La contradicción principal es entre Capital y Trabajo

Néstor está equivocado

La contradicción principal de todo proceso revolucionario que se plantea el socialismo como norte es la que se establece entre el capital y el trabajo asalariado. De esa manera el mismo Mao Tse Tung lo reconoce en el texto “Sobre la Contradicción” (escrito en 1937) al cual se refiere Néstor Francia en un artículo reciente. “La contradicción entre el proletariado y la burguesía se resuelve por el método de la revolución socialista” (página 71). De eso se trata el proceso de transformación social que abrió el presidente Chávez a partir de 1999. La revolución socialista implica superar la contradicción entre el capitalismo y los trabajadores.

La situación específica a la cual se refiere Mao, en la China de ese momento (1937), es la de un país en Guerra Civil, que además ha sido invadido por una potencia extranjera (Japón). En la Venezuela de 2016 no existen ninguna de esas dos condiciones presentes en China hace 79 años: ni hay en desarrollo una guerra civil ni hemos sido invadidos por una potencia extranjera.

Francia despacha de manera muy olímpica la afirmación que realiza Mao al hablar de la situación China de 1937. Francia asemeja la situación en la Venezuela actual con la China en esa época. Da a entender que la guerra de agresión imperialista que realizó Japón contra China entre 1937 y 1945, equivale a la “guerra no convencional” que los Estados Unidos desarrollan contra Venezuela y “toda Latinoamérica” en el momento actual.

La contradicción principal del mundo actual no es la que enfrenta al “imperialismo yanqui y sus aliados con los pueblos y naciones oprimidas del mundo”, como argumenta Nestor Francia. Si esa fuera la contradicción principal, habría que modificar el Plan de la Patria y los objetivos de transformación social que nos legara el presidente Chávez. Pues una alianza para enfrentar al imperialismo que agrede con invasiones y guerras civiles a distintos países, como Libia, Siria, Irak, Afganistán, y concebir esa alianza como el motor principal del cambio social en Venezuela, implicaría renunciar al objetivo socialista, objetivo que no existe en ninguna de las fuerzas políticas ni en ninguno de los gobiernos que enfrentan al imperialismo yanqui en esos países agredidos.

Tampoco en casi ningún gobierno de Nuestra América el socialismo se propone como una meta de transformación social. Acaso en Bolivia, tal vez en Ecuador y Nicaragua, y se supone que también en Cuba. Reducir el programa de la revolución bolivariana a un programa “antiimperialista” y “nacionalista”, como propone Nestor Francia, implica evolucionar hacia una especie de “reformismo socialdemócrata del siglo XXI”, para poder equipararnos a fuerzas políticas como la fracción kirchnerista del peronismo en Argentina, o al PT de Lula y Dilma en Brasil.

Por supuesto, en esa lógica usada por Francia, en la medida en que la “contradicción principal” no es realmente la principal, es decir, la que enfrenta al trabajo asalariado con la explotación capitalista en cualquier rincón del mundo, sino que se utiliza acomodaticiamente una supuesta “contradicción principal” entre el imperialismo y las naciones oprimidas del mundo, cabe entonces que en Venezuela se haga una alianza con los empresarios capitalistas que “enfrenten la dominación imperialista” y declaren estar a favor de un desarrollo económico “independiente y soberano”.

En una economía rentista como la nuestra, donde los dólares los controla el Estado gracias al ingreso petrolero, encontraremos a toda la burguesía criolla dispuesta a declarar y jurar públicamente su adhesión a un programa de soberanía económica, aunque no crean para nada en el mismo, con tal de que el Estado suelte los dólares que ellos tanto anhelan.

Pero de todas formas, en ese razonamiento de Francia no entra, por más que se intente forzar el razonamiento, la alianza concebida en el proyecto del Arco Minero con decenas de empresas capitalistas provenientes todas de las potencias imperialistas, comenzando por los Estados Unidos y Canadá. Si la contradicción principal es la lucha contra el imperio, pues el Arco Minero debe ser rechazado en todos sus aspectos.

De manera que el razonamiento de Francia termina por no tener ninguna coherencia interna. Primero, es un intento por abandonar el proyecto socialista formulado por Chávez y que está recogido en el Plan de la Patria, y de justificar una alianza con la burguesía criolla “nacionalista”. Segundo, ignora que ese argumento de recurrir a Mao y a su fórmula de la contradicción principal de la China de 1937, es al mismo tiempo un argumento que choca frontalmente con el proyecto de megaminería denominado “Arco Minero”.

