Histórica reunión presidencial en Puerto Iguazú

Hacia la unión de naciones de Suramérica



Tan ambicioso como realizable, el proyecto de utilizar racionalmente las inmensas riquezas de América Latina y el Caribe gravita cada vez con más fuerza en la región. Y desata oposiciones a la medida de esta aspiración bicentenaria. La reunión ampliada de Presidentes del Mercosur fue un paso importante en esa dirección


Razones de muy diverso origen hicieron que en la reunión de presidentes del Mercosur, realizada en Puerto Iguazú, Argentina, el 8 de julio último, se sumaran los mandatarios de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, con sus pares de Chile, Bolivia, Venezuela, México y el vicepresidente de Colombia. En representación de Perú estuvo el ministro de Comercio Exterior. Sólo Ecuador faltó a esta cita, en la que se concretó la inclusión de Venezuela como Estado asociado y se dio el anteúltimo paso para que el Mercosur y la Comunidad Andina de Naciones (CAN, integrada por Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia), converjan a corto plazo en un área de libre comercio que incluirá entonces a prácticamente la totalidad de América del Sur (sólo quedarían fuera, hasta el momento, Guyana, Surinam y la Guayana Francesa, que en total suman un millón y medio de habitantes).

Si el acuerdo económico cuenta, más significativo aún fue el carácter político que proyectó esta reunión. Por primera vez el interés meramente comercial dio lugar a un nuevo curso, al aprobarse un "Anteproyecto de Protocolo Constitutivo del Parlamento del Mercosur" (1) y ponerse sobre el tapete la posibilidad de una decisión que, de concretarse, transformaría el mapa político planetario: la constitución de una "Nación de naciones", una entidad política nueva a la que el titular de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur (CRPM), el ex presidente argentino Eduardo Duhalde, no vaciló en poner nombre: "Estados Unidos de Suramérica".

Por su parte el presidente brasileño Lula da Silva dijo en su discurso oficial que "ampliar el Mercosur, crear una Comunidad Suramericana de Naciones, no son tareas que se pueda realizar de la noche a la mañana. Pero trabajamos duro en los últimos meses. Eso nos permitirá dar un salto extraordinario. Después de diez años de negociaciones, estamos caminando hacia una zona de libre comercio entre el Mercosur y la Comunidad Andina" (2).

En ese contexto, el ingreso de Venezuela al Mercosur y la presencia de México en el cónclave tienen una significación política de tal magnitud, que hacen de esta XXVIª reunión presidencial un hecho de relevancia histórica.

La desproporción entre el carácter trascendente de estos hechos y el escasísimo, casi nulo espacio que le otorgaron los grandes medios de prensa, es un dato mayor a la hora de analizar el desplazamiento de fuerzas implícito en la reunión de Puerto Iguazú. Las grandes cadenas informativas estadounidenses y los medios que en el hemisferio le hacen eco, se esforzaron por ocultar la verdadera dimensión del Encuentro. Y no erraban en su intención, porque, en efecto, puede afirmarse que la primera y más importante conclusión es que Estados Unidos ha sufrido un nuevo y trascendental revés en sus aspiraciones hemisféricas. No es un dato menor que el escenario de esta nueva batalla perdida haya sido la Triple Frontera, zona a la que desde hace meses Washington viene señalando como lugar de refugio del "terrorismo internacional".

VICTORIA DE CHÁVEZ

Una razón de peso para que la reunión de presidentes en Iguazú ocupara un lugar marginal en la prensa fue el espaldarazo recibido allí por el presidente venezolano Hugo Chávez: a cinco semanas de un referendo que decidirá si permanece o no en el palacio de Miraflores, propagar el ingreso de su país al Mercosur y analizar la significación y consencuencias de este hecho hubiese sido marchar a contramano de la campaña en la que están empeñados los medios del hemisferio, amplificando la propaganda de la prensa venezolana, a saber, que Chávez ha aislado a su país del mundo.
Rechinando lo dientes, algunos diarios argentinos debieron darle espacio a un hecho complementario, tan inesperado como impactante: desde Iguazú Chávez viajó con el presidente argentino Néstor Kirchner en el Tango 01 hasta los astilleros Río Santiago, de Ensenada, en Buenos Aires, para anunciar una primera materialización de este ambicioso plan de integración económica: la reparación de barcos de la petrolera estatal venezolana PDVSA y el comienzo de una negociación para construir ocho buques petroleros en los astilleros argentinos (3). "Poderoso caballero es don dinero", ironizaba Quevedo 450 años atrás. Un poco más cercano en el tiempo, cierto filósofo alemán de nombre Karl Marx descubría que un fenómeno al que denominó "fetichismo", trasladaba al individuo poseedor de una mercancía las propiedades de ésta. Aun con el concurso de la poesía y la ciencia, no deja de provocar curiosidad la plasticidad de quienes condenan a Chávez por sus posiciones y a la vez se deshacen calculando el impacto económico de la construcción de ocho buques.

Como resultaba imposible criticar a Kirchner por haber hecho este provechoso acuerdo con su par venezolano, los medios arremetieron por otro ángulo: el gobierno cometió el crimen de darle a mandatario venezolano la posibilidad de hablar ante un millar y medio de obreros que lo ovacionaron y de transmitir este acto por las pantallas del canal oficial y la radio nacional.

