Caracas, marzo 8 - “Soy una mujer con una nueva vida desde que la Revolución Bolivariana tocó la puerta de mi casa”, relata con ojos vidriosos de añoranza y agradecimiento Pielrroc Montenegro, marabina de nacimiento y andina de tradición.
Se presenta como una “madre del barrio dignificada” desde que la misión homónima le permitiera cumplir uno de sus sueños: cursar una carrera universitaria.
Años atrás, Pielrroc no lo pensó mucho y se enlistó en la Misión Ribas apenas supo de su existencia, pues de joven se vio forzada abandonar el liceo a tan sólo un año de culminar la educación secundaria.
“Mi mamá enfermó y por dificultades económicas tuve que ponerme a trabajar”, recuerda, y dice que una vez obtenido su título de bachiller integral, en el programa gubernamental, consideró seriamente la opción de dar continuidad a sus estudios de la mano de la Misión Sucre.
“Luche entonces por mi segundo sueño: estudiar Educación Especial, área en la que siempre quise servir”.
La dicha se detuvo cuando Pilerroc concluyó el segundo semestre de la carrera y empezó a notar que los estudios copaban buena parte de su tiempo, lo que le restaba valiosas horas para dedicarse a sus labores como doméstica, de donde provenía su única entrada económica.
Su hija, para aquel entonces de 12 años, le necesitaba más como madre trabajadora que como madre estudiante, lo cual la llevó a congelar la carrera: “Me sentía comprometida con mi niña y con la obligación de cubrir sus necesidades”, señala.
Justo en esos días, Madres del Barrio llegó al populoso sector aragüeño de La Esperanza, donde residía Pielrroc, y le hicieron un exhorto inequívoco: “me dijeron que no renunciara a mis estudios, que tenía el perfil para ser beneficiaria de la misión”.
Así lo hizo, sin dudar, con la fe que asegura sentir por el Gobierno Bolivariano y sus políticas públicas.
“Les hice caso, les creí y me cumplieron, pues a los pocos días me llamaron para informarme que empezaría a recibir mensualmente el 80% de un salario mínimo. Fue una alegría grande”, comparte.
Por ocho meses disfrutó del incentivo económico, tiempo que le permitió continuar con su carrera y preparase para acceder a un empleo digno, en el Ministerio del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género.
Egresó de Misión Sucre en junio pasado y aún se desempeña como promotora social de dicho despacho, donde brinda asistencia integral a mujeres que requieren diverso tipo de atención.
Entre otras cosas, dicta charlas de autoestima y de mejoramiento personal, así como talleres sociopolíticos, pero asegura que la base de su servicio consiste en abrir los ojos de mujeres que por años justificaron, de alguna u otra forma, la exclusión de la que fueron víctimas.
Sueños cumplidos
“El ser humano está colmado de varios sueños”, considera Pielrroc, quien no sólo anhelaba concluir sus estudios de bachillerato y tener una profesión, sino tener una vivienda digna para ella y para su hija.
Gracias a un programa gubernamental, salió de la barriada donde residía para habitar en una urbanización mucho más segura, donde hoy tiene techo propio.
“Dejé de vivir en extrema vulnerabilidad y constante riesgo y todavía no me acostumbro a ver el techo, en vez del zinc”, comenta, en lo que considera “los estigmas psicológicos” que deja el fenómeno de la pobreza en quienes logran superarla económica.
Otra de sus grandes aspiraciones era que su hija materializara su ilusión de ser médico, idea subestimada por mucha gente en su entorno.
“Una señora siempre me decía que esa carrera era para gente adinerada y que nuestra condición no daba para eso, pero yo siempre le dije que tenía fe, que trabajaría fuertemente para que mi hija lograra su objetivo”, cuenta.
Hoy la joven, de 17 años, estudia Medicina Integral Comunitaria en la Aldea Bolivariana de El Mácaro, en el estado Aragua, y en sus ratos libres comparte con su madre tocando la guitarra que pudieron adquirir con esfuerzo y sacrificio para materializar otro su sueño.
“De niña quería ser pianista pero eso también era para ricos, así me decía mi mamá. Hoy al menos tengo la guitarra, con la que me libero y vuelvo música los poemas que escribo”.
Tiempos de independencia
En su día, las mujeres de todo el mundo celebran rememorando las grandes reivindicaciones alcanzadas a lo largo de la historia; en Venezuela, muchas de ellas lo hacen en plena conquista de espacios, en una lucha vigente que las mantiene a la vanguardia de todos los procesos.
Pielrroc es el botón para la muestra de esa realidad, ella, que surgió económica, profesional y emocionalmente junto a una notable representación social femenina.
“Somos mayoría en las misiones, en los consejos comunales, en los comités”, dice, y atribuye el escenario a la implementación de políticas que priorizan al ser humano y que invitan al pueblo, sin menoscabo de la mujer, a que se empodere de los espacios y ejerza la democracia participativa y protagónica.
En ocasión del Año Bicentenario, Pielrroc habla de un nuevo proceso de liberación, igualmente liderado por mujeres.
“Es un buen tiempo para una segunda independencia, una más colorida, una que le dé cabida a la participación femenina en igualdad de condiciones con el hombre. Tenemos que dejar huellas y demostrar que ya no somos invisibles, sino invencibles”, sostiene.
Hace un llamado a quienes subestiman la Revolución Bolivariana por sus principios humanistas y, con guitarra en mano, Pielrroc deja sonar la música con que acompaña uno de sus versos hecho canción: “Los pueblos van despertando, al revolución andando, sólo quedará seguir luchando”.