La OEA como intento de la burguesía para acabar con la revolución bolivariana

LA OEA COMO INTENTO DE LA BURGUESÍA LATINOAMERICANA POR ACABAR CON LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA, Y EL PAPEL DE MADURO COMO QUINTA COLUMNA DENTRO DEL PROCESO REVOLUCIONARIO

La crisis política y económica que transcurre en Venezuela ha alentado a las burguesías latinoamericanas a levantar todo un movimiento institucional en la OEA y en otros organismos internacionales (ONU, MERCOSUR) con el objetivo de terminar de retomar el poder en Venezuela y acabar con cualquier posibilidad de fortalecimiento del proceso revolucionario bolivariano que se iniciara a partir del 27 de febrero de 1989.

Decimos que esta conspiración que se desarrolla desde la OEA responde más a las intenciones de las burguesías latinoamericanas que a la iniciativa del gobierno imperial que ahora preside Donald Trump, porque la situación política interna en los Estados Unidos es suficientemente complicada para el nuevo gobierno de Trump como para pensar que este movimiento en la OEA contra Venezuela esté respondiendo a un plan previo del Departamento de Estado norteamericano. Pensamos que a Trump no le ha dado tiempo aún de planificar un movimiento de intervención hacia Venezuela, aunque seguro estamos que ese objetivo figura entre sus prioridades centrales.

Tampoco creemos, como dice Maduro y sus ministros, que esto sea un "coletazo" del gobierno de Obama, gobierno con el cual Maduro agotó todas los coqueteos y galanteos reuniéndose numerosas veces con Thomas Shannon, John Kerry y con el propio Barack Obama.

Cierto es que el gobierno de los Estados Unidos acompaña en todos sus puntos esta conspiración burguesa desde la OEA, y por momentos pueden asumir la iniciativa en la misma, pues tienen un particular interés en destruir de manera definitiva a la revolución bolivariana, proceso que ha trastocado en términos históricos el dominio imperial capitalista en todo el continente Nuestramericano, como no ocurría desde tiempos de la independencia en la segunda y tercera década del siglo XIX.

La llegada al poder de Hugo Chávez en 1999, como resultado de la crisis y derrumbe del bloque de poder puntofijista que se desarrolló entre 1989 y 1998, sirvió para detonar un proceso de cambios en toda Nuestra América, y los sucesivos triunfos electorales de diferentes y variados movimientos de izquierda permitieron que las geniales propuestas de integración que resucitó Chávez al retomar la unidad continental formulada por Francisco de Miranda y Simón Bolívar hace 200 años, se concretaran en la creación de nuevas instancias de integración nuestramericana como el ALBA, UNASUR, CELAC, PETROCARIBE, Acuerdo de Defensa Suramericano, Banco del Sur y la reformulación del MERCOSUR.

En la primera década del siglo XXI e inicios de la segunda década se concretaron propuestas políticas claramente antiimperialistas y que favorecían visiones de gobierno a favor de las grandes mayorías populares, aunque no todas se identificaran con un programa socialista y anticapitalista.

Pero la derrota del kirchnerismo en Argentina en 2015, y el derrocamiento de Dilma Roussef en Brasil en 2016, ha cambiado radicalmente el panorama continental, pues se agrega un considerable debilitamiento de otros gobiernos de izquierda, incluyendo al de Venezuela presidido por Nicolás Maduro. Ante esta modificación en la correlación de fuerzas continental, las burguesías latinoamericanas asumen iniciativas ambiciosas para intentar recuperar los espacios políticos que le fueron arrebatados en el período 1998-2013. Por supuesto que detrás de estas burguesías latinoamericanas están sus socios mayores, las burguesías de Estados Unidos y de la Europa Occidental (Alemania, Inglaterra, Francia, España e Italia principalmente).

La dificultad que encuentran es que sus socios menores internos (o digamos mejor, sus socios menores que actúan de manera más explícita) atraviesan una profunda crisis histórica derivada del colapso del bloque social que se consolidó en Venezuela a partir de 1958. Ese bloque social nacido del Pacto de Punto Fijo, integrado por las cúpulas de los partidos AD y COPEI, por el alto mando militar, la cúpula de la iglesia católica, Fedecámaras, burocracia sindical de la CTV y medios de comunicación privados, comenzó a derrumbarse a partir del levantamiento popular de febrero-marzo de 1989, y aunque duró todavía una década más en el poder, terminó de caer en las elecciones presidenciales de diciembre de 1998, ganadas por Hugo Chávez.

