Encuentros disociados del tercer tipo (#7)

Lo malo de la meritocracia según la oposición… Como bandera política es mal entendida y mal usada. No ha sido más que otro instrumento que aliena al resto de la población. Y con razón…

Recién llegado al “imperio”, tuve la oportunidad de conocer a un muchacho venezolano al cual con el tiempo llegamos a reconocer como genio. O, al menos era poseedor de una inteligencia extraordinaria. Sus notas de bachillerato eran impresionantes. Por las calificaciones que continuaba adquiriendo, aparentemente sus planes eran prolongar esa “rutina”.

Era de origen muy humilde. Me refiero a humilde dentro del contexto socio económico de la palabra. Se vestía sin pretensiones. De igual manera hablaba y actuaba. Mas tarde descubrí que era becario de la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho.

Este es un buen ejemplo del buen uso y práctica del concepto de meritocracia. Este ciudadano indudablemente tenía los méritos. Como tal merecía una beca y se había hecho acreedor de una.

El problema con el concepto de meritocracia que manejan los simpatizantes de la oposición es que van un poco más allá de simplemente darle lo que se merece al que tiene o ha hecho méritos. Un buen ejemplo sobre a que me refiero me lo facilitó recientemente una simpatizante de la oposición.

Me dijo que yo no tenía ni “conocimiento” ni “competencia técnica” para hablar de “meritocracia”. De acuerdo a lo que expuso, no me quedó más que darle la razón.

En defensa de la bandera de la oposición me dijo que era hija de un trabajador petrolero que “con un simple bachillerato” había dejado 40 años de su vida en la industria. Continuó diciendo que su padre, “un típico venezolano común”, “un Juan Bimba cualquiera”, llegó desde abajo y logró escalar a posiciones importantes de supervisión, “siendo un hombre respetado, admirado y querido, todo gracias a la meritocracia”.

Esto de por sí es una confesión explícita del clasismo que domina el razonamiento meritocrático de mucha de la gente “chévere” que cohabita en las filas del anti-chavismo. Nuestra amiga, conciente o inconcientemente, combina desprecio, descrédito y burla sin considerar en absoluto valores, carácter y otros elementos que de verdad definen méritos personales.

Según sus propias palabras, su padre era un venezolano “típico” y “común” con un “simple” bachillerato, “un Juan Bimba cualquiera”. No solo eso. Nuestra compatriota acepta que este señor, su propio padre, haya llegado a ser “respetado, admirado y querido” DESPUES de haber escalado posiciones de supervisión dentro de la industria petrolera.

¡Ni sus propios padres se escapan de la deshonra y el vilipendio por tener un “simple” bachillerato!

Y este sentimiento lo extienden sin anestesia al área política. Si así son con la familia, es fácil entender el desprecio que le tienen a Nicolás Maduro, por ejemplo. Sinceramente se avergüenzan de que un “simple” chofer del Metro de Caracas haya llegado a canciller de la República Bolivariana de Venezuela.

Los disociados vociferan que Venezuela debe ser un país donde todos tengamos igualdad de oportunidades. Sin embargo, pregúntele si esto incluye a “típicos venezolano comunes” con “simple títulos de bachillerato”. “Juan Bimbas cualquiera” pues…

Simplemente, la respuesta es no.

Yo sigo insistiendo… La mejor campaña a favor de la reforma constitucional es reconocer a aquellos que están en contra.


¡No! ¡No volverán!


elio@vheadline.com









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Elio Cequea


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