Rumbo a Macaira

Volvemos a lo mismo. La situación del país está llevando a los ciudadanos a niveles neurotizantes. Si seguimos así no dudo que en unos tres meses encontremos a miles de ciudadanos cogiendo carretera, con la cabeza llena de inútiles dudas: ¿Cuál fue la marcha más grande? ¿Se paró el 60, 70, 80 o el 90% el 21 de octubre? ¿El paro fue un éxito o un fracaso? ¿Se pueden hacer elecciones ya? ¿El referéndum revocatorio es una elección? ¿La oposición es golpista o democrática? Y por ahí seguirán los pobres con la mirada perdida, rumbo a San Francisco de Macaira [1].

Lo cierto es que el toma y dame promete. Si Chávez estornuda, a la oposición le da gripe. Si a Chávez le da neumonía, a la oposición le da bronquitis aguda con bronco espasmos incluidos.

Y es que el país está como un juego de béisbol que se empata en el noveno. Cuando esto sucede algunos comentaristas deportivos dicen eufóricos: ¡juego nuevo!. Otros recuerdan, ya con una reiteración caliche, a Yogi Berra, con aquello de que el juego no se acaba hasta que se agarre el out 27 o el juego no se acaba hasta que se termina.

En el caso que nos ocupa estamos en un juego de béisbol empatado en el noveno con miles de fanáticos en las gradas, exponiendo al de al lado su mejor estrategia. El problema precisamente estriba en que casi nunca están de acuerdo. Todos son expertos. Todos creen que pueden ser manager. Todos son mejores umpires. Todos son mejores bateadores. Todos ven la bola clarito ¿Qué se cree Cairo? ¿Cómo dejó pasar esa bola? ¿Qué clase de manager es ese? ¿Ese umpire está ciego, no vio ese strike?

Lo que pasa es que al igual que en el béisbol, Venezuela tiene su librito de normas, que en nuestro caso es la Constitución. Los “atajaperros” en una cancha (del deporte que sea) se resuelven acatando las normas, respetando las reglas. Acá quieren modificar las normas según la conveniencia. ¿Es posible llegar a un acuerdo en esas circunstancias? Lo veo difícil, porque cada quien querrá halar la brasa hacia su sardina. Imaginen por un segundo que un umpire decida que las bolas son strike y los strikes, bolas. ¿Qué creen que pueda pasar?

Bateadores, pitcher, camareros, short stop, infielder, rightfielder, recoge bates, todos sin excepción, sean estrellas, tipo Barry Bonds, o estrellados (tipo nadie, no voy a herir susceptibilidades) tienen que acatar las reglas del juego, que llaman. Cual juego de béisbol, tenemos unas normas, ¿no será más fácil cumplirlas? Si las cosas siguen así uno no va a tener más remedio que pensar que la oposición se ve perdida, y cual borracho impertinente jugando dominó, lo que quiere es voltear la mesa.

Nos lo podrían decir y así cogemos todos de una vez pa’ Macaira.

Mercedes Chacín. Periodista


[1] Pueblo del estado Guárico, con agradable clima de montaña y famoso, entre otras cosas, porque allí hay un sanatorio para enfermos mentales.


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