requisitos que distinguen a un Ejército de Liberación Nacional: utilizan uniformes y distintivos; portan armas a la vista; tienen jerarquía de mando; orden militar establecido; durante 45 años han ocupado extensos territorios donde rige la organización social de la guerrilla; están enfrentados al ejército regular de la dictadura (oligarquía/jerarquía católica/ imperialismo); luchan por la soberanía, realizan la guerra de liberación nacional contra un ejército extranjero (USA); tienen ideología política; y libran la guerra por las causas que originan el conflicto: derecho de los campesinos a la tierra; derechos ciudadanos; libre ejercicio de la acción cívica de las mayorías nacionales que viven en situación de pobreza, desnutrición, sin educación, sin salud, sin trabajo estable, sin seguridad social.

En 200 años de vida republicana, el pueblo colombiano no ha conocido la paz. La finalización de un conflicto deja siempre las brasas que atizan el siguiente. En un bando figura la oligarquía/jerarquía católica, en su empeño por mantener sus privilegios de clase (1%); y en el otro, las mayorías nacionales (obreros y campesinos) (99%), que reclaman la tierra, mejoras sociales, derechos humanos y participación cívica en la actividad política. De esa larga y sangrienta historia forma parte el actual conflicto que desde hace sesenta años conmociona la tranquilidad del pueblo colombiano. El origen de esa violencia ha sido el Estado, al no darle cumplimiento al pacto social que se establece en la Constitución Nacional.

La llamada "época de la violencia", durante los gobiernos de Mariano Ospina Pérez y Laureano Gómez, dejan más de doscientos mil muertos. Surge la lucha armada como posibilidad de defensa del pueblo trabajador ante la crueldad del ejército, la policía y grupos armados conocidos como "los pájaros" y se suceden las masacres, torturas, detenciones ilegales, asesinatos selectivos y colectivos, quema de poblaciones en zonas campesinas. La oligarquía liberal/conservadora y la jerarquía católica, en defensa de sus intereses y privilegios de clase, imponen la violencia que empujan al pueblo a alzarse en armas. La oligarquía impone la guerra y las mayorías nacionales la asumen como único medio de salvar la vida y defender sus derechos. Los grupos guerrilleros, armados con escopetas viejas, con propósito defensivo y capacidad de lucha, logran articular a la población civil tanto del campo como de las ciudades.

El trágico fenómeno político de la época de la violencia de los años 40 y 50 tuvo su origen en:

Primero. El fin (1930), de la hegemonía conservadora/jerarquía católica, que imponían la dictadura ideológica y represión política contra la oposición liberal.

Segundo. La reacción conservadora/jerarquía católica, al retornar al gobierno, por el triunfo de Ospina Pérez, como consecuencia de la división del partido liberal al presentar las candidaturas de Gabriel Turbay y Jorge Eliecer Gaitán. Cuan caro ha pagado el pueblo colombiano el capricho de la oligarquía liberal de impedir el triunfo de Gaitán en las elecciones de 1946

Tercero. El recurrir las elites partidistas, al régimen militar, y propiciar el Golpe de Estado de Rojas Pinilla (1953), para tratar de contener la violencia desatada en toda Colombia por el partido conservador/jerarquía católica, violencia que encontró como respuesta el ascenso de la lucha de clases (guerrillas liberales), por las tensiones acumuladas durante el último cuarto de siglo (masacre de las bananeras 1928).

Cuarto.- El golpe de Estado (Rojas Pinilla), trajo el inmediato acuerdo de paz por la desmovilización y desarme de las guerrillas liberales, que deja: de una parte, las secuelas del bandolerismo; y de otra, la semilla de las futuras, FARC y ELN.

El INCORA

En Colombia, el primer intento de Ley Agraria ocurre en 1936, conocida como Ley 200, que entre 1948 y 1958 dejó dos millones de desplazados y más de 200.000 asesinatos.

En 1961, se crea el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (INCORA), que duró hasta 1973, cuando se le puso fin a la incipiente Reforma Agraria, por elPacto de Chicoral, entre los partidos tradicionales (liberal y conservador), y los gremios de propietarios de tierras. La liquidación del INCORA conduce a la continuación, prolongación del conflicto armado, que sólo encontrará solución cuando se realice la reforma agraria.

