La demanda de Ingrid

La decisión de la ex prisionera de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo, Ingrid Betancourt, de reclamar al Estado Colombiano la cantidad de 6.500.000 dólares (13 mil millones de pesos colombianos) por los supuestos daños económicos y espirituales ocasionados por sus más de seis años en poder de esa organización insurgente, es una muestra inocultable de la ambición personal, el oportunismo político y la carencia de escrúpulos personales, de esta oligarca en su empeño de alcanzar sus personalistas objetivos, bien sea en el espacio político colombiano o en la esfera internacional.

Ingrid Betancourt, quien pretendió utilizar la región del Caguán, apenas terminado el proceso de negociación sostenido por las FARC y el gobierno de Misael Pastrana, con el fin de convertirlo en su plataforma de lanzamiento electoral e instrumento para la captación de financiamiento internacional de su aspiración a la presidencia de Colombia, tuvo el fallido cálculo de que el legendario comandante Manuel Marulanda Vélez, permitiría que utilizaran sus espacios de control o influencia guerrillera para encumbrarse en las elecciones colombianas; craso error de la ambiciosa e inescrupulosa personaje que le costó seis años de forzosa permanencia en las montañas colombianas, junto a otros dirigentes políticos y prisioneros de guerra del ejército y la policía colombiana y de la Agencia Central de Inteligencia, CIA, que, dicho sea de paso, coincidieron en calificarla en sus declaraciones y libros – incluyendo a su ex amiga Clara Rojas - , como una mujer soberbia, ególatra, manipuladora y oportunista y cuya cuestionada conducta durante su largo cautiverio afectó la cohesión del grupo en poder de las FARC-EP y hasta puso en peligro su seguridad personal.

Contrario a lo que declara el general Padilla, Jefe de las Fuerzas Militares del Estado Colombiano, no puede sorprender que un personaje con estas vaciedades éticas e inconsistencia políticas pueda demandar una indemnización al propio Estado que la liberó de su cautiverio, poniendo en serio riesgo la vida de sus soldados y la de los demás cautivos porque, en materia de ambiciones y carencia de escrúpulos políticos y morales, la ex senadora Betancourt, quien se distinguía por sus discursos y denuncias contra la corruptas viejas élites liberal conservadoras y el paramilitarismo, no puede dar ninguna cátedra de integridad ética ni compromiso solidario con el país, por cuanto al salir de su cautiverio abandonó el compromiso de trabajar por sus compañeros de prisión, injurió en su libro a su compañera de política y cautiverio, Clara Rojas, despreció al esposo que luchó incansablemente por su libertad y, se puso al lado de los sectores más belicistas del Estado Colombiano y del gobierno norteamericano en una campaña internacional de mentiras y calumnias que pretendieron negar el respeto que las FARC-EP, en las difíciles condiciones en que se desarrolla el conflicto armado colombiano, respeta el Derecho Humanitario.

Pero la demanda de Ingrid Betancourt no solo desviste a esta ambiciosa de la política, sino que también descubre la naturaleza moralmente descompuesta de una clase política colombiana que se ha aprovechado de cualquier circunstancia personal para asaltar el Fisco del Estado Colombiano, como en los casos del pago de recompensa por “falsos positivos, las ayudas agrarias a los terratenientes, el cambio de votos parlamentarios por notarias y registros de la “yidispolítica” y tantos otros casos que mantienen en una profunda crisis moral al Estado y la clase política colombiana.

Solo falta que en el palacio de Nariño, con el fin de pagar los importantes servicios prestados por Ingrid Betancourt a la campaña internacional de mentiras contra las FARC-EP y el movimiento revolucionario y popular colombiano, se allane a la pretensión de la inescrupulosa demandante y le entregue un enorme patrimonio público producido y perteneciente a todo el pueblo colombiano y que no debe tener otro destino que el ser invertido en la solución de los graves problemas sociales que padecen los trabajadores de la ciudad y el campo colombiano.


yoelpmarcano@yahoo.com


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Yoel Pérez Marcano


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