Por si fuese poco, ambos Presidentes firmaron dos cartas de intención que en su realización presuponen un vuelco decisivo en el terreno político: la creación de una empresa conjunta de energía (Petroamérica o Petrosur; también el nombre está en duda); y un plan para aunar los canales estatales de ambos países (8 en Venezuela, 7 en Argentina) y las agencias oficiales de noticias Telam y Venpres.

Pero incluso antes de eso, el encuentro de Iguazú es un golpe duro para Washington tanto en relación con su beligerante política frente a Chávez, como respecto de hemisferio en su conjunto: más que por lo que es o pueda ser, el Mercosur Ampliado (o Comunidad de naciones suramericanas), se define por lo que no es. Y no es el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), proyecto estadounidense que supuestamente debía ponerse en marcha el año próximo y ahora confirma su inviabilidad tal como fue concebido.

EL ZORRO Y LAS UVAS

Allí reside el efecto paradojal del salto adelante verificado en Iguazú: una tensión extrema que, en las primeras planas de los diarios, alude a la ruptura y desaparición del Mercosur. Precisamente porque la consumación de una comunidad suramericana constituiría a su vez la consumación del fracaso estadounidense (incluida su política destinada a derrocar a Chávez), cuanto más cerca está aquella del punto de llegada, más se tensan las contradicciones y se agudiza el riesgo de un estallido.

Hay razones reales, inocultables, para las tensiones llevadas al extremo en los días previos y posteriores a la reunión de Iguazú. El conflicto de intereses entre empresarios argentinos y brasileños de diversos rubros, tiene bases objetivas: una mayor productividad en Brasil, menor paga por la fuerza de trabajo en aquel país y, en las últimas semanas, una progresiva devaluación del real. Sumados, estos factores pueden producir un vuelco drástico del curso mercantil entre ambos países. El caso candente antes de Iguazú -el freno oficial argentino a la importación de la llamada "línea blanca" de artículos domésticos- fue magnificado más allá de toda proporción por los medios, pero no pueden negarse las trabas -a término, insolubles- de un proyecto cuyo eje repose exclusiva o primordialmente sobre acuerdos comerciales. La gravitación objetiva e inexorable de la ley del valor ("los mercados", según el lenguaje corriente) no impulsa a la complementación y mejoramiento de las diversas partes componentes del aparato productivo regional, sino exactamente a lo inverso: competencia feroz y mutua autodestrucción. Un párrafo de la Declaración de Iguazú se congratula porque en la reunión previa de ministros de Economía y presidentes de Bancos Centrales se habría avanzado en torno al controvertido tema de una moneda común, y porque en otras reuniones paralelas se afirmó la intención de "integrar procesos productivos, teniendo en consideración que la implementación de cadenas de valor en el ámbito regional dará mayor competitividad a los productos del Mercosur" (5). Falta decir que, de un lado, esa perspectiva requiere una voluntad política común cuyo vigor no está probado aún, que ese camino requiere niveles de planificación contrarios a la voluntad de multinacionales y grandes grupos económicos locales y extracontinentales, y que por eso mismo la oposición crecerá en proporción geométrica a toda evolución positiva hacia una comunidad suramericana.

Esa dinámica está ya a la vista. Los mismos medios que pusieron en sordina la información positiva del encuentro, transformaron los puntos de litigio en situaciones supuestamente insolubles.

Un portavoz del establishment argentino publicó un despacho desde San Pablo en el que afirma: "El Mercosur está siendo en Brasil blanco de una ola de críticas de sectores empresariales, sindicales y analistas económicos que consideran que el bloque regional se ha convertido en un lastre más que en una ventaja para el desarrollo brasileño. Voces críticas hacia el Mercosur, antes marginales, están teniendo ahora una repercusión inédita" (6). Esta fuente cita un artículo de su homólogo brasileño, O Estado de São Paulo, titulado "Mercosur, un proyecto frustrado". Según el cual el bloque "es un fracaso como unión aduanera, tambalea como zona de libre comercio y apenas hay una justificación para mantener su actual status: la discusión de un acuerdo con la unión aduanera". Y remata, con inequívoca intencionalidad política: "Como proyecto geopolítico, de la forma concebida por el presidente Lula y sus estrategas, el Mercosur es irrisorio".
Para apoyar esta línea de acción, el despacho informa además que "se realizará hoy una manifestación de trabajadores brasileños frente a la puerta del consulado argentino en San Pablo. El lunes pasado, trabajadores metalúrgicos se manifestaron frente a una planta de la empresa de heladeras BSH Continental con pancartas que decían: '¡Lula, deje de ser débil! Vuelva a defender al trabajador metalúrgico'". Y busca más respaldo aún: "Folha de São Paulo tituló ayer: 'Para los empresarios, al gobierno (Lula) le falta firmeza'" (7).

No es antojadizo atribuirle a estas manifestaciones periodísticas el carácter de campaña política. Y todo con apoyo en la suspensión de importaciones argentinas de productos de la línea blanca brasileños. Por detrás, están las industrias textil, del calzado y... automotrices.

