Hacia un gobierno de coalición

Ana Elisa Osorio, activa militante del PSUV, diputada del Parlatino y ex ministra de Medio Ambiente, una vez más estremeció al chavismo con su valentía y sinceridad al plantear que, de perder el oficialismo las elecciones parlamentarias del 6-D, pedirá la renuncia de la actual dirección del partido y de todo el gabinete de ministros del presidente Maduro.

"Hoy el Gobierno no escucha a la gente, está en una burbuja, no ve las colas o no sabe que el descontento germina en ellas," cuestionó la ex-ministra de Chávez.

Las deficiencias del gobierno -que no fue capaz ni siquiera de sincerar el precio de la gasolina y optó por prolongar el ruinoso costo de oportunidad de más de 15 mil millones de dólares-, ha facilitado el avance en las encuestas de una oposición carente de líderes y de un programa que asegure la estabilidad económica con bienestar social. La narrativa de la guerra económica luce cada vez más agotada, sobre todo porque el gobierno tiene al alcance de la mano un conjunto de medidas para derrotar estos flagelos sociales, pero no las toma. El oficialismo luce paralizado por sus contradicciones internas y por la manipulación de los sectores de izquierda y derecha que aterran a la gente diciendo que, después del 6-D, al país nadie lo salva de un programa de shock, al estilo de los impuestos por el FMI.

Los voceros de la oposición parecen profetas del desastre y solo ven la superación de la crisis a través de medidas antipopulares que asustan al elector. A esto contribuye la inacción gubernamental que -al no tomar las medidas cambiarias, fiscales, monetarias y de precios que tiene al alcance de la mano para corregir los desequilibrios macroeconómicos- agrava el colapso de la actividad productiva que se expresa en los problemas de escasez, acaparamiento, especulación e inflación que tanto malestar y angustia causan en la población.

El triunfalismo de la oposición

En la oposición hay un creciente triunfalismo. Interpretan el triunfo de Macri en Argentina como el comienzo del fin de los gobiernos de izquierda en América Latina. El generalizado descontento de las bases chavistas los lleva a concluir que obtendrán la mayoría parlamentaria. Y aunque se trata de una elección de diputados, en el seno de la MUD nuevamente se escucha decir que estos comicios deben ser leídos como un plebiscito presidencial. Un eventual triunfo de la oposición seguramente desatará la euforia de quienes apuestan por un referendo revocatorio y la convocatoria a elecciones presidenciales anticipadas.

Un referéndum revocatorio agravaría la inercia gubernamental. En su afán de aferrarse al poder subordinaría la atención de los problemas de la economía a una política social que ya no se puede financiar ni con la menguada reta petrolera, ni con la recaudación de impuestos en una economía cada vez más contraída. Semejante inacción seguramente facilitaría el triunfo de la oposición, la cual recibiría un país a las puertas de una crisis de gobernabilidad.

El descontento en las bases chavistas favorece a la oposición no porque vayan a votar por sus candidatos sino por la abstención. La desilusión no se canalizará por la vía del voto castigo clásico, sino por una reacción emocional que ratifica su lealtad a Chávez, pero se deslinda de la actual gestión y le manda una señal. Y como la oposición va a salir a votar masivamente, obviamente esto potencia su oportunidad de ganar. El primer revés de la Revolución Bolivariana en unas elecciones parlamentarias puede que esté a la vuelta de la esquina.

El fantasma de las guarimbas

Si ante un resultado adverso el oficialismo no envía una rápida señal de rectificación y mantiene en funciones la actual dirigencia del PSUV y ratifica al Consejo de Ministros, la indignación va a correr no solo en la oposición, sino sobre todo en las bases chavistas que están reclamando desde hace rato medidas severas contra el burocratismo, la corrupción y la ineficiencia gubernamental.

La inercia gubernamental ante un escenario adverso en las parlamentarias del 6-D puede ser el detonante de una nueva crisis política que se mezclaría con la crisis económica, agravando el caos social. Los factores de la oposición, en lugar de asumir un liderazgo propositivo favorable a la adopción de las medidas para superar la crisis económica, anuncian una guerra de desgaste que -si bien potencia el referendo revocatorio-, haría inviable un gobierno de la oposición, ante la gravedad de los problemas económicos que heredarían. A un gobierno de la oposición electo en las urnas, le tocaría encarar un ambiente de conmoción social que activaría una férrea resistencia popular, la cual sería muy difícil controlar. En consecuencia, la oposición tampoco podría gobernar. Una postura sensata de ambas partes llevaría a retomar el diálogo político para acordar un gobierno de coalición, con un programa básico que detenga el deterioro de la economía y así evitar una nueva crisis de gobernabilidad.

El gobierno tiene que evitar el desgaste que significa encarar un referendo revocatorio y la oposición debe contribuir a sanear la economía, si quiere alimentar sus esperanzas de gobernar en un clima de paz social. De allí la conveniencia para ambos de crear los consensos necesarios para sincerar el precio de la gasolina, unificar el régimen de cambios, aprobar la reforma fiscal, retomar la disciplina monetaria y reorientar los incentivos de política económica en favor del aparato productivo nacional. La aplicación de este conjunto de medidas tendría un impacto positivo sobre la mayoría de la población, toda vez que no se trata de un ajuste antipopular que genera pobreza y exclusión, sino de corregir los errores de la política económica que ponen en peligro la gobernabilidad.

Recordemos que en los violentos disturbios que sacudieron al país a comienzos de 2014, diferentes líderes y gobernantes de América Latina -aliados de la Revolución Bolivariana-, recomendaron un gobierno de coalición para aislar a los factores violentos y antidemocráticos. A las sugerencias públicas de Lula, siguieron los consejos de Rafael Correa y Pepe Mujica de corregir los errores de política económica, a fin de estimular la inversión y reactivar la producción. Incluso Unasur envió cancilleres para facilitar ese proceso de diálogo. Un gobierno de coalición seguramente será el primer efecto de una Asamblea Nacional que exprese la nueva correlación de fuerzas que surja de las elecciones del 6-D.



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Víctor Álvarez

Economista. Investigador del Centro Internacional Miranda (CIM). Premio Nacional de Ciencia 2013. Ex-ministro de Industrias Básicas y Minería. Autor de Venezuela: ¿Hacia dónde va el Modelo Productivo, Del Estado burocrático al Estado comunal y Claves para la Industrialización Socialista.

 @victoralvarezr

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