Una estafa no puede compensarse con otra estafa

¡Ojo, con las REDES SOCIALES! La más importante de esas “redes” es la de los intermediarios. Esta sería nuestra mejor ETIQUETA: Hoy no compro caro, mañana sí barato, y a este “mensajito” deberíamos abocarnos con prioridad relevante.

Hay que retomar el regateo, caminar por todo el comercio para conseguir el más barato de los bienes buscados. El tiempo que dedicamos a las colas podemos invertirlo en esa caminata que hasta sería un excelente y barato ejercicio corporal.

La estafa comercial de la que estamos siendo víctimas el grueso de los consumidores comenzó en las fábricas de los capitalistas rentistas ya ampliamente señalados aunque no identificados ampliamente por sus nombres de pila, ni sancionados de manera alguna, salvo   mediante las comidillas mediáticas a las que muchos funcionarios vienen “como haciéndoles el juego”  en nombre de la Paz. No dudamos para nada de sus buenas intenciones, pero es una mentira vivir de ilusiones.

Las comidillas reticulares chavistas, aunque bien intencionadas, repetimos, parecen estar reforzándose con el uso desmedido de los dimes y diretes de las redes sociales. El uso proliferante de etiquetas diarias pareciera arrogarse las disposiciones del Código Procesal Penal, cuando un chisme, un infundio, una mentira calumniosa, es ripostada mediáticamente a manera de contramentira.
 
Por su parte, ya sabemos que la manera de aplicar las leyes penales es ahora radicalmente diferente a la de la 4ta. República. Hoy hay un “debido proceso” harto elástico en la comisión de todo tipo de delitos porque los juicios y sanciones parecieran insumir  mucho protocolo procesal hasta para los delitos de lesa humanidad y   también para aquellos que se corresponden con noticia criminis. No culpamos a nadie en particular; se lo cargamos a la cultura parasitaria sembrada desde hace siglos en la burocracia nacional, y de la cual-pensamos-es prematuro deslastrarnos.
 
La estafa inicial procedente de la fábrica, pues, es reciclada explosivamente por las cadenas de intermediarios con el aval de sus registros de comercio y el  de las Alcaldías correspondientes que no han sabido ni intentado revisar  esos registros  a nombre de comerciantes inescrupulosos y en pleno ejercicio beligerante, y a quienes han hecho del incremento diario de los precios una expedita forma de incrementar su capital dinero en funciones y aplicarle la misma tasa permitida por el propio Estado que hoy se halla perturbado con esta carestía de la vida. Hay que reconocerlo. Pareciera que todo el empoderamiento logrado por el presidente Chávez se halla en pleno proceso de desaparición para grandes masas de venezolanos –no sólo de escuálidos-ante las insuficientes e ineficaces medidas paliativas que el Estado viene tomando como pastillitas esporádicas, sin ir al fondo económico del asunto.
 
La presente inflación usada como estrategia estranguladora para que “chillen” nuestros consumidores, y que –sólo suponemos-practicaron muchos “chavistas” con su voto castigo del 6D, ya se tragó casi todos los “petrorinocos”, por escoger un ejemplo entre muchos otros casos de agotamiento de los ahorros del trabajador. Es indudable que la clase media es la más perjudicada y con ello, de poco ha servido esta falta de medidas enérgicas combativas y oportunas para unir a los venezolanos que todos los días parecen dividirse y distanciarse más y más.
 
Efectivamente, qué otra cosa como acto delictivo estaría cometiendo a diario y de manera olímpica un detallista que recibe productos con sobreprecios no ajustados a ninguna estructura de costos ni a ninguna paridad oficial emanad del BCV, o sea, que no se ajustan a los costes de producción (precios justos) ni a los precios de  mercado ya que ahora la paridad cambiaria-causa fundamental de estas estafas comerciales en masa-pareciera dictarla una ente extraño a los intereses nacionales, no oficial y que sólo se identifica como una ingobernable pág. WEB,  con la mayor pasividad de nuestros honorables Banco Central y Superintendencia bancaria.
 
Este detallista, a quien su proveedor viene estafando porque a él ya lo estafaron sus respectivos proveedores, se está limitando a revender sobre la base de compras realizadas con elevados precios irregulares; esgrime el deleznable argumento de que compró a elevado precio, y dice que si le venden caro, caro debe revender, o sea, que si lo estafan, él traslada su estafa a su clientela. ¿Puede seguirse sosteniendo este reciclaje de estafas? Y nos preguntamos: acaso, contamos con leyes que sancionen estos delitos, o estos abusos empresariales, más allá de jaloncitos o temploncitos de orejas y de etiqueticas mediáticas?


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Manuel C. Martínez


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