A pesar de todas estas adversidades, las comunidades campesinas, indígenas y negras, no se rinden y siguen en la lucha por la tierra. Lucha que da origen a los frentes guerrilleros en todo el territorio nacional, las FARC y el ELN, entre otros.

Cuando los acuerdos de paz no solucionan las causas que originan el conflicto armado, traen como consecuencia el bandolerismo, realizado por desertores del ejército, antiguos líderes agrarios, pequeños propietarios, expolicías, expresidiarios que se dedican a la venganza y el enriquecimiento. Es cambiar la guerra de liberación nacional por la guerra delincuencial de pandillas.

Cuando los acuerdos o tratados de paz son simple desarme y dejación de la guerra y no la solución del problema que la causa, renace el conflicto con características diferentes. Ocurrió con las guerrillas liberales (Guadalupe Salcedo) y el gobierno de Rojas Pinilla. Ocurrió en Centro América con los Acuerdos de Pazque cambiaron la guerra de liberación nacional por la guerra delincuencial de losMaras en México, Honduras y Guatemala; en El Salvador, la Mara salva trucha M-13 y M-18, agrupaciones de delincuencia juvenil, dedicadas al narcotráfico, la trata humana y la violencia contra la sociedad. Nadie quiere la guerra, sea de liberación nacional o, contra la delincuencia (narcotráfico, tráfico de personas). Guerra es violencia.

La diferencia está en que la guerra de liberación tiene un objetivo noble y justo. En tanto la guerra actual contra la delincuencia en Centro América y México, es para que todo siga igual.

Los tratados de paz en Centroamérica no solucionaron las causas de la guerra. Trajeron otra guerra que se extiende por Latinoamérica como secuela del capitalismo y sus tratados de libre comercio, los TLC, que imponen: explotación, pobreza, desempleo, campesinos sin tierra, maquila, tráfico humano, prostitución, indocumentados, narcotráfico, gobiernos lacayos. Todo financiado con el dinero de las drogas que en Estados Unidos tiene 40 millones de drogadictos. Para suministrarles esas dosis diarias, se requieren grandes redes de distribución que el gobierno de Estados Unidos no ve en su territorio; pero, si las ve en los países de Latinoamérica que, en esa guerra, pone los muertos, mientras en EE.UU. los adictos se solazan con el consumo. Y para colmo, el dinero de las drogas financia la compra de armas a la industria armamentista estadounidense. Todo el negocio queda en casa.

Este inhumano cuadro social puede mitigarse con liquidar las políticas económicas del capital, implementadas por los TLC y la inversión extranjera. En lugar de las transnacionales arrebatarles las tierras a la población nativa, lo práctico sería fomentar la agricultura y crear fuentes de trabajo en cada país centroamericano – economía endógena - única forma de evitar la fuga de mano de obra a Estados Unidos a realizar las mismas labores agrícolas que efectúan en sus países de origen (México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua). Fórmula que contribuiría en gran medida a solucionar el problema de los indocumentados y la tan discutida, aplazada reforma migratoria en Estados Unidos.

Marquetalia: Manuel Marulanda.

Un grupo de guerrilleros liberales más radicales, comandados por Manuel Marulanda, no se acogen al acuerdo de paz (Rojas Pinilla) y se retiran hacia el Sur, en la región de Marquetalia, declarada zona liberada junto con El Pato, Rio Chiquito y Guayabero. Regiones en las cuales, los campesinos acosados por bandoleros, el ejército y la policía, crean mecanismos de autodefensa y supervivencia. Surge la guerra de guerrillas enfrentada a un enemigo más poderoso en hombres, equipo bélico y técnicas militares. Pero, a diferencia de las guerrillas liberales, están armadas ideológicamente. Años más tarde (1964), constituyen las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

En Colombia, a partir de 1930, con la llegada del liberalismo al poder (Olaya Herrera), se abre la posibilidad de crear organizaciones campesinas para reclamar el derecho a la tierra, en lo cual participan el partido liberal y el partido comunista.

Las primeras organizaciones campesinas se crean en Chaparral (Tolima) y en zonas aledañas.

1946: regresa la oligarquía conservadora.

