Monólogos de los partidos

El grado de efectividad de los partidos políticos se mide por su capacidad de oír a la sociedad, recogiendo reclamos y aspiraciones que transforman en ofertas programáticas, y tomando las decisiones más cónsonas al bien común. Deben ser abiertos al diálogo, dispuestos a la negociación y los acuerdos. En principio son más idóneos que otros actores sociales para construir proyectos de sociedad y ejercer poder.

Esta semana asistí en Bolivia a un encuentro de partidos y académicos andinos y agencias internacionales. El objetivo fue evaluar la situación de las organizaciones políticas, ponerlas a conversar entre sí y con la academia, con miras a fortalecerlas para la salud democrática de la región. La situación se ve mal, pues algunas de las agencias que promovían el encuentro eran justamente las que en el pasado contribuyeron al desprestigio de la política y los políticos. Fue visible que algunos partidos sobraban, mientras otros, o no estaban, o estaban débilmente representados.

Igualmente, académicos, agencias y políticos no dejaron de mostrar prejuicios mutuos.

Aun así, el evento fue interesante. Hicieron acto de presencia por Venezuela el PPT, Primero Justicia y AD. Tuvimos una sesión de trabajo entre nosotros, que giró en torno a la idea de los pactos políticos.

El PPT, fiel al discurso oficial, enfatizó en el déficit del Pacto de Punto Fijo, la exclusión del PCV y los históricamente excluidos. Reiteró su denuncia de sostenida violación de los derechos humanos contra quienes no fueron parte del pacto. Recordó a los cientos de torturados, desaparecidos y muertos. Primero Justicia, fiel a la versión de los incluidos, habló de los innumerables méritos del pacto, plataforma política que posibilitó por vez primera estabilidad para formas democráticas en Venezuela. Y AD, a la defensiva y haciendo gala de insensibilidad social, reconoció sus errores de la boca para fuera y se preguntó: ¿hasta cuándo la quejadera? ¿Por qué los poderosos de ahora no emulan a Nelson Mandela y perdonan los vejámenes? Regresé con algunas conclusiones. Espacios para el encuentro entre partidos están hoy ausentes en el país por falta de voluntad y capacidad de ellos mismos. Hay factores de poder como los medios de comunicación ante los cuales se han rendido. Lo sucedido en las elecciones parlamentarias el año pasado fue muy ilustrativo: hubo dirigentes que se dejaron chantajear. Por otra parte, si bien hay partidos que oyen a los sectores que representan, cuando se sientan uno al lado del otro no se escuchan entre sí, por el resentimiento y la desconfianza mutuos. Ninguno se pone en el lugar del otro y trata sinceramente de entenderlo en su queja, que puede ser legítima. Allí cesa la política y comienza la polarización. Hay mucha distancia entre dejar hablar al adversario, de lo que este encuentro fue un ejemplo, y escucharlo.

No hay soluciones fáciles, los políticos harían bien en respetarse y hacerse respetar. Eso pasa por asumir sinceramente los errores y daños que causan a millones de personas cuando toman esas decisiones erradas.

Si esto ocurriese, quizás se podría comenzar un diálogo entre partidos. Y allí seguramente aparecerían posibilidades de aunar esfuerzos en la solución de problemas agudos y comunes como la relación sociedadpartidos-medios. ¿Cómo se le pone el cascabel al gato? Pasar de los monólogos al diálogo podría ser un primer paso.


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Margarita López Maya


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