Nada irreparable, como admitiría el sábado 17 otro diario empeñado en pronosticar el apocalipsis para el Mercosur: "Argentina decidió levantar las restricciones que había anunciado hace 10 días" (8). Pero el ejemplo vale como adelanto de lo porvenir.

Es en ese marco que se plantea el enigma de la presencia de Vicente Fox en Iguazú. El presidente mexicano es un defensor del TLC o Nafta (Tratado de Libre Comercio, North American Free Trade Agreement), que aúna comercialmente a su país con Estados Unidos y Canadá. Una parte de la explicación puede apoyarse en la poderosa fuerza centrípeta que pese a boicots varios de dentro y fuera del Mercosur, congregó la histórica reunión de Puerto Iguazú. Jaqueado desde todos los flancos en su país, Fox no puede continuar dando la espalda a América Latina sin acelerar un deterioro que trae malos presagios para las próximas presidenciales (el reciente restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba va en el mismo sentido). Pero el ex presidente de Coca Cola y el sector del capital mexicano que representa, bien puede obrar simultáneamente como Caballo de Troya para poner una carga explosiva más en la ciudadela del Mercosur ampliado, a favor del ahora denominado "ALCA ligth", es decir, acuerdos bilaterales sumados de países del Sur con el Nafta, presentados como alternativa ante eventuales conflictos que paralicen la concreción de la comunidad suramericana. Sólo el tiempo revelará el verdadero sentido de esta presencia que, no obstante, si tomara un curso positivo potenciaría a niveles muy superiores el conjunto que hoy aparece al alcance del corto plazo como nuevo bloque económico-político (y, claro está, a su tiempo, también militar), de una Liga de Repúblicas Suramericanas, como proclamaba Bolívar dos siglos atrás. Por su parte, Duhalde señaló que se trataría de "una superficie de 17,3 millones de kilómetros cuadrados; una población de 380 millones de habitantes (...) tercera nación del planeta después de China y la India (...) 8 millones de kilómetros cuadrados de bosques (...) el 27% del agua dulce del mundo (...) enormes reservas de minerales, de petróleo, de energía (...) el tercer bloque económico del mundo, después de la Unión Europea y el Nafta". (9).

UN HORIZONTE POSIBLE

Los ataques mediáticos contra Lula y Kirchner tras la reunión de Puerto Iguazú demuestran cuántos obstáculos deberá sortear este ambicioso proyecto. Estos no serán, presumiblemente, de exclusivo orden comercial. Pero la rueda de negocios entre Venezuela y Brasil a llevarse a cabo en la isla Margarita, Venezuela, entre el 21 y el 23 de julio de 2004, coronada con un nuevo encuentro de Kirchner y Chávez, indican que el camino de potenciación del intercambio regional está en marcha.

Resta comprobar si los gobernantes suramericanos -o como mínimo un número suficiente de ellos para imponer el rumbo a la región- asumirán con la suficiente antelación las trabas objetivas que ese intercambio presupone en su desenvolvimiento normal y se dispondrán a contrarrestarlas por adelantado con los únicos instrumentos capaces de hacerlo: la gestión de una moneda única suramericana, un parlamento regional surgido de la voluntad democrática de cada pueblo, una Constitución común y, por fin, un poder político legitimado por la voluntad democrática, capaz de rearticular y proyectar las fuerzas productivas conjuntas de la región, planificar la satisfacción de las necesidades imperiosas de casi 400 millones de personas, alumbrar la Unión de Naciones de Suramérica y mostrar al mundo, en un momento particularmente dramático de la historia, que hay un horizonte a alcanzar.


1 Comunicado Conjunto dos Presidentes dos Estados Partes do Mercosul; Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil; www.mre.gov.br
2 "Discurso del Presidente Lula", Boletim da Secretaria de Relações Internacionais do Partido dos Trabalhadores, San Pablo, 16 de julho de 2004 - Ano IV - no73
3 Eduardo Duhalde, "Hacia los Estados Unidos de Sudamérica"; La Nación, Buenos Aires, 13-7-04
4 "Crece la tensión en Venezuela: un sondeo prevé la derrota de Chávez", pág. 2; "Anuncian un trato con Chávez para vender barcos a Venezuela"; pág. 8; La Nación, Buenos Aires, 9-7-04. "Kirchner y Chávez fueron juntos a Río Santiago y anunciaron obras"; Clárín, Buenos Aires, 9-7-04.
5 Comunicado Conjunto dos Presidentes dos Estados Partes do Mercosul
6 Luis Esnal, "Estalla en Brasil una ola anti-Mercosur", La Nación, 13-7-04.
7 Ibid.
8 "Electrodomésticos: no rigen las limitaciones"; Clarín, 17-7-04. Aunque ésta era la noticia, la frase citada puede leerse recién después de una introducción que acentúa lo que se hace aparecer como traba fundamental, la importación de lavarropas. La técnica periodística en acción.
9 Eduardo Duhalde, op. cit.


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Luis Bilbao / Le Monde diplomatique

Escritor. Director de la revista América XXI

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