El cortesano y el poder

 


El cortesano lo es, porque no reconoce su posición subordinada. Niega el antagonismo social, sueña con ser aceptado por la corte, desea el "poder", quiere dominar.

El cortesano, entonces, puede asumir dos actitudes que no logran enfrentar el tema de la dominación:

Una, acomodarse, reptar y trepar, lamer y lamber, arrodillarse y humillarse, "subir" con base en la lisonja y el favor.

La otra, rebelarse en nombre de los intereses de "todos", ya sea para acceder al "poder" por medio del golpe de mano (falsa revolución) o por medio de la negociación (claudicación).

En esa trampa han caído todas las "revoluciones" desde el siglo XVIII.

Sólo hoy, después de muchos fracasos se empieza a comprender que "unos pocos" no pueden liberar a "todos" y que al querer hacerlo, terminan enredados en su propia trampa.

Terminan pareciéndose (+ o -) a quien querían derrotar y "derrocar".

Estanislao Zuleta decía que el problema es "que no sabemos desear".

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Fernando Dorado

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