Ligia Elena

01 de junio de yyyy
Diario El Tiempo
Lic. María Fernanda Cesín
Presente.-

Entro a un Ciber en Puerto Píritu, no termino de sentarme en el módulo, cuando una vocecita molesta me dicta al oído: “Dame mi silla”. Es linda la niña, tendrá unos seis o siete años, llora lágrimas de cocodrilo, patalea malcriada pasadas las nueve de la noche sabatina y está exigiendo su-si-lla.

Intento cederle el lugar cuando me arrebata el asiento con la misma rabia con la que pone a rodar el suyo en mi contra. Para que no queden dudas, sentencia: “!E-se-es-el-tu-yo!”.
Dado por las buenas, acepto el cambio “voluntariamente” para dedicarme a mi labor, pero estamos demasiado cerca, su hiperactividad es notoria y no puedo evitar fisgonear el espectacular despliegue de habilidades que exhibe la beba con el equipo y los programas. Usa audífonos, habla como por teléfono al tiempo que entabla vía texto, fluida conversación de monosílabos con tres personas a la vez.

Agotado, la búsqueda se hace pesada, el mundo de la chiquilla me produce curiosidad mientras su madre mira de reojo desde la caja registradora. Se goza mi sorpresa con una cara de “usted no ha visto nada” y yo ruborizado, me hago el sonso disimulando infructuosamente atender lo mío. El sonido estéreo de una matazón galáctica atrae de nuevo mi atención; viaja a bordo de un caza de combate disparando certeramente sobre toda fortaleza enemiga hasta destruirla. Cada blanco produce una musiquita pegajosa que se traduce en puntos. Aterriza, desciende de la nave convertida en icono y emprende un recorrido laberíntico abriéndose paso a plomo limpio entre climas y parajes. La misión es ayudar a los uniformados de negro en la guerra mortal contra los rojos.

El tablero del ordenador es ahora el comando central de una eficiente máquina exterminadora, cada tecla tiene una función que ejerce con la destreza de un pianista clásico, todo en inglés. Después de un complicado periplo, llega a lo que es sin duda la meta final, tal como lo confirman dos fanfarrias triunfales. Consulto tímidamente por el significado de la segunda, a lo que responde: “esa suena cuando matas a todos los rojos, ¿tu como te llamas?” pregunta dulcemente mientras hace un rapidísimo recorrido por páginas Web con video clips bastante subiditos de tono. Bueno, son las diez, tengo que ir a lo mío si no quiero trabajar el domingo, por lo que después de revisar el correo, me dirijo a la dirección de “Aporrea” cuando aparece un letrero indicando que el destino es inapropiado, todos los programas se cierran al son de una odiosa alarma que la infanta silencia con un dedo, diciéndome:” te tienes que ir, ese lugar es prohibido…”.

Con risita nerviosa volteo a mí alrededor y veo a la abuela que dormitaba en el sillón, parada junto a la madre, no me quitan la desagradable mirada de encima, como el ambiente está tenso opto por retirarme en el momento que la beba me toma de la mano hasta la salida diciendo: “Fue que se equivocó mami”.
Este trompetista abandonó el local con el pícaro regocijo de haber conocido a la Ligia Elena de un músico de la próxima década.



arq. Daniel Córdova Tofano
cordovatofano@hotmail.com


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Daniel Córdova Tofano


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