Genocidio Imperial

El por qué de la nueva masacre de Bush en Faluya


Masacre aérea

Desde hace dos semanas, urgido por la campaña electoral de Bush, el mando militar norteamericano está empleando todo su potencial aéreo en bombardeos llamados "quirúrgicos", o "selectivos", lanzados a diario contra presuntos búnkeres de la resistencia ubicados en Faluya y Ramadí, bastiones principales de los combatientes suníes que le han producido las bajas más importantes a las fuerzas de ocupación.

La denominación "quirúrgico" -que se empleó por primera vez durante los bombardeos a Yugoslavia- resulta una sutileza macabra inventada por los oficiales invasores para esconder matanzas masivas e indiscriminadas que causan los misiles y las bombas "inteligentes" lanzadas sobre ciudades donde los combatientes se encuentran mimetizados con la población civil.
Los voceros militares estadounidenses niegan que esos ataques sean dirigidos contra los civiles, pero, de hecho, en cada incursión de los aviones y helicópteros de combate la mayoría de las víctimas son civiles, particularmente los más desprotegidos, mujeres niños y ancianos, que, en Faluya principalmente, han sido muertos o heridos por miles desde que comenzó la rebelión generalizada en abril pasado.

El comando norteamericano resolvió emplear a fondo su poderío aéreo a partir de los sucesivos fracasos de sus fuerzas terrestres -tanques, marines y blindados- en sus intentos por tomar Faluya, donde la guerrilla le asestó la mayor cantidad de bajas a las tropas estadounidenses en combates urbanos, calle por calle, casa por casa, desde que comenzara la ocupación.

Esa fue la razón del comienzo de las operaciones aéreas "quirúrgicas", o de "limpieza", orientadas a exterminar a los combatientes rebeldes "desde el aire", ahorrando bajas militares estadounidenses, pero incrementando notablemente la matanza de civiles inocentes con el poder devastador y expansivo de las bombas y misiles de última generación.

Faluya está ubicada a 60 kilómetros al oeste de Bagdad, y es "controlada" desde abril pasado -tras un acuerdo con la administración estadounidense- por una fuerza iraquí comandada por un ex general de la época de Saddam Hussein, que, en realidad, no responde al comando invasor sino a la resistencia que es quien controla Faluya.

El denominado triángulo suní, cuyos bastiones más importantes son Ramadi y Faluya, alberga a los ex integrantes de la Guardia Republicana, tropas de elite, y cuerpos de seguridad y de inteligencia de Saddam Hussein, que se refugiaron en la zona (donde viven sus familiares) desde que las fuerzas norteamericanas tomaron Bagdad.

La gran mayoría de los "mil muertos" estadounidenses reconocidos por el Pentágono, fallecieron en combates o en atentados producidos por estos cuadros de guerrilla urbana, condición a la que pasaron después de ser fuerzas regulares durante el ex régimen.

Los oficiales de campo estadounidenses temen -más que a cualquier otra contingencia- a los atentados y ataques de estas unidades irregulares de combatientes que utilizan como arma principal el factor sorpresa, su profundo conocimiento del terreno, y su identificación plena con la población civil de la cual reciben adhesión mayoritaria.

Evidentemente, la proximidad de las elecciones en EEUU (faltan 45 días) y la necesidad del objetivo fijado por los altos mandos militares (exterminio de la guerrilla antes de las elecciones, con el menor costo de bajas estadounidenses) llevará a que estas masacres de civiles se sigan ejecutando favorecidas por la impunidad que les otorga el "silencio" de los gobiernos y de las organizaciones internacionales, por estas horas más preocupados -al igual que el payasesco Kofi Annan- en dilucidar si la invasión militar a Irak fue "legal" o "ilegal".

Paradojalmente, y por más perverso y descarnado que parezca, la estrategia militar norteamericana utiliza estas carnicerías producidas por las bombas y misiles con dos objetivos bien definidos: 1) exterminio de la guerrilla sin exponer a sus fuerzas terrestres a bajas, y 2) generar pánico y división entre la población civil sometida diariamente a la muerte y a la destrucción de sus viviendas por los bombardeos.