A partir de 1999, el bloque puntofijista comenzó su definitivo declive histórico, del cual creemos que nunca podrá recuperarse. El capital extranjero y la burguesía criolla representados en ese bloque puntofijista sufrieron una derrota tras otra entre 1998 y 2012, ante la fuerza popular levantada en apoyo al presidente Chávez y a su radical programa de transformaciones que culminó en la formulación del Estado Comunal Socialista como norte del proceso bolivariano.

Esta conspiración levantada desde la OEA actualmente busca como aliados naturales a los restos de ese bloque de poder puntofijista, particularmente a lo que queda de los viejos partidos AD y COPEI y sus subsecuentes divisiones de los últimos años. Este bloque puntofijista hoy representado en la MUD recuperó una considerable fuerza electoral al triunfar en las elecciones legislativas de 2015, aprovechando y canalizando los numerosos y gravísimos errores de la política económica y social ejecutada por Nicolás Maduro, de la cual hemos realizado numerosos análisis críticos en tiempos recientes.

Pero la caducidad histórica de la MUD, caracterizada por múltiples fracciones partidistas y por liderazgos mediocres y cobardes que terminan negociando con el gobierno, le han impedido ser fieles representantes de una clase burguesa internacional que busca retomar plenamente el control sobre Venezuela. La MUD se ha desprestigiado considerablemente en el último año, por el fracaso sucesivo de todas sus estrategias formuladas, y hoy en día, aunque sigue siendo una referencia polarizante enfrentada al gobierno de Maduro, ha perdido casi toda su capacidad movilizadora, su ánimo interno es de desbandada, y muy difícilmente podrá encabezar o capitalizar las sanciones que desde la OEA y otras instancias internacionales se concreten contra Maduro.

Es por esa razón que la conspiración desde la OEA tiene pocas posibilidades de decidir sobre el destino del gobierno venezolano. La misma burguesía mundial que intenta desentrañar la realidad venezolana para influir mejor en ella, se da cuenta que puede ser un camino más viable la cooptación del mismo gobierno de Nicolás Maduro, y desarrolla simultáneamente a lo de la OEA una serie de planes económicos centrados en la explotación minera y petrolera, planes en los que entran las principales multinacionales de los Estados Unidos, Europa Occidental, China y Rusia.

En la historia de Venezuela, todas las grandes revoluciones han terminado siendo traicionadas por sus principales dirigentes. La revolución de independencia fue entregada al capital extranjero inglés y francés por José Antonio Páez, jefe militar del imponente ejército popular que había destrozado al ejército español y había expulsado al imperialismo colonialista del continente suramericano. La revolución federal fue entregada al mismo capitalismo inglés y francés por sus principales jefes triunfantes sobre Páez, Antonio Guzmán Blanco y Juan Crisostomo Falcón. La revolución liberal restauradora de los andinos encabezados por Cipriano Castro, fue traicionada y entregada al capitalismo estadounidense por Juan Vicente Gómez. Y la revolución democrática que los adecos encabezaron en 1945 y 1958 fue entregada a los yanquis por su propio jefe, Rómulo Betancourt, el último de los grandes traidores de los procesos revolucionarios en Venezuela.

Pareciera que Nicolás Maduro está calzando los guantes de Páez, Guzmán, Gómez y Betancourt. Con su entreguismo ante el capitalismo multinacional en el Arco Minero del Orinoco, y en la Faja Petrolífera del Orinoco, con su entreguismo ante la rancia burguesía tradicional criolla representada en Fedecámaras, en los Mendoza, los Vollmer, los Cisneros, los Dorado y demás grandes burgueses venezolanos, con su entreguismo ante Obama primero y ante Trump ahora, Nicolás Maduro está recorriendo el camino de la traición abierta al legado revolucionario de Hugo Chávez, camino que ya fue recorrido por otros a lo largo de nuestra historia.

Maduro no desea ser derrocado, y por el contrario ha diseñado, junto a la cúpula del PSUV y alto mando militar, un plan para mantenerse en el poder "como sea", por cualquier medio, así tenga que transgredir abiertamente la constitucionalidad, como en efecto está ocurriendo.