Con el retorno del partido conservador al gobierno en 1946 (Ospina Pérez) --luego de quince años de gobiernos liberales - regresa la oligarquía goda y su aliada, la jerarquía católica (gran latifundista), enemiga de liberales y comunistas, y con sus huestes de chulavitas/cristeros, se lanzan a masacrar a los campesinos que participaban de luchas agraristas. Conocer esta realidad es condición fundamental para entender el porqué, luego de sesenta años, perduran las guerrillas en Colombia.

Los intentos guerrilleros en Venezuela, Ecuador, Brasil, Perú o el Che en Bolivia, fueron promovidos desde arriba. En Colombia surgen de la entraña campesina víctima de la violencia política, de las masacres ordenadas por la oligarquía, la jerarquía católica, y ejecutadas por el ejército, la policía, y las bandas armadas de chulavitas (pájaros). Luego de sesenta años, las masacres se repiten con el mismo horror y crueldad: descuartizamiento de cadáveres, antes con machete (corte de franela, corte de corbata), ahora con moto-sierra; desapariciones y asesinatos; los "falsos positivos" de Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos; las masacres; el despojo de tierras; el desplazamiento de la población campesina de una zona a otra, a pueblos y ciudades o a países vecinos.

Injerencia extranjera.

¿Por qué la injerencia de un país extranjero en el conflicto colombiano? ¿Por qué los organismos internacionales, OEA, ONU, entre otros, no rechazan la injerencia? El objetivo de la ONU es la paz, la convivencia entre naciones y entre nacionales de un país. Durante sesenta años ¿Cuál ha sido la gestión de la ONU para encontrar la paz en Colombia? ¿Por qué permite la invasión por otro país (Estados Unidos, siete bases militares), ambos miembros de la ONU y de la OEA?

Fundación de las FARC.

El grupo de 48 guerrilleros establecidos en Marquetalia, burla el cerco militar del Plan Lazo y realiza una larga marcha para ubicarse en las estribaciones del pie de monte andino y la llanura que se extiende hasta las orillas del Orinoco y frontera con Ecuador, donde multitud de campesinos desbrozaban la selva para instalar conucos que brinden refugio y subsistencia. Huyen de la violencia generalizada en toda Colombia, impuesta por el gobierno de la oligarquía y la jerarquía católica.

El grupo de 48 guerrilleros, comandados por Manuel Marulanda y Jacobo Arenas, fundan en 1964 las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), que en 45 años de organización campesina, han derrotado las campañas militares lanzadas por el gobierno de la oligarquía, la jerarquía católica y el imperialismo, para liquidarlas. Las FARC tienen presencia en todo el territorio colombiano, a pesar de las masacres de la población campesina que realizan el ejército, la policía y paramilitares, con el propósito de destruir la base social de la guerrilla, vanguardia armada del proletariado y campesinado en el conflicto social que enfrenta a la sociedad colombiana. Los intentos de la guerrilla por encontrar la paz, se estrellan contra la porfía de la oligarquía, la jerarquía católica y el imperialismo de imponer la guerra.

En La Habana, desde hace dos años, se encuentra instalada una mesa para las conversaciones de paz entre el gobierno de Colombia/EE.UU; y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo (FARC-EP). Los acuerdos que surjan de esas conversaciones tienen un antecedente, que se cumple con cada intento de paz: VIOLAR LOS ACUERDOS, herencia de los gobiernos colombianos desde la Rebelión Comunera de El Socorro (1871). En aquella circunstancia histórica, la traición la realizó el propio firmante, arzobispo Antonio Caballero y Góngora, al año siguiente, en reconocimiento fue nombrado virrey de la Nueva Granada (1872-1888).



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León Moraria

Nativo de Bailadores, Mérida, Venezuela (1936). Ha participado en la lucha social en sus diversas formas: Pionero en la transformación agrícola del Valle de Bailadores y en el rechazo a la explotación minera. Participó en la Guerrilla de La Azulita. Fundó y mantuvo durante trece años el periódico gremialista Rescate. Como secretario ejecutivo de FECCAVEN, organizó la movilización nacional de caficultores que culminó en el estallido social conocido como el ?caracazo?. Periodista de opinión en la prensa regional y nacional. Autor entre otros libros: Estatuas de la infamia, El Fantasma del Valle, Camonina, Creencia y Barbarie, EL TRIANGULO NEGRO, La Revolución Villorra, los poemarios Chao Tierra y Golongías. Librepensador y materialista de formación marxista.

 leonmoraria@gmail.com

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