Naciones Unidas, 20 May. ABN.- El secretario general de la ONU, Kofi
Annan, que impulsa unas controversiales reformas de la Organización, al
menos calificó de contraproducente la intención en Estados Unidos de
ponerles precio.
Uno de sus portavoces aseguró este viernes que Annan critica el
propósito en Washington de utilizar los fondos que debe aportar a la ONU
como herramienta para modelar los cambios al gusto de la superpotencia,
indica un trabajo especial de Prensa Latina.
Las opiniones que transmitió por segunda mano siguieron a un
proyecto en discusión en un comité congresional que amenaza con retener
decenas de miles de millones de dólares.
La llamada acción legislativa de la Reforma de Naciones Unidas
de 2005 constituye un descarnado chantaje para imponer el rumbo de las
reformas en discusión.
Para que esto último ocurra penden ya cual espada de Damocles
sobre las cabezas de distintas agencias del sistema eventuales pérdidas
de recursos para encaminar sus proyectos dirigidos en lo fundamental a
países pobres.
A tenor con la iniciativa presentada por el senador republicano
de Illinois, Henry Hyde, del Comité de Relaciones Internacionales, si
los cambios no se producen al ritmo deseado, se bloqueará 50% de las
obligaciones financieras del más poderoso Estado miembro de la ONU.
El paquete de castigo no incluye el dinero destinado a las
fuerzas de mantenimiento de la paz, los tribunales internacionales y
programas como el del Desarrollo (Pnud) y la infancia (Unicef).
Pero las excepciones tienen explicación y comienzan por los
contingentes de cascos azules, que actúan en muchos lugares que interesa
a Estados Unidos.
De los tribunales se excluye a la Corte Penal Internacional, en
una lista negra de la Casa Blanca, por la potencialidad de que prive de
impunidad a militares y civiles que se ocupan del intervencionismo en
cualquier oscuro rincón del planeta.
Ya en 1990, y promovido por el senador Jesse Helms, Estados
Unidos dejó de pagar millones de dólares a la ONU y la lanzó a una
crisis financiera, sólo con el argumento de que los pagos eran
excesivos.
Ahora la tónica superó con creces a la del conspicuo legislador
ultraderechista, toda vez que se está retomando con furor la política de
otros viejos tiempos de la zanahoria y el garrote para aplicársela a la
Organización internacional.
Y sin embargo lo que Annan ha presentado en su documento "Hacia
un concepto más amplio de libertad" parece ser lo más conveniente para
los designios unipolares de la camarilla del poder en Wasnington.
Tal vez lo que ocurra sea que a las ideas expuestas le han
salido muchos respondones críticos en el proceso de consultas en
plenarias abiertas y comisiones a puerta cerrada en las que participan
todos los países miembros de la ONU.
Los países no alineados se resisten a que se consagre el uso
unilateral de la fuerza, las guerras preventivas, el poder del club
nuclear y a un órgano inquisidor selectivo de derechos humanos, entre
otros muchos cuestionables planteamientos.
Por lo pronto se vislumbra improbable que la Cumbre de alto
nivel señalada para septiembre próximo digiera el documento en forma
expedita y complaciente.
El propio Annan apuntó en una reciente ocasión que el proceso de
discusión proseguirá hasta finales de año, lo que sin duda incomoda a
los que tienen prisa en rediseñar a la ONU como una corporación
desprovista de su esencia histórica.
Hace unos días, el jefe de gabinete del secretario general, Marx
Malloch Brown, se fue al Capitolio a calmar los ánimos e instar a los
cabezas caliente a que no recorten las contribuciones.
En ese ámbito indicó que se le había propuesto para dejar la
administración del Pnud, donde todavía desempeña el puesto de secretario
general adjunto.
Para observadores fue como un renovado mensaje de parte de quien
se incorporó a los rangos ejecutivos de Naciones Unidas, después de una
reveladora trayectoria como funcionario del Banco Mundial.
Estados Unidos se propone montar otra ONU que le sirva de
instrumento de poder y si para ello es preciso hará rodar o reemplazar
cabezas.