Tercero, Francia en su argumentación dice cosas que contradicen sus propias ideas. Habla de un supuesto documento “secreto” del jefe gringo del Comando Sur, en el cual se dice, según expone el mismo Nestor, que el referéndum se usará como “cobertura” para movilizar gente en función del objetivo real de crear “un escenario abrupto que puede combinar acciones callejeras y el empleo dosificado de la violencia armada”.  Es decir, el objetivo del imperio, según ese documento citado por Francia, es generar un escenario de ruptura abrupta del orden constitucional (con el objetivo evidente de derrocar y derrotar a la revolución bolivariana). El referéndum no aparece en ese documento citado por Francia como el centro de la estrategia subversiva gringa, sino como un elemento más a utilizar para lograr su objetivo desestabilizador.

Además, es un tanto audaz creer que el imperialismo yanqui, la mayor potencia económica mundial desde finales del siglo XIX y el primer imperio del mundo desde hace más de 70 años, permite inocentemente la publicación de documentos “secretos” en los cuales aparecen explicitadas sus estrategias más ocultas para desestabilizar gobiernos que no se someten a su dominio imperial.

No descarto que se consideren ese tipo de documentos para realizar análisis políticos, pero de allí a creer que toda la estrategia de la contrainteligencia gringa para acabar con la revolución bolivariana y echar para atrás todo el proceso de insubordinación que ocurre en Latinoamérica desde hace casi dos décadas, está expresada en documentos que se hacen públicos de una manera por lo menos sospechosa, hay una gran distancia.

He propuesto varias veces que los espacios de infiltración imperialista son múltiples, aunque eso no puede llevar a conductas paranoicas como el ver enemigos en todas partes. Como revolucionarios tuvimos la experiencia de los intentos reiterados que la policía política y la inteligencia militar desarrolló en los 70 y 80 para infiltrar al movimiento revolucionario. Para ello se guiaban por las recomendaciones de los asesores de la CIA como Posada Carriles y otros extranjeros que trabajaron en la guerra antisubversiva en Venezuela. Aunque a esta fecha aún no tenemos verdades absolutas, si hemos llegado a conclusiones provisionales que indican que el enemigo de alguna manera logró infiltrar a las organizaciones revolucionarias en los niveles más altos de dirección. Y siempre nos ha asaltado la pregunta: si esa labor de infiltración logró obtener frutos en organizaciones que estaban en la más estricta clandestinidad, cuyos cuadros estaban en la guerrilla rural o viviendo en las condiciones más precarias y secretas en zonas urbanas, cómo será el tamaño, las dimensiones de la probable infiltración que pueda haber realizado la CIA en un gobierno como el bolivariano, en donde se le puede llegar con facilidad a cualquier diputado, alcalde, gobernador, jefe militar, presidente de empresa pública  e incluso ministros.

El que conoce de inteligencia y contrainteligencia, más allá de los habladores de paja, sabe que esa infiltración puede ser de difícil detección, y que sólo en los momentos de ruptura o crisis política es que se pueden conocer a muchos de esos traidores, cuando ya es demasiado tarde y el daño ya lo han causado. Así ha sido en términos históricos, y la guerra fría entre la URSS y las potencias occidentales dejó muchas enseñanzas y muchos ejemplos a este respecto.

Es una enorme irresponsabilidad, de personajes como Nestor Francia y Javier Biardeau, el estar asociando supuestos documentos de la inteligencia gringa con las estrategias políticas de organizaciones revolucionarias venezolanas como Marea Socialista. Los escenarios de infiltración son múltiples y diversos, como dije antes. Puede estar trabajando como informante de la inteligencia enemiga un alto ejecutivo de PDVSA, un jefe militar de cualquier zona del país, un ministro cualquiera, un integrante del alto mando del PSUV y hasta un miembro de Marea Socialista (y por qué no, un escribiente que acusa a otros de ser agente de la CIA). Creo que salvo que se tengan pruebas concluyentes para acusar a alguien de espía enemigo, las cuales si nos guiamos por la experiencia histórica son muy difíciles de obtener, la mejor manera de luchar contra la estrategia desestabilizadora del imperialismo es mediante la contraloría del poder popular y la acción eficiente de los tribunales venezolanos.

No importa tanto determinar si un ministro en particular es o no es agente de la CIA. Si no cumple adecuadamente con sus funciones, si no actúa en coordinación permanente con las organizaciones del poder popular (y me refiero a las reales, no a los espacios de cooptación clientelar que tanto gustan a la burocracia del PSUV), debe ser relevado de sus funciones. Si además existen evidencias de enriquecimiento súbito o de malversación de fondos públicos, debe ser sometido a las investigaciones correspondientes y los tribunales deben hacer su trabajo, superando la impunidad que hasta ahora carcome a esta revolución por todos lados. Con esto bastará para garantizar el buen camino del proceso revolucionario, y para ir derrotando cualquier estrategia desestabilizadora que adelante el imperialismo.

