¿Porqué Ravell “se la tira de sabroso”?

No es necesario ser psicólogo para examinar la conducta de un personaje como Alberto Federico Ravell. A pesar de ser hijo de un ilustre venezolano, puede haber visto en la figura paterna el ejemplo menos digno de imitar, porque Alberto Ravell, su padre, se ganó un puesto en la consideración de muchos compatriotas haciendo sacrificios que otros no estuvieron dispuestos a hacer, como por ejemplo pasar varios años en las cárceles y vivir en el exilio, por motivos estrictamente políticos, de conciencia. Ello trajo consigo mucha desazón en el núcleo familiar, porque si bien era una familia “de bien”, la falta del “pater familias” les causaba sufrimientos que ahora es bueno reconocer. Siendo don Alberto Ravell un intelectual, de los que Gramsci llamaba “orgánico”, a pesar de su militancia en aquella Acción Democrática, nunca fue un hombre adinerado; todo lo contrario, su origen era muy humilde y procedía del estado Yaracuy. Don Alberto pensaba con su propia cabeza. No obstante la procedencia de don Alberto, se vinculó por matrimonio con la familia Arreaza, procedente del estado Anzoátegui, donde gozaban de mucho prestigio por los servicios que muchos de los titulares de ese ilustre apellido habían aportado al país.

Cuando Jaime Lusinchi llega a la presidencia de la República, Alberto Federico todavía no había cumplido los 40 años; pero ya se le había adherido como un ixodoideo, mejor dicho se le había pegado como una garrapata y vio la gran oportunidad de su vida de resolver sus problemas económicos al ser designado como Presidente de Venezolana de Televisión. Este nombramiento fue producto de la explotación que hizo Alberto Federico de la memoria de su padre, a quien Jaime Lusinchi tenía en grande estima, este pensó que no podía haber nada más satisfactorio que honrar una vieja amistad confiando en su heredero tal responsabilidad. Alberto Federico, todavía en buenas facultades físicas fue prontamente reconocido en los mas “selectos” lugares de la capital, los cuales frecuentaba, siempre en compañía de damas de gran belleza, a las que les ofrecía modelazgos, actuaciones en la pantalla chica como animadoras o actrices, en fin ofrecía las cosas que pudiera soportar un buen colchón.

Alberto Federico era, y es todavía --a pesar de sus 64 años--, gran aficionado a largas libaciones, siempre de aquel aguardiente proveniente de Escocia, famoso por su destilación y añejamiento prolongado. Nunca se dignaba en degustar el vino, porque no era lo suficientemente “picoso” para sus gustos, y porque la moda de aquel entonces en los círculos sociales de la oligarquía caraqueña, era complacer las apetencias de los adecos, que no estaban acostumbrados a los placeres afrancesados, los que detestaban, porque pensaban que el güisqui era lo más parecido a un “buen palo” de caña clara. Y no solamente primaba ese elemento, sino que Alberto Federico solía acompañar a muchos saraos al presidente de turno, quien era sobradamente conocido por su afición desmesurada a los placeres etílicos.

Pues bien, con ese bagaje vivencial a cuestas, Alberto Federico se empató con  su antiguo pana Guillermo González y le ofrecieron a Omar Camero la posibilidad de conseguir una concesión y fundar una nueva televisora para hacer competencia a RCTV y Venevisión, que para entonces dominaban la escena. De allí nació Televen y de allí nacieron también muchos escándalos, como el famoso caso de los “jeeps” para la campaña electoral de AD, que fueron vendidos por Camero. Esta sociedad tuvo muchos tropiezos porque todos eran, como dice Alberto Federico, unos “grandesligas” en el arte de la zancadilla y la turbiedad comercial. Luego vino el negocio de Globovisión, donde Alberto Federico aplicó el mismo esquema de Televen, es decir el aportaba algunos cobritos, no muchos, pero se vendía como el gran conocedor del medio televisivo, y que en realidad es.

Tras el derrumbe de la partidocracia de la cuarta república y el consecuente apilamiento de cadáveres políticos nauseabundos provenientes de AD y Copei,  Alberto Federico toma un nuevo aire, y ya en posesión de un canal de televisión al que manejaba a su antojo, sin ser el dueño absoluto, comienza a ser la referencia obligada para el vocerío de la canalla opositora, y con amenazas, halagos y demás yerbas aromáticas se fue erigiendo como el representante y aglutinador de la oposición, que en la época del golpe de estado y sabotaje petrolero alcanzó su climax con la llamada “Coordinadora Democrática”, largamente apoyada económicamente por los sectores de derecha del país y por la Embajada gringa; y a pesar de que no triunfó políticamente en aquella oportunidad, tenía la suficiente influencia para designar ministros en el gobierno de Carmona “El Breve”, donde colocó, entre otros, como “ministro” de Salud a su primo Rafael Arreaza.

Esta derrota política significó un éxito económico de grandes proporciones, porque Alberto Federico manejó a discreción ingentes sumas de dinero, parte (¡y vaya qué parte!) de las cuales pasaron a engrosar su ya abultado patrimonio. En posesión del redil opositor, en donde no tiene discusión su liderazgo, se abrieron todos los canales con la embajada aquella en donde se le apoya en todo, fundamentalmente en el plano económico. Por ello no es de extrañar que el representante de la embajada gringa se dirija primero que nadie a Ravell y no a los “líderes” partidistas. Lo más obsequioso de todo es que el mensaje enviado a Ravell habla de que todo está listo para la campaña mediática que harán para enfrentar a la opción del Sí, y que sólo bastaría discutir sobre el aporte económico, que en un primer momento consideró “poco”.

Con tremendo respaldo económico, político, social, financiero y sobretodo, gozando con la obligada protección del Imperio, ¿cómo creen ustedes que se comportaría un guapetón de barrio, lo que en esencia siempre ha sido Alberto Federico? Es más, siempre los cobardes, los que presumen de doctos y poderosos sin serlo, se ensañan contra los débiles, contra los que les estorban el camino, y no es la primera vez que protagoniza hechos de este tipo. En esa aparente fortaleza está su mayor debilidad, que quedó evidenciada con el torpe incidente de Maiquetía, donde sin querer dio a conocer a todo el país la naturaleza de la conspiración que está en marcha, y que, una vez más será derrotada por nuestro pueblo. 

 


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Omar Montilla


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