Carta abierta al Papa Francisco: Por favor, no hagas lo mismo que hizo Pedro...

Justo en el preciso momento que rebobinando mi vida intento volver a creer...
Tu nos sales con eso...
Con el pasar de los años y en lo que se ha vuelto la humanidad...
Mi fe en el creador se me fue diluyendo como se nos escapa de las manos el chorro de agua cuando intentamos lavarnos el rostro.
Cada día de mi ya dilatada larga vivencia, se me hacia más difícil creer en el Cristo de mi niñez...

Intentaré hacerte un breve recuento de lo que fue mi niñez con él Nazareno, como un simple vuelo de pájaro...

Aún hoy recuerdo mis pucheros (como lo llamábamos en nuestro Sur) en mis 4 o 5 años en la iglesia de mi barrio, cuando una imagen me mostraba a ese carpintero crucificado en aquella cruz por el simple hecho de enseñarnos a amarnos unos a los otros...

Como olvidar en mis 10 años ocultar mis lágrimas de mis amigos de entonces, cuando en el cine de mi niñez, fui testigo de como Pedro lo negaba 3 veces...

No podía entenderlo...
¡Como podía negarlo!

Y en mi inocencia suplicaba por regresar el tiempo para tomar el lugar del discípulo del hijo de Dios, para sacar coraje de no se donde, para reconocer que era cristiano y que era verdad que seguía al Mesías, para morir crucificado en aquellos días, como lo hacían con todos los que se confesaban cristianos...¿Como olvidar la escena del centurión el de su criado enfermo y su fe que Jesús lo sanaría? Lo que me hacia sentir como que volaba y solo estaba sentado en un cine del barrio...

Pero las vivencias de esta chambona humanidad me hicieron perder aquella fe que parecía inquebrantable...
¡Y deje de creer en él!

Hoy camino mis pasos por la tercera edad...
En donde la vida que nunca deja de asombrarnos, me tenía reservado una extraña vivencia...

Trajo ante los ojos del mundo y en la presencia de este pobre viejo (hombre de poca fe, diría mi abuela si estuviera viva), un pastor de nuestro Sur intentando tal vez que ovejas perdidas regresaran al rebaño de aquel incomparable carpintero...
Tus palabras diarias y tus actos algo extraños (muchos de ellos fuera de contextos), están logrando lo que muchos no pudieron hacer...

Y queres que te diga una cosa...

Por culpa tuya tuve que reaprenderme otra vez el Padre Nuestro...

Solo yo se, las veces que me quedaba en cada estrofa, olvidando lo que seguía una y otra vez...

¡Pero no fue por viejo!

Fue porque hace ya mucho tiempo que había dejado de hacerlo...

Y tú lograste dicho milagro...

Y cada día que pasa me asombras más y más, en donde me haces sentir muchas veces como si regreso a mi niñez...

¿Dime si no has hecho un milagro?

Porque si ellos llegan solo por sanación, tú me sanaste el alma amigo mío...

¿Tu dirás, por qué entonces, la razón de mi carta?
 
En estos días hablaste de poner un tiempo en tu papado, al igual que lo hizo el Papa anterior...

Y quieres que te diga algo...

Tus palabras fueron como si viera a Pedro nuevamente negando al que solo deseaba que nos amaramos unos a los otros...

¡Fue como negarlo Francisco!

¡Tú no nos puedes hacer eso!

En un mundo convulsionado como el que nos ha tocado vivir hoy día, nos hace falta como nunca un Papa como tú.
Sus palabras necesarias para toda la humanidad...
Sus verdades con valentía sin analizar a quien puedan molestar...
Un Papa humanista, por sobre todas las miserias humanas, porque el estará siempre más alto de todas las estupideces humanas...
Un mundo que te necesita...

¡¡¡Y Dios lo sabe!!!

Por eso te puso en el lugar correcto...

¿Te imaginas? Un Papa de la Patagonía...
Ni tú te lo creíste....

¡Por favor! 
No hagas que se me olvide otra vez nuestro Padre Nuestro...

Solo soy José...
Uno de tantos...
Dios te bendiga Francisco...



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José Varela


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