En lo personal sospecho que muchos altos cargos dirigentes de esta revolución pueden haber sido tocados por la maleta de dólares del imperio. Tenemos ya el ejemplo concreto de altísimos funcionarios como Alejandro Andrade, Rafael Isea, Hebert García Plaza, Claudia Patricia Díaz y otros que desertaron al imperio con una buena maleta de dólares, después de haber sido mano derecha de Chávez y Maduro por muchos años. Me preocupa esa sospecha, si llega a presentarse una situación tipo Libia o Siria en Venezuela. En la actualidad, ese tipo de infiltrados puede combatirse y derrotarse con la contraloría social y la movilización popular. Hasta ahora esas herramientas, movilización autónoma del pueblo para hacer valer su poder contralor y lograr un contundente golpe de timón en la dirección del proceso revolucionario, no ha sido posible, lamentablemente.

Pero no perdemos la esperanza de que más temprano que tarde, el pueblo bolivariano supere la actual etapa de confusión, y decida movilizarse para configurar una nueva referencia revolucionaria que asuma el relevo de este proceso de cambios iniciado por Hugo Chávez, ante el evidente agotamiento y fracaso de un “alto mando político y militar” que nada ha podido hacer para derrotar la estrategia desestabilizadora del imperio, y que en cambio ha terminado asociándose a instancias empresariales nacionales y extranjeras para ejecutar un plan de reordenamiento económico que destruye totalmente el horizonte socialista del Plan  de la Patria.

Maracaibo, Tierra del Sol Amada. 3 de agosto de 2016



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Roberto López Sánchez

Roberto López Sánchez (Caracas, 1958). Historiador. Profesor Titular de la Universidad del Zulia (1994-2019). Magister en Historia de Venezuela y Doctor en Ciencias Políticas. Luchador social, activista del movimiento estudiantil y profesoral, vinculado al trabajo obrero, campesino, ambientalista, indígena y cultural desde 1977. Participante de la lucha armada revolucionaria (1977-1988); miembro del Frente Guerrillero Américo Silva. Sometido a persecución política y juicio militar en 1982. Actividad revolucionaria clandestina durante 1982-1988. Fundador de la Unión Nacional de Trabajadores-Zulia y miembro de su comité ejecutivo (2004-2012). Integra el consejo consultivo de la Federación Bolivariana Socialista de Trabajadores del Zulia (organismo que sólo ha sido convocado en una oportunidad en cinco años). Ha sido director de las Divisiones de Extensión y de Formación General; Secretario Docente de EUS; Coordinador de la Unidad Académica de Antropología, del Diplomado en Consejos Comunales (cinco cohortes graduadas) y el Diplomado en Formación Sindical con (cinco cohortes graduadas) en la Facultad Experimental de Ciencias (FEC). También ha coordinado la Zona Zulia-Falcón del Ministerio del Trabajo (2004). Ha publicado: El movimiento de trabajadores en Venezuela durante la revolución bolivariana: 1999-2012 (2017); Movimiento estudiantil y proceso político venezolano (2007); El protagonismo popular en la historia de Venezuela (2008-2015); Los Consejos Comunales y el Socialismo del Siglo XXI (2009); y Venezuela ante la globalización, la crisis mundial y los retos de su desarrollo (2012), además de 5 capítulos de libros científicos, 45 artículos científicos y 50 ponencias en eventos nacionales e internacionales. Es miembro del Programa de Estímulo a la Investigación (PEII), nivel C. Egresó en pregrado con 19,41 puntos de promedio (LUZ, 1994). Ha dirigido 10 proyectos de investigación en la FEC-LUZ. Actualmente dicta semestralmente las materias de Historia de Venezuela, Historia de América, Intercambios económicos y simbólicos, y Poder y Movimientos Sociales, en la Licenciatura en Antropología de LUZ. Ha dictado los seminarios Lucha de clases en el siglo XXI. Movimientos sociales y formas de participación política; y El análisis marxista y la sociedad global del siglo XXI, en el programa de Doctorado en Ciencias para el Desarrollo Estratégico de la Universidad Bolivariana de Venezuela, en Maracaibo. En la División de Extensión de la FEC desarrolla anualmente seminarios sobre: Crisis política en Venezuela; Marxismo y Antropología; Movimientos Estudiantiles en Venezuela; Movimiento de Trabajadores en la Venezuela Contemporánea; Crisis Económica Mundial y su repercusión en la economía venezolana; Movimientos Sociales y Protagonismo Popular en la Historia de Venezuela (dictado también en el Centro Internacional Miranda -CIM- y en Fundacite-Mérida en 2016); y el seminario La Lucha Armada en el Oriente de Venezuela: 1965-1990, en el CIM (2017). Es coinvestigador en el Proyecto: “Historia de los frentes guerrilleros Antonio José de Sucre y Américo Silva: 1966-1990”, Centro Nacional de Historia (2016-2017). Investigador principal en el proyecto “Identidades en el estudiantado de la Universidad del Zulia” y del programa de investigación “Universidad del Zulia: comunidad, organizaciones e identidades” (2017-2019).

 @cruzcarrillo09

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