Premio a filme de Moore se considera una derrota cultural de Bush

París, 23 may (PL) El cineasta norteamericano Michael Moore acapara hoy los cintillos de la prensa de un lado a otro de este continente, que destaca la contundencia política y el caracter "anti-Bush" de su documental Fahrenheit 9/11, ganador de la Palma de oro en Cannes.

Desde diversos matices, los medios de difusión se refieren al corrosivo filme en el que Moore denuncia la política del presidente de su país, George W. Bush, su manipulación de las elecciones que le dieron el triunfo, pasando por los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Washington y Nueva York hasta las invasiones a Afganistán e Iraq.

El galardón de Moore ha desplazado los ecos de la fastuosa boda del príncipe Felipe, de España, que muchos consideran, por el despliegue excesivo que le concedieron los medios, un telón de lentejuelas tendido para difuminar los horrores del genocidio que se lleva a cabo en Iraq.

Palma de oro a la lucidez y a lo corrosivo de Moore, señala, por ejemplo, el diario español El Mundo, mientras que El País, tras calificar de vitriólico y anti-Bush a Fahrenheit 9/11, resalta que desde el principio fue "el más polémico y aplaudido en Cannes".

El conservador ABC comenta, por su parte, que el jurado del festival eligió lo políticamente correcto y añade que tal vez la paz mundial dio un gran paso con este lauro "pero el cine no ganó ni un euro".

Mientras, en Italia, el periódico La Reppública destaca que Bush ha sufrido una indiscutible derrota cultural y política en Francia, de parte del gran poder que sigue siendo el cine.

Los norteamericanos anti-Bush brindan hoy por esta victoria, apunta Corriere della Sera, que pondera el triunfo de Moore en Cannes como el emblema de "una nueva justa en la rivalidad entre las dos orillas del océano", en alusión a la oposición de Francia a la política norteamericana.

Tanto la prensa escrita como la radial y la televisada se vuelcan en torno a esta inusual Palma de oro, con la que el festival de Cannes rompe su tradición de premiar largometrajes de ficción, toma partido por un documental cuya denuncia es como un golpe directo al mentón y otorga a su máxima distinción un caracter eminentemente político.

La mayoría de los medios ven en el triunfo de Michael Moore un aporte significativo al descrédito internacional de Bush, a la descomposición de su imagen ya de por sí bastante maltrecha.

También se concede un valor adicional al hecho de que el presidente del jurado fuera precisamente un norteamericano, el cineasta Quentin Tarantino, que hoy quebrantará las reglas del certamen con una conferencia de prensa en la que explicará las razones por las que Fahrenheit 9/11 fuera seleccionado como ganador.

Ante la repercusión internacional del premio, la Casa Blanca se limitó a responder escuetamente, a través de su portavoz, Susy De Francis: "todos tienen derecho a decir lo que quieran. Más allá de eso no vamos a comentarlo".

Fahrenheit 9/11 fue presentada a contramarcha en Cannes. El filme no tiene distribuidor pues la compañía Disney prohibió a su subsidiaria Miramax Film -cuyas acciones compró hace 10 años- que la hiciera circular y anunció que rehusarán se asocie su nombre al documental galardonado.

El presidente de Disney, Michael Eisner, esgrimió como argumento su temor de que la película tuviera un impacto negativo en la campaña presidencial de Bush, enfilada a las elecciones de noviembre próximo. "No queríamos tenerla en medio de un proceso político", dijo.

El alud que ha desatado Fahrenheit 9/11 parece, sin embargo indetenible. Michael Moore ha echado a andar, con la fuerza de la imagen fílmica, un retrato de Bush que suma cada día más voces en su contra.


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