Náufragos

—Compai, qué cosa más triste oír como está muriendo la gente, y jóvenes, en esos peñeros que naufragan en la mar. Da dolor saber que lo que van es huyendo de la miseria y la necesidad. Eso nunca se había visto, por estas tierras.

Y la noticia pasa como si nada. Ya van unos cuántos naufragios y muchos ahogados.

—Así es. Uno pensaba que eso solo pasaba en el Mar ese que queda entre la Europa y África. Y mire que acá van como cinco naufragios, que han mentado en las noticias. Quién sabe cuántos más habrán ocurrido y nadie se ha enterao.

Yo que leído la noticias de los ahogaos que son de África y muchos ponen eso que es culpa del capitalismo. Entonces, dijo yo ¿de quién es la culpa aquí?

Porque aquellos también huyen de la sin razón política.

—Usted se imagina esas madres desesperadas, primero, porque el muchacho se lanza a la mar a aventurar a la buena de Dios; y después cuando llega aquella noticia, oyendo eso con la esperanza que su muchacho esté vivo.

Pero no, la mar es implacable.

—Eso es mucho riesgo, y así será la desesperanza que reina entre la gente que no lo piensan dos veces. ¿Cómo será eso por tierra?

Por esas trochas poniendo el pellejo en riesgo de que los maten, los roben, ah. Cruzando ríos, porque quien no intenta salir por La Guajira, lo hace por el Táchira, o El Arauca, o Brasil.

Pero los que viven en la costa se lanzan a la mar por Guiria buscando Trinidad, aunque allá los meten presos. Otros buscan Curazao. ¡Dios Bendito!

—Es que este barco naufragó.

Y si no ha naufragado va rumbo a un acantilado o está encallao. Pero rumbo claro no tiene, por lo menos para le gente.

Yo creo que acá no hay capitán que lleve el timón.

—Yo hay tengo mis dudas. Y una vez se lo dije. No sé si por acá lo publicaron. Alguien tiene la mano puesta en el timón, que uno no sepa quién es eso es otra cosa.

Porque como le dijo, esto no puede ser tan casual ni accidental. Porque cada vez que pasa algo le agarran el trinqui y ahí se quedan pegaos.

Recuerda cuando el mostachudo estuvo como tres años seguidos o más dándole propaganda al bendito dólartoday, hasta que llegó el momento que quien mandaba en el asunto monetario era esa casa de cambio o lo que sea.

—Pensándolo bien, lo que usted dice es muy cierto.

—Si esos ahogaos ocurren en otro país eso es culpa del capitalismo, como usted dijo. Pero ya aquí han ocurrido varios y estos callados. Cómo si no pasara nada.

Y es muy lamentable, en verdad. Ahora mire usted, pasan tantas desgracias a diario que ya no se da abasto para uno lamentarse. Todos los días sucede algo y no es que los medios estén manipulando nada, como les gusta decir a los chavecos.

La gente escribe, por acá, cosas muy ciertas. Asuntos que vive en carne propia, que no se los contó perencejo. Y quién atiende esas cosas. Mire a ese fiscalete de la nada diciendo que no habrá impunidad y bla bla bla. Lo único que sabe hacer es cuidar el puestico que tiene.

—Compai, quién más lo va a contratar, nadie le va a dar trabajo. Aunque eso no es trabajo

—Lo miento, porque ese no ha dicho nada de esas cosas terribles que suceden a diario, que atentan contra vida de la gente. Y que son potestad del gobierno, digamos: la luz, el agua, la gasolina, el gas domestico, la medicina y paré usted de contar.

Porque eso no es asunto de las empresas privadas y capitalistas, como le gusta llenarse la boca. Eso es responsabilidad y competencia de los chavecos gobernantes.

—Pasando las de Caín nos tienen. Este país naufragó, le dijo.

—Le repito como siempre, esto hace rato dejó de ser un país. Esto es un erial. Un peladero de chivos. Donde suceden cosas que nadie imaginó.

—Ahí le doy la razón. Es difícil llamar a esto país porque acá todo va a la bartola. Como decía aquella gaita de gerguita estamos viviendo, si es que a esto se le puede llamar vivir.

—¿Vivir? Si andamos como unas piltrafas, parecemos unos náufragos.

Estamos todos desorientados, muertos de hambre; cuando los familiares regresen a visitarnos no nos van a reconocer de acabaos que estamos, envejecidos y flacos.

Voy a subir, que me dijeron que el paisano y que está descompuesto. Luego nos vemos.

Y le dijo: Por ahora, apriete.









 



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Obed Delfín


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