Washington y la estabilidad venezolana

La caída de las reservas estratégicas petroleras (SPR) en EE. UU. se detuvo. En los últimos tres años el mínimo fue de 347,16 millones de barriles en julio de 2023 y actualmente se ubican en 372,60 millones de barriles, según datos de la Agencia Internacional de Energía. Desde entonces, el precio del petróleo no logra superar los 94 dólares, a pesar de la demanda que existe. Este reciente ritmo de crecimiento de las SPR es prácticamente el doble en promedio anual, de lo registrado en los 35 años que para Estados Unidos tomó llevarlas a más de 700 millones de barriles. Lo anterior indica de la urgencia de aumentar estas reservas.

La crisis geopolítica en Europa, Asia y el Medio Oriente, obligó a Washington a un proceso de distensión con Caracas. Del mismo se comenzó a tener conocimiento desde principios de 2022, por filtraciones. Venezuela y Guyana se convierten en los pilares energéticos de Occidente, en un pulso en el Caribe, en que Rusia, China e Irán, mantienen sendos lazos con Venezuela, país que podría ser incluido en los BRICS.

La semana pasada se hizo público que Caracas y Washington reanudaron sus conversaciones y negociaciones. El tono es ahora menos agresivo, lo que es bastante revelador. Al mismo tiempo, la OFAC sigue extendiendo licencias como la reciente para la exportación de gas natural. Mientras, Panamá cierra los pasos por la selva de Darién, Perú extrema sus condiciones para el ingreso de venezolanos y desde la Iglesia en Venezuela, la cara del Vaticano, se lanzan mensajes de diálogo, reconocimiento y de negociaciones.

El tema de la liquidación de Citgo se pospuso para septiembre. Así que Nicolás Maduro no tendrá como ventaja el discurso de que la refinería venezolana se habría perdido a causa de la figura de Alter Ego originada por el gobierno interino, debido al endeudamiento que el gobierno venezolano hizo con los bonos 2020. Esto último ha sido un alivio para los sectores de oposición y una clara advertencia a Caracas, de que los partidos políticos opositores que controlan Citgo, no están del todo abandonados, por lo menos por ahora.

Todos esos aspectos se alinean mientras se acerca la fecha de las elecciones presidenciales en Venezuela. Los nexos de este país con Chevron, desde que Hugo Chávez fue presidente, se mantienen en un intercambio pragmático. Para los norteamericanos y europeos, estos últimos con ENI y Repsol, es ahora una prioridad evitar en Venezuela cualquier caos que amenace la recuperación del bombeo en este país, que está por alcanzar nuevamente el millón de barriles diarios. Esto indica que Washington no apoyaría alguna insurrección que ponga en riego la estabilidad. Suficiente con Kiev y Gaza.

Pero estabilizar a Venezuela con Maduro en el poder, es estabilizar al actual gobierno. A pesar de que, en medio de esta realidad, se pueda ver a Maduro como un vencedor, Washington aún tiene a su favor la Licencia General 41, que pone, de alguna manera, controles de quienes pueden y quienes no, explotar petróleo en Venezuela. Es decir, este país, en medio de su debilidad institucional, para que una empresa extranjera se instale a explotar petróleo, la operación debe contar con el visto bueno de los norteamericanos. Esta situación ha permitido a grupos de izquierda radicales, enfrentarse al gobierno de Maduro, al que incluso algunos le señalan de ser el candidato de Joe Biden.

En materia petrolera, Washington se está moviendo dentro de sus objetivos, en función de evitar nuevos brotes inflacionarios debido a que se acercan las elecciones de EE. UU. Ahora se mueven en el aspecto laboral. La semana pasada, el informe del desempleo en ese país reportó un aumento a 4,1 %. Esta es la tasa más alta registrada desde abril de 2022. El acuerdo entre Panamá y Washington de bloquear pasos en el Darién, llega en un momento en que parte de la estrategia norteamericana para ralentizar su inflación, es enfriar el mercado laboral. Esto significa que ya no hace falta más migrantes y que, en el caso de los venezolanos, será más difícil ingresar a Norteamérica.

Pero a Washington no le funciona tampoco que los venezolanos se queden en su país en medio de un caos político que destruya la poca estabilidad alcanzada en el último año. Porque eso pone en riesgo el aumento del bombeo petrolero, por lo que están obligados a que la estabilidad en Venezuela se mantenga. Es sabido como, desde la distensión, la inflación se está ralentizando y el bolívar se está estabilizando.

Entonces, a los partidos políticos opositores, para que no sean aplastados del todo, les complacen su petición de que se posponga la decisión de Citgo para después de las elecciones. Washington todavía necesita de esas estructuras para mantener un contrapeso a Maduro y las alianzas que mantiene con China, Rusia e Irán.

Lo que no apoyarán los norteamericanos, por ahora y mientras las SPR estén tan bajas, son rebeliones que no se saben en qué terminarán.

 

 

 

 

 



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Alex Vallenilla


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