Este genocidio, sistemático, permanente, producido por la aviación norteamericana sería imposible de ejecutar -vale repetirlo- sin la complicidad por medio del "silencio" de la ONU, de la Unión Europea, de las organizaciones de "derechos humanos", y de todos los gobiernos del mundo, incluidos los árabes.
Esto explica porqué la matanza sistemática de civiles en Faluya, y en todo Irak, cuya cifra de muertos está estimada en más de 2000 personas por médicos y autoridades hospitalarias de la zona- no ingresa en la categoría de "catástrofe" en los titulares de las cadenas informativas internacionales cómplices y asociadas de la ocupación militar estadounidense.

La impunidad

Las grandes cadenas -que trazan la impronta "informativa" de todo el resto de los medios de comunicación del mundo- convierten las masacres diarias de las tropas invasoras norteamericanas en un statu quo de noticias fragmentadas, donde nada se conecta entre sí.

Los genocidios se convierten en un "cable de agencia", un título y un texto "informativo", que serán reemplazados por otra "noticia", en el devenir de acontecimientos "sin historia", mercadería de consumo en tiempo "presente", sin cómo, porqué ni para qué, que convierte al receptor en un animal "estímulo-respuesta" como el perro de Pavlov.

La matanza de los bombardeos estadounidenses sobre Faluya y Ramadi del jueves por la noche (más de 80 personas), por ejemplo, nada tienen que ver ni "se juntan" con las otras carnicerías que sobrevendrán impunemente con el correr de las horas y de los días.

Esta "atomización" de la noticia, su falta de relación con el asesinato masivo de seres humanos producido por una estrategia de dominación militar capitalista, torna las masacres de civiles en un espectáculo "quirúrgico" (parecido al de los misiles que las producen) que termina convirtiendo a la muerte en una "rutina" que ya ni siquiera llama la atención de un mundo ocupado en sus asuntos individuales.

En Faluya, y en el área comprendida dentro del triángulo suní, los muertos, heridos y mutilados ya duplican en cantidad a los muertos del 11-S en EEUU, mientras el mundo se sigue conmoviendo y rindiendo homenaje a las víctimas del desmoronamiento de las Torres Gemelas en Nueva York.

En la Argentina, por ejemplo, los medios brindan titulares permanentes a los familiares de los 86 muertos del atentado a la AMIA ocurrido hace 8 años, y que son recordados semanalmente en Plaza Lavalle de la Capital Federal.
Esos mismos medios y familiares pertenecientes a la comunidad judía, sin embargo, no mencionan ni rinden homenajes periódicos a los miles de muertos de las masacres del ejército sionista de Sharon en Palestina, ni se ocupan de recordar las cifras de víctimas (diarias, mensuales y anuales) de las falanges imperialistas de Bush en Irak.

La complicidad de la prensa internacional y la indiferencia de un mundo "metido en sus propios asuntos", convierte en casi "normales" (ya casi ni llaman la atención) a estos genocidios por "cuentagotas" que producen la aviación y la artillería norteamericana en Irak.

A la vista de estos acontecimientos, la "real realidad" de Irak y de Faluya, puede decirse con propiedad que el Imperio norteamericano, volvió al punto de partida de la colonización: la conquista "salvaje" por medio del genocidio militar, sin importar las formas políticas ni las reglas "democráticas" con que se la disfraza en otros lugares del planeta.

Una reciente encuesta realizada por una consultora internacional "reveló" que, salvo tres países y EEUU, nadie en el mundo votaría por Bush, a quien sus adversarios demócratas y solciademócratas desparramados por el planeta consideran un espécimen monstruoso no perteneciente a la raza humana.

Sin embargo, los que no votarían a Bush o los que lo consideran un criminal anti-humano, no levantan un solo dedo para condenar los asesinatos diarios del Imperio de Bush por toda la geografía del planeta, incluido Irak.

Esto demuestra -entre otras cosas- que el mundo está fatalmente alienado, nivelado cultural y psicológicamente por la indiferencia y dirigido por control remoto desde los grandes centros informativos imperialistas, lo que dio como resultante que una masa mayoritaria de la humanidad haya dejado de utilizar las tres funciones básicas del cerebro humano: información, procesamiento y síntesis.

Esta realidad, fácilmente comprobable para personas que todavía utilizan el cerebro y el sentido común, convirtió al mundo en el reinado de Maquiavelo.

Un mundo hecho a la medida del sistema capitalista transnacional, que tiene en George W. Bush a un eficiente conquistador de mercados y de negocios, la única lógica histórica y funcional del capitalismo en la tierra.


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