El Príncipe Anarquista

Pedro Kropotkin (1842-1921), nacido en el seno de la aristocracia rusa, desarrolló una concepción anarquista de inspiración comunista. Este pensador se “distingue por la sistematicidad y coherencia de su pensamiento, por el intento de fundamentar sus ideales socialistas en los resultados de la investigación científicas”. Kropotkin piensa que existe un movimiento de desarrollo natural hacia el bienestar de la humanidad; pero que el Estado y la legislación actual, es decir la legislación en los últimos años del siglo XIX, obstaculizan la vía a esa evolución, beneficiando a una minoría. “Todos tenemos derecho de vivir cómodamente”, nos dirá en sus “Memorias”, aunque existe un grupo de privilegiados que aspiran a evitarlo a fin de disponer de mayores comodidades, que al fin y al cabo, terminan por no disfrutar.

En este aspecto, su visión comunista de la sociedad le hace discrepar abiertamente con las ideas de propiedad. Para él debe abolirse y dar paso así a un sistema de distribución según las necesidades: “De cada uno según capacidades, a cada uno según su necesidad”. La ética de Kropotkin se inserta a través del enriquecimiento intelectual y el desentendimiento de lo material. La ética de Kropotkin, que rechaza toda fundamentación teológica o metafísica, que no acepta en modo alguno la retórica de las ideas de Platón o el imperativo categórica de Kant, que se presenta casi como un capítulo de la biología y de la sociología, no deja de comportar un cierto innatismo.

En otro aspecto, Kropotkin quería demostrar que “toda propiedad privada supone una usurpación del trabajo y del pensamiento ajeno”. Como el peso de sus ideas se inclinaba con mayor brevedad hacia la comunión de bienes e individuos, Kropotkin proponía el bienestar para todos los individuos y la apropiación como medio drástico de lograr esa sociedad igualitaria.

El Estado por su parte, es, para Kropotkin, una “sociedad de seguros mutuos entre los terratenientes, los militares, los jueces y los sacerdotes, a fin de apoyar cada uno la autoridad del otro sobre el pueblo y de explotar, para enriquecerse, la pobreza de las masas.

En consecuencia, es menester liberar al pueblo del yugo del Estado, a través de un cambio rápido que haga resurgir un sistema de organización que brinde las garantías necesarias para el disfrute del bienestar de la libertad. El cambio rápido y definitivo se podrá dar, nos dice Kropotkin, a través de una Revolución Social al iniciarse es preciso que se convierta prontamente en un movimiento popular expansivo, durante el cual, en todas las ciudades y aldeas ganadas, por el espíritu de la insurrección, las m asas pongan inmediatamente y por sí mismas manos a la obra, reedificando la sociedad sobre nuevas bases.

A todas estas, Kropotkin, en el contexto de los principales pensadores anarquistas, converge en una meta: buscar la libertad para alcanzar la sociedad del bienestar. Su postura, con su comunismo y evolución natural de la sociedad, contrasta con Proudhon, con su mutualismo y contrato federal; con Bakunin, con su colectivismo y revolución comunal…Dentro del marco del pensamiento anarquista, va asimilando progresivamente las ideas y a su vez generando nuevas ideas en un mundo cada vez más “reactivo”.


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Ramón Eduardo Azocar Añez

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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