Maduro trata de presentarse ante el capitalismo mundial como el "chico bueno" que puede hacer el papel que en teoría le tocaría jugar a la MUD y a Fedecámaras. Maduro se vende ante el imperio gringo y sus aliados como el que puede asegurar sus inversiones y otorgarles jugosos contratos para reiniciar el saqueo de nuestros recursos naturales, saqueo que por un corto tiempo se detuvo gracias a la política nacionalista de Chávez, pero que hoy nuevamente ha arrancado.

El plan de Maduro incluye convencer a la burguesía que ellos deben seguir gobernando, y trata de cuadrar los argumentos para justificar un "estado de conmoción interna" que le permita posponer de manera indefinida todos los procesos electorales en el país. La burguesía mundial no ha tenido nunca problemas en gobernar con socios menores que constituyan dictaduras abiertas, de izquierda o de derecha. Los Estados Unidos apoyaban tanto al Irak de Saddam Hussein como a la Arabia Saudita de sus jeques petroleros fundamentalistas.

Pero el ingreso a Venezuela de grandes multinacionales y el fortalecimiento de la burguesía tradicional criolla es alimentar el veneno dentro del cuerpo del estado bolivariano. Estos planes económicos de Maduro, que buscan su pretendida salvación para no ser desalojado del poder, pueden irónicamente revertirse en su contrario. El cáncer del capitalismo en sus más genuinas expresiones nunca podrá fortalecer el camino socialista del cual Maduro ya se alejó de manera definitiva.

De manera que Nicolás Maduro y la cúpula político-militar se han convertido en la quinta columna que desde el propio gobierno bolivariano negocia con el imperialismo el desvío definitivo del proceso revolucionario. Ese es el papel histórico de los grandes traidores de nuestras pasadas revoluciones, desde Páez hasta Betancourt.

Tenemos entonces una situación compleja. Por una parte la burguesía latinoamericana, fortalecida por sus triunfos en Argentina y Brasil, y por el dominio que ejerce históricamente en otros países como Colombia, México y Perú, tratando de derrocar a Maduro, apoyándose en una debilitada y perdida de foco MUD. Por otra parte, el mismo capitalismo que está detrás de la conspiración en la OEA, representado en las grandes multinacionales petroleras y mineras, haciendo negocios muy jugosos con Maduro y su gobierno "socialista". En este cuadro, entra la burguesía tradicional criolla, desplazada en cierto grado por la boliburguesía chavista que se ha apoderado de numerosos negocios como son por ejemplo los grandes medios de comunicación (El Universal, Globovisión, Cadena Capriles, Bloque de Armas, Canal I), que aprovecha los dólares que le regala Maduro para fortalecer su presencia interna en un nuevo reparto de la renta petrolera jugando su papel como burguesía parasitaria. Y finalmente Maduro y su elite político-militar que busca mantenerse "como sea" en el poder, y dado que su fracaso económico absoluto no le permitirá ganar ninguna elección en el corto y mediano plazo, busca crear y/o fabricar situaciones de "conmoción interna" para poder justificar la suspensión indefinida de todos los procesos electorales, única forma en que puedan mantenerse en el poder.

En último término, el pueblo venezolano, que ha perdido sus pocas organizaciones autónomas y carece de expresiones sólidas y masivas en el panorama político nacional, sufre las consecuencias del brutal paquete económico que ejecuta Maduro, de liberación total de precios que ha hundido en el subsuelo el salario de los trabajadores.

La burguesía mundial, inteligentemente, juega todas las cartas al mismo tiempo. Se la juega con la OEA, y por su derivación en la MUD, para tratar de debilitar a Maduro y si es posible sacarlo del poder por cualquier medio legal o de fuerza. Se la juega también con el propio Maduro, negociando y contratando jugosos emprendimientos económicos mineros y petroleros. Se la juega acercando a la burguesía tradicional criolla al gobierno de Maduro, propiciando una alianza que obviamente apunta a fortalecer el capitalismo neoliberal dentro del proceso bolivariano.

Todos estos caminos, por la debilidad intrínseca del bloque de poder que gobierna con Nicolás Maduro, pueden confluir en escenarios diversos que culminen en el desplazamiento definitivo del poder de la actual cúpula político-militar del PSUV-FANB. Incluso si Maduro, o algún otro de los miembros de la elite gobernante logra mantenerse en el poder, será a costa de sacrificar todos los principios de la democracia participativa y protagónica contemplados en la Constitución de 1999. La única forma en que esta élite corrupta y entreguista se mantenga en el poder es porque logre el visto bueno de la burguesía mundial para gobernar al margen de la constitución y las leyes, imponiendo una dictadura que nada tendrá de socialista ni de popular.

La única forma en que se revierta esa tendencia que parece inexorable, es mediante la recomposición del movimiento revolucionario venezolano, objetivo que nos hemos planteado desde Marea Socialista y desde la Plataforma en Defensa de la Constitución. Cómo avanzar en esa dirección es tema de otros artículos y reflexiones.



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Roberto López Sánchez

Roberto López Sánchez (Caracas, 1958). Historiador. Profesor Titular de la Universidad del Zulia (1994-2019). Magister en Historia de Venezuela y Doctor en Ciencias Políticas. Luchador social, activista del movimiento estudiantil y profesoral, vinculado al trabajo obrero, campesino, ambientalista, indígena y cultural desde 1977. Participante de la lucha armada revolucionaria (1977-1988); miembro del Frente Guerrillero Américo Silva. Sometido a persecución política y juicio militar en 1982. Actividad revolucionaria clandestina durante 1982-1988. Fundador de la Unión Nacional de Trabajadores-Zulia y miembro de su comité ejecutivo (2004-2012). Integra el consejo consultivo de la Federación Bolivariana Socialista de Trabajadores del Zulia (organismo que sólo ha sido convocado en una oportunidad en cinco años). Ha sido director de las Divisiones de Extensión y de Formación General; Secretario Docente de EUS; Coordinador de la Unidad Académica de Antropología, del Diplomado en Consejos Comunales (cinco cohortes graduadas) y el Diplomado en Formación Sindical con (cinco cohortes graduadas) en la Facultad Experimental de Ciencias (FEC). También ha coordinado la Zona Zulia-Falcón del Ministerio del Trabajo (2004). Ha publicado: El movimiento de trabajadores en Venezuela durante la revolución bolivariana: 1999-2012 (2017); Movimiento estudiantil y proceso político venezolano (2007); El protagonismo popular en la historia de Venezuela (2008-2015); Los Consejos Comunales y el Socialismo del Siglo XXI (2009); y Venezuela ante la globalización, la crisis mundial y los retos de su desarrollo (2012), además de 5 capítulos de libros científicos, 45 artículos científicos y 50 ponencias en eventos nacionales e internacionales. Es miembro del Programa de Estímulo a la Investigación (PEII), nivel C. Egresó en pregrado con 19,41 puntos de promedio (LUZ, 1994). Ha dirigido 10 proyectos de investigación en la FEC-LUZ. Actualmente dicta semestralmente las materias de Historia de Venezuela, Historia de América, Intercambios económicos y simbólicos, y Poder y Movimientos Sociales, en la Licenciatura en Antropología de LUZ. Ha dictado los seminarios Lucha de clases en el siglo XXI. Movimientos sociales y formas de participación política; y El análisis marxista y la sociedad global del siglo XXI, en el programa de Doctorado en Ciencias para el Desarrollo Estratégico de la Universidad Bolivariana de Venezuela, en Maracaibo. En la División de Extensión de la FEC desarrolla anualmente seminarios sobre: Crisis política en Venezuela; Marxismo y Antropología; Movimientos Estudiantiles en Venezuela; Movimiento de Trabajadores en la Venezuela Contemporánea; Crisis Económica Mundial y su repercusión en la economía venezolana; Movimientos Sociales y Protagonismo Popular en la Historia de Venezuela (dictado también en el Centro Internacional Miranda -CIM- y en Fundacite-Mérida en 2016); y el seminario La Lucha Armada en el Oriente de Venezuela: 1965-1990, en el CIM (2017). Es coinvestigador en el Proyecto: “Historia de los frentes guerrilleros Antonio José de Sucre y Américo Silva: 1966-1990”, Centro Nacional de Historia (2016-2017). Investigador principal en el proyecto “Identidades en el estudiantado de la Universidad del Zulia” y del programa de investigación “Universidad del Zulia: comunidad, organizaciones e identidades” (2017-2019).

 @cruzcarrillo09

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