Ismael: cuidado con el peine

Yo no sé de donde viene la expresión "pisar el peine" aunque me gustaría saberlo, pero sí sé el significado que le atribuimos los venezolanos en el sentido de estar prevenidos ante alguna trampa. Igual que cuando te echan una vaina dices "a perro macho lo capan una sola vez" para significar que otra igual no te la van a echar o "perro viejo, late echado" cuando te refieres a una persona con mucha experiencia sobre algo, lo mismo que "no le cuentes cuentos al que sabe historia".

La introducción anterior viene al caso porque recientemente a Teodoro le grabaron, en su propia oficina, una conversación telefónica con Quiroz, acerca de la cual yo expuse mis sospechas sobre su participación y posterior difusión en un artículo publicado en Aporrea (Mamá ¿qué será lo que quiere Teo?), sospechas que se confirman con una nueva grabación, otra vez en su propia oficina, pero esta vez con un abogado de causas perdidas, el cual, incluso, en su conversación se permite hacer alusión a las personas que le graban las conversaciones a Teodoro. A Teodoro le son perfectamente aplicables los dos refranes populares anteriores relativos al perro, ya que en el supuesto, para mí negado, de que la primera grabación le hubiera sido hecha sin su conocimiento, no le iban a hacer la segunda ni de vaina, y en cuanto a lo de la experiencia en esas lides, ni se diga. Sería inconcebible atribuirle tal grado de ingenuidad un personaje tan conspicuo entre la masa gris que conforman los "líderes" de la ¡y que oposición!.


Esta segunda grabación que pareciera un regalo caído del cielo para quienes están del lado del Presidente Chávez, debería ser visto por éstos con mucho cuidado no vaya a ser que "pisen un peine" que les haya sido puesto. No quiero asumir el papel de Casandra, cuyos vaticinios sobre la caída de Troya fueron desoídos, ni el del sumo sacerdote de Apolo, Laocoonte, cuyas advertencias acerca del "regalo" de los griegos fueron pasadas por alto ("Temo a los griegos y hasta sus regalos") permitiendo el ingreso del caballo de madera dejado por estos a las puertas de la ciudad y la consecuente caída y arrasamiento de la misma, pero el que tenga oídos que oiga.



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Ño Leandro


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