La ética de un humilde camarada

Por aquí pasó, se llamó Alberto Linarez, le decían Chirivella, desde muy pequeño llegó (1922) de Obonte dominando la lectura y escritura gracias a su Abuela materna, asimismo vale destacar que creció en los oficios propios del campo venezolano donde pudo palpar las miserables condiciones de explotación del hombre (terrateniente) en contra del hombre (explotado). Realidad que le inculcó desde temprana edad un sentimiento de rebeldía en contra del status quo, llegando a comulgar hasta su momento de partida (21-03-1999), con las ideas progresistas o socialistas que inicialmente promovieron en Venezuela: Salvador de la Plaza, Pio Tamayo y Gustavo Machado.

Posición de coraje y valor ante la vida que lo llevó a ser un perseguido político de la temida Seguridad Nacional (Gobierno de Marcos Pérez Jiménez desde 1952 a 1958) asimismo de la menos terrorífica DIGESPOL (Ente el año 1959 y 1969), la cual lo llevó a trasladarse a Caracas para más luego llegar pacificado de vuelta a su patria chica (Guama-Yaracuy) por allá en 1971 (año de la fundación del MAS).

Como anécdota me tocó circunstancialmente, compartir la Ciudad Capital de Venezuela con él, por allá en 1966, en una modesta pensión residencial ubicada en la Calle Ecuador de Catia (al lado del Hospital Periférico) regentada por el Señor Carúpano. Convivencia que me llevó a recibir las primeras lecciones de escritura e innumerables observaciones, ya que le letra E, para aquél entonces, la caligrafiaba mi persona como un peine mata piojo.

De seguida y ahondando aún más en los aspectos relacionados a la rebeldía de mi padre desde su mocedad, interesante también es señalar su condición de hijo ilegítimo de Ramón Yrene Chirivella León, partidario de la política implementada por Juan Vicente Gómez (Dictador venezolano del periodo 1908-1935) y que habiendo sido diputado por el estado Carabobo, llegaba a Yaracuy desde Aguirre (cerca de Bejuma), en compañía de Joaquín Salvatierra, su primo hermano.

Chirivella como lo llamaban cariñosamente los lugareños en Guama se destacó por ser un Padre de familia corresponsable socialmente, decente a la hora del dialogo fraterno, jamás juzgó a nadie personalmente (ni siquiera a sus enemigos políticos), trabajador al ciento por ciento, creyente a su manera en Dios, hospitalario por naturaleza, solidario y cooperativista con quienes acudían a él, compañero de lucha de Meche Cordido junto a Félix Palacios, Rubén Pérez, Raúl Mújica, Adán Hernández, Carlos Giménez, Benigno Rodríguez entre otros y otras. Forjadores todos de ese socialismo a la venezolana que se presentaba como una opción anti guanábana.

Digno es recalcar que su humilde casita fue visitada por muchísimos de sus coterráneos e igualmente por Gustavo Machado; Douglas Bravo; Trino Rojas; Argelia Laya; Pastor Jayaro; El flaco Vásquez; el Poeta José Cárdenas; Barba azul (alias de un revolucionario de los 60 del siglo XX en Venezuela); la poetisa Carmen Fidencia López; Hugo Calvetti; Miguel López Pinto, asimismo por el camarada, poeta y jurista tocuyano Fredy Montesinos, de igual manera por José León Tapia. Con respecto al médico León Tapia (autor del libro Maisanta el último hombre a caballo) se reseña el gesto que tuvo para con mi papá, al designarlo invitado honorario (1997) en el bautizo de su último libro en la Casa de la cultura Mercedes Cordido de Guama.

Atrás quedaban sus correrías tras la conquista de un mundo mejor, la seriedad del compromiso revolucionario, las inconformidades sentidas, sus principios notariados como Concejal del Partido Comunista de Venezuela (PCV), su patio productivo, los sueños irrealizables, el dolor sufrido por su núcleo familiar (incluida su fiel compañera de vida y esposa Mercedes Trejo) con los innumerables allanamientos ordenados indirectamente por el Tío Sam (USA), pero soportados con la resistencia vertical y con la misma claridad revolucionaria de Guaicaipuro, Bolívar, Ezequiel Zamora, Emiliano Zapata, Lenin, Ho Chi Minh, Fidel Castro, el Che Guevara, Marulanda (Tirofijo), Kleber Ramírez y Nelson Mandela.

Para finalizar, me permito reseñar que, por cuestiones de la vida misma, su muerte aconteció cuando a consecuencia de la novedosa llegada al poder (Diciembre de 1998) de Hugo Rafael Chávez Frías con el Movimiento Quinta República, se sentía viviendo a sus 83 años una nueva primavera, tal como lo expresó, dejando a su paso una familia compuesta por SEÍS (06) hijos biológicos y CUATRO (04) de crianza. Prole (incluyendo descendientes) que a diario le sigue dando las gracias a nuestro Dios cristiano y a la vida como dice la canción de la cantautora chilena Violeta Parra, por haber puesto en nuestro camino a uno de sus gentiles hombres, al cual, con el presente escrito, se le rinde un humilde homenaje, extensivo también a todos los revolucionarios de cuerpo, alma y corazón humilde, héroes anónimos del anti poder, portadores todos del estandarte de una dignidad fraguada con el calor propio del esfuerzo realizado intelectual y físicamente para honra de quienes decidan emularlos a lo largo y ancho de nuestra amada República Bolivariana de Venezuela.

Docente de la UNEY

leolinyy@